sábado, 21 de junio de 2014

Psicólogos


Recientemente he conocido a un psicólogo. Ha reforzado mi teoría de que están más locos que la población general. No digo que esta persona no sirviera para su trabajo, pero imagino por qué estudió esa carrera. Hablamos largo y tendido de algunos asuntos y podría haberle expuesto mis problemas personales, pero... no, gracias. Para empezar, es alguien cercano a las altas jerarquías de mi trabajo, con lo cual sería una imprudencia confiarle mis asuntos, aunque llegáramos a concertar una consulta y me garantizara la confidencialidad. Además, si no me parece alguien muy estable, no veo una base donde apoyarme yo con confianza. Finalmente, no me pareció demasiado inteligente.

No sé si otro psicólogo podría servirme. Quizá lo mío no tenga remedio.

sábado, 24 de mayo de 2014

Breves

- Hay momentos en los que me vuelvo adicta a mi trabajo. Sólo cuando las cosas me salen bien, claro. Últimamente ha sucedido.
- Lo curioso es que eso ha sido así porque esta semana ha habido una hecatombe laboral y me ha pillado en medio. Menos mal que se ha aclarado y se ha visto que no era yo la responsable. Lo vueno es que he podido participar en las, digamos, obras de reparación, y he salido bastante airosa, disfrutando de lo que hacía.
- A pesar de ello, he tenido que soportar alguna sonrisa de suficiencia de cierta imbécil que ha oído campanas, pero no sabe dónde, ni quién la ha armado gorda en realidad. Si lo supiera, no sonreiría.
- Ha pasado otra cosa que me da qué pensar: no sé si me hacen la pelota en un asunto o creen que de verdad valgo para resolverlo.
- Me han dado un susto a nivel familiar, pero sólo ha sido eso, un susto. Y alguien la ha liado estúpidamente. No sabemos si darle una patada en el culo o qué.
- La Parca sigue por el barrio, y menudo año que lleva. No dejo de pensar en fichas de dominó cayendo.
- He terminado con un asunto pendiente, pero apenas he podido disfrutar del alivio. Lo mío es empalmar unos problemas con otros.
- Llevo días que no estoy cansada, estoy lo siguiente.
- No hay modo de llevar más de dos días seguidos mis estupendas zapatillas nuevas. O hace mal tiempo o ando en lugares que pueden estropearlas.
- Hoy he tenido mucho, mucho ocio, y me he dedicado a comer chucherías.
- Tengo en reserva unas botellas de Budweiser, y la cerveza de supermercado es para mí sinónimo de verano, pero no veo mucho sol como para que me apetezca.
- A veces me cuesta controlarme y pongo caras que a los demás les parecen raras, y me miran más raro todavía. Un asco.
- He cobrado una cantidad que me debían y me gustaría hacer algo con ella, pero, como siempre, veo que no necesito nada ni me apetece nada de lo que venden, sobre todo ahora que tengo las zapatillas nuevas.
- He ordenado todos los rollos de bricolaje que tenía desperdigados. Me sigue gustando mucho mi imitación de Dremel, siempre estoy pensando en hacer cosas con ella.
- En realidad, debería ordenar mucho más, pero voy a dejarlo para más adelante.
- Sigo con mi isla de soledad, pero no me siento tan infeliz.

lunes, 5 de mayo de 2014

No me gusta

Solamente quería decir que llevo muy, muy mal, cada vez peor, que muera gente del barrio. Empiezo a entender a los viejecillos que se sienten solos. El mundo es algo que tiende a desaparecer, y no hay sustituciones idénticas. El que se va, se va.

Hoy, me dan una noticia de esas y a los minutos ya estoy volviendo a pensar para qué corro, adónde voy, y si no sería lo mismo quedarme sentada haciendo lo imprescindible para no morirme de hambre. Y, tontamente, por la noche vuelvo a mirar la palabra "suicidio" en Google. Tiene algo de morboso ese anuncio automático con un telefonito rojo que te pregunta si tienes problemas, ya que has hecho esa búsqueda. No los tengo, me limito a sentirme mal. A lo mejor debería hablar con alguien, pero es que NO tengo ningún plan de matarme y sólo serviría para asustar a mi oyente, es sólo una idea obsesiva que no va a ningún lado. No sé si es preocupante en sí; conociéndome, yo diría que no más que otras ideas tontas.

