No estoy encontrando gran cosa que hacer. Es como si se me hubiera pasado la furia lectora de agosto, o será que ya no me siento tan vacía, o sí, pero ya ni me importa. Total, hoy encontraré razones para no pensar: vuelvo al gimnasio, y el cansancio y las agujetas de los primeros días serán suficientes para que mi cerebro esté ocupado. Por cierto, tenía un paquete de vitaminas en el armarito, se me ocurre ir a mirar... y veo que sólo me queda una pastilla de vitaminas para las urgencias. No sé si comprar más por si acaso o esperar a necesitarlas de verdad. Bueno, total, en el peor de los casos, se tratará de ir a rastras hasta la farmacia y enseñar el billete alargando el brazo desde el suelo, mientras pido el fármaco con voz agónica.
Volvió el de siempre. Es extraño, la última vez que coincidimos tuvo todo un tono de despedida, en plan "ya ha habido bastantes tonterías entre nosotros" y lo asumí. No sé por qué ha vuelto a esa estúpida actitud de coqueteo. No me lo invento. Lo cual me hace pensar demasiado. ¿Es un sádico, un coqueto patológico, un inseguro...? ¿O un poco de todo?