A diferencia de la anterior, no ha sido una mala semana. Muy atareada, eso sí. Cada vez tengo más cosas que hacer, y si solo fuera eso...
El otro día tuve una conversación sobre un asunto de trabajo. Como no estaba muy segura de lo que estaba haciendo, quise comentarlo con una persona más veterana. Le dije lo que me habían pedido y cómo iba, y me empezó a echar la bronca sobre que es lo mismo de siempre, que siempre se hace de la misma manera y no como yo lo había hecho, bla bla bla... Total, que fui a una reunión y me la pasé pensando en cómo arreglarlo, porque encima ya había enviado una parte a su destinatario, y tendría que enviársela de nuevo con una disculpa, etc. Salgo de la reunión, vuelvo a hablar con la misma persona del tema... y resulta que se había equivocado, que lo que yo tenía hecho y enviado estaba bien, porque había un matiz que no había tenido en cuenta. Grrr, falsa alarma, y el mal rato, para mí.
Luego me daba corte pedir los días que me quedan de vacaciones, por llevar tan poco tiempo donde estoy. Bueno, alguien me dijo que no fuera tonta, que todo el mundo los está pidiendo ahora, así que ya está, los he solicitado. Espero que no me pongan pegas.
Y aún no he comprado NADA para Navidad. Pero vamos, ni mi auto-regalo siquiera. Me he pasado el tiempo trabajando y corriendo de acá para allá, y estoy agotada. He dormido 10 horas del tirón, y al levantarme, encima, bronca telefónica por haber dormido tanto: mi madre, que generalmente me dice que duerma todo lo que pueda, pero resulta que hoy tenía planes especiales y contaba conmigo.
No he ido a la juguetería, ni a la pastelería, ni a la tienda de informática, y queda una semana justita para Navidad. No la celebro como tal, pero hay cosas que arrancan desde la infancia y todos los años hay que seguir el ritual, así que...