Quiero que pase pronto este día.

sábado, 19 de abril de 2014

Finales

Mañana es el cumpleaños de una antigua amiga. Lo de "antigua" va en el sentido de que ya no lo es. Andábamos juntas por ahí hace un montón de tiempo, hasta que terminamos el instituto. Intenté seguir con la amistad, pero íbamos a facultades distintas y era obvio que ella entonces estaba conociendo a otras personas y quería quemar todo lo anterior, y yo entraba en el lote. Pues muy bien. Me molestó que simplemente pasara de mí, por supuesto, pero no tanto como que a los cinco o seis años, de repente, ella tratara de retomar la amistad, cuando oyó rumores de que yo había conseguido un buen trabajo. No me cabe duda de que fue esa la razón: sencillamente reapareció de golpe, hablando de ese tema. Hala, a la mierda, entonces fui yo la que se apartó, y nunca me he arrepentido.

En realidad, creo poco en las amistades desde siempre y para siempre, porque la gente lleva decepcionándome toda la vida, y es probable que alguna vez haya sido yo la decepcionante. Sólo conservo una amistad de más de 10 años, lo cual tampoco es desde la infancia. Creo que si dura es porque nos vemos poco, y porque la pobre me soporta las neuras a cambio de soportarle yo ciertas narraciones peñazo.

Me recuerdo con 14 años: tampoco era muy sociable. No encajaba con las tontainas que se pasaban el día pensando en chicos, ni con las deportistas, ni exactamente con las empollonas, ni... En fin, tenía una amiga, sí, pero más que nada la nuestra era una relación de competitividad, de ver quién sacaba mejores notas. Y yo cometí el error de mirarla un poco por encima del hombro por ser católica practicante, mientras que yo iba ya en plan iconoclasta. De hecho, es que ahora no me parecen verdaderos adultos los que siguen a la Iglesia Católica, y menos si no la cuestionan. Aquello no podía durar, claro. No hace mucho nos vimos en un acto social, y algo me dice que aún me ve como a una especie de enemiga, aunque la cosa nunca llegó a tanto. Me da que sus padres eran de los que comparaban a los hijos con los demás, y ella no salía muy bien parada. Yo no tengo la culpa, pero por lo visto es así.

De adulta, he compartido cañas y fiestas ocasionalmente con gente diversa. A una persona la dejé de ver porque en el fondo no teníamos nada que ver y se empeñaba en arreglarme la vida para que me relacionara un poco más. En parte lo agradecía, pero llevaba un tiempo pasándose de la raya, en plan ordeno y mando. Otra persona resultó ser un auténtico vampiro emocional, y demasiadas estupideces le aguanté. Cuando me aparté de ella, vi desde fuera cómo manipulaba a su familia, y me alegré de haberme autoeliminado de su vida.

Hoy no puedo decir que tenga más amigos que la que comentaba, con la que no me relaciono más que lo justo. Creo que la alternativa es soportar gente insoportable o estar solos, y que soy del segundo grupo. A veces lo sufro, pero me temo que es lo único que va conmigo. Paso de hacer planes con otros, por bien que suenen, porque siempre pasa lo mismo: surge una voz cantante que se empeña en que se haga lo que le gusta, y un fin de semana tras otro. No, gracias, sencillamente me da pereza y me molesta tener que pensar en que tengo que dejar el chándal y arreglarme, en lugar de andar vagueando.

Supongo que tengo lo que me merezco.


domingo, 13 de abril de 2014

Esos domingos a mediodia...

No sé cómo ha surgido la conversación, pero ha tocado hablar en familia de esas famosas que tienen hijos cuando casi tienen edad para ser abuelas. Por si acaso se le ocurría a alguien aludirme, he estado callada como una muerta mientras duraba el tema. A ver, no tengo la edad de esta peña, pero esperaba algún chiste malo o alguna frase incómoda sobre mujeres que dejan pasar el tiempo.

Me extraña que nunca me pregunten directamente sobre mis intenciones al respecto. Quizá sea que los hechos son contundentes, quizá teman una contestación borde. Si les digo la verdad, mis hermanos quizá piensen que soy una negativa de mil pares, pero mis padres pensarán que han fracasado al criarme. Lo cierto es que, habiendo visto lo que hay en el mundo, no me parece buena idea traer a nadie aquí, y menos si es mujer. Por otro lado, mi antinatalismo, o como se llame, es una manera de mandar a tomar por el culo a esta sociedad que se nutre de sus propias víctimas. Me hace gracia pensar en ello como un monumental corte de mangas.

Llámenme egoísta. Yo creo que los egoístas son los inconscientes que piensan que qué bonitos los bebés, y hala, solo por ese motivo los tienen.


sábado, 12 de abril de 2014

Los caminos equivocados

He caído en varias de estas trampas a lo largo de mi vida:

Tratar de integrarte yendo a un bar a solas. Como mucho atraerás a algún ligón pesado, o a alguien no muy bien de la azotea. Lo más habitual será que te des cuenta de que no estás en el mundo de los demás, que ya se han traído a sus amigos/novio/familia al bar. Y pocas cosas hay más solitarias que una mesa para una rodeada de mesas para varios.

Pensar que vienen días de fiesta en los que podrás ir de tiendas y comprarte algo que te guste. A no ser que necesites algo o quieras regalarte algo muy concreto, tienes muchas probabilidades de acabar con algo que no te vas a poner o te ocupa demasiado espacio o realmente no te gustaba demasiado; sólo te apetecía el hecho de comprar y te da sensación de vacío una vez que has soltado la pasta.

Creer que vas a disfrutar de una salida en grupo (sí, a veces sucede), te vas a reír e incluso te va a hacer caso fulanito. En realidad, vas a tener que soportar gente a la que no puedes ver ni en pintura, pero que son parte del lote, no te vas a reír más que cuando te entre la risa floja de todo lo que has bebido como una imbécil. Fulanito sólo sentirá lástima por ti, o quizá te de unas esperanzas de esas que quedan en nada al día siguiente. Y la resaca va a ser jodida de pasar.

Ansiar la llegada de las vacaciones de Semana Santa y luego ver que se trata solamente de pasar varios domingos seguidos encerrada, porque no hay absolutamente nada que hacer. Incluso las pocas veces que me he ido de viaje ha resultado ser una semana algo tristona... y no a todos nos gusta estar todo el día en una tumbona.

¿Remedios? Simplemente, no hacer nada de eso. Tampoco te arreglará la vida, pero no harás el tonto y ahorrarás. Y, en cuanto a Semana Santa, este año me pilla con una carpeta llena de series que no he podido ver en los últimos meses. Es lo que tiene almacenar. Espero disfrutarlas mucho.

viernes, 11 de abril de 2014

Cerebro-puré

Ayer me dormí en el sofá al principio del Cuéntame, me arrastré hasta la cama y hoy, qué gozada, me he despertado antes de la hora, justo para oír a los vecinos hacer ruido y no poder volverme a dormir.
No creo que tenga mucho que ver, pero esta mañana tenía que pasar unas notas manuscritas al disco duro y era incapaz de recordar lo que había leído en cuanto apartaba la vista de las notas. Me ha pasado un montón de veces seguidas.
Sé que a lo largo de la mañana he tenido algunos motivos para estar contenta, pero hace horas que no podría decir exactamente cuales. Sólo me ha quedado una impresión general de que las cosas han ido bien, tan tenue que me cuesta creérmela. Si no fuera por mis cutre-agendas, mi trabajo y mi vida en general serían un desastre con esta memoria.
He estado toda la tarde haciendo cosas que tenía que hacer, pero no eran parte del programa de hoy. He pasado de otras que quizá sean más prioritarias. Muy bien.
Llevo toda la semana recordando y olvidando que tengo que analizar y a ser posible memorizar unos apuntes sobre un tema. Ha llegado el viernes y los apuntes están muertos de risa en mi mesa.
Y este post me está quedando... raro.

Quizá sólo necesite descanso. O quizá de ayer a hoy he empezado a viejunear en serio.