domingo, 30 de mayo de 2010

¿Cómo hemos llegado a esta situación?

En serio que me impactó lo del 30% de mujeres que se empastillan con una cosa y el 24% que lo hace con otra. Es increíble: mejoran los niveles de vida, la longevidad... y la gente se deprime y necesita ayuditas de farmacia. No les critico, estoy en el mismo caso de buena vida (relativamente) e incapacidad de disfrutarla. Tengo hábitos más sanos y por eso no tomo pastillas y no me puedo identificar del todo, pero quítenme el deporte, por ejemplo, y estoy rogando en la consulta a las dos semanas. Digamos que mantengo esta estabilidad a base de sudor, y a pesar de todo, a veces tiene grietas. Y claro, vengo aquí a vomitar un poco.

Lo que es entenderlo, no lo entiendo. Si fuera así, quizá me sentiria mejor. Sin embargo, puedo teorizar: hay casos en los que las causas son más evidentes, como cuando la gente tiene problemas con la pareja, con los hijos, con el dinero... (por supuesto, la crisis económica lo ha empeorado todo). Al resto, quizá es que se nos acaban los estímulos o que, una vez que has llegado a un punto, te decepciona lo que has conseguido con tanto esfuerzo.

Un ejemplo propio: muchas veces me pongo a ver algo que he grabado y apenas rebobino y le doy al play, resulta que no aguanto. Tengo que moverme, venir al PC, sobre todo. En mi infancia nada me habría sacado de delante de la tele. Ahora, aunque me guste mucho eso que he grabado, parece que no me basta y casi prefiero seguirlo de oreja, mientras hago otra cosa para llenar el vacío.

sábado, 29 de mayo de 2010

Lo bueno de esta semana

- Se arregló la injusticia laboral y ni me han rechistado. Tiene huevos: sabían perfectamente lo que pasaba, pero hasta que he reventado, nada. En fin, espero que tarde mucho en volver a surgir, porque creo que lo hará. De momento, estoy bastante tranquila.

- He terminado la gramática que me estaba leyendo en el trabajo: una hoja un día, la siguiente otro año. Aprender idiomas está bien, pero si no tienes profe... como que es más complicado. Y si encima lo haces cuando te acuerdas y coincide que nadie te vigila, pues aún peor.

- He visto otra peli vieja que tenía pendiente. Si no pongo el título es porque ya me daba hasta vergüenza no haberla visto. Además, quién sabe quién va a pasarse por estas líneas chapuceras que publico.

- He redescubierto un bar al que sólo he ido alguna vez en verano y se me olvida que existe el resto del año. Pues va a ser que lo nombro bar titular de mis cafés, después de mandar a la mierda al ex-titular, gracias a su camarera estúpida que, tenga o no razón, echa broncas a los clientes. Como suena. Como si fuera ella la que paga y no al revés.

- Me podrían doler los ovarios, pero no.

- Me ha colado un planteamiento que no creía que me colaría y me han dado más de lo que realmente deben. Pero bueno, que vaya por lo que no me han dado otras veces.

- He probado un chocolate maravilloso, en la línea de la pastelería que cerraron. Este era de importación, pero voy a intentar encontrar la marca por aquí.

- A pesar de lo anterior, no me parece haber engordado.

viernes, 28 de mayo de 2010

Otra semana al carajo

Y no es que haya sido mala, al contrario, definitivamente se han arreglado varias cosas. Es sólo que siempre estoy suspirando por el fin de semana, por esa hora más de sueño.

Ojalá eso fuera suficiente para hacerme feliz. Mis fines de semana tienen cuatro horas de disfrute y cuarenta y cuatro más repartidas entre el sueño nocturno y el aburrimiento.

Suelo empezar levantándome el sábado entre las 8 y las 9, vagueo un poco, me visto y tomo un desayuno especial de cafetería. Luego me aburro el resto del día, a no ser que por casualidad quede para hacer deporte o me enganche con el procesado de una foto, por ejemplo. No leo libros, porque ya escucho audiolibros en el trayecto a la oficina los días de curro. No veo la tele, aunque muchas veces está encendida para que me haga compañía. No escucho música, ya lo hago mientras trabajo, puesto que me permiten utilizar cascos. Tampoco salgo con amigas/os, y hago mal, pero me agobian (y mucho) los compromisos de quedar por costumbre. Por la noche sí veo un rato la tele, concretamente En Terapia, una serie de la Fox.

El domingo por la mañana preparo yo el desayuno, con chocolate y todo. Luego depende del tiempo, puedo ir a pisar hierba o quedarme en casa mirando la lluvia. Las tardes son bastante parecidas a las de los sábados, pero con cierta tristeza cuando veo que se va acercando la noche y me pregunto qué demonios he hecho con el tiempo otra vez.

Triste, ¿no?

[Todo esto debe de ser normal. Parece ser, según una encuesta a nivel estatal, que un 30% de las mujeres toma ansiolíticos y un 24% antidepresivos.]

jueves, 27 de mayo de 2010

Demasiado tiempo libre

No, si a veces es mejor tener la cabeza ocupada. Tengo esta tarde libre y ya me he aburrido. No tengo perdón, soy una capulla. Pero es cierto, te topas con una tarde así dentro de la semana laboral y tiene que dar la casualidad de que no hay nada verdaderamente interesante en ninguno de los canales de cable. Tampoco hay recados que hacer, cosas que arreglar, ordenar... y hoy no tengo ganas de usar la tableta gráfica, porque llevo ya unos cuantos días haciéndolo en los ratos libres. Ni siquiera tengo nada que decir, supongo que se me nota.

Me está entrando sueño y todo... A lo mejor lo que tengo que hacer es dormir un rato con la tele bajita.

Seguro que, apenas me tumbe, pondrán algo interesante y también se me alterará ese plan.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Mitad de semana

Qué poco queda para el verano, y yo sin planificar vacaciones ni nada. Me va a pillar el toro.
En realidad, me apetece poco o nada planificarlas. Siempre puedo acabar volviendo al sitio habitual, que no es muy vistoso, pero allí se respira bien y se descansa.

De momento, lo que deseo que venga es el fin de semana. Cómo no. Me paso la semana soñando con el sábado y el domingo, y esto no es precisamente disfrutar del tiempo. Y luego llega el sábado por la tarde y voy y me deprimo.

Eso no puede ser.

Tengo que cambiar de vida, pero, ¿cómo? En realidad, la aspiración de cualquiera es no hacer nada los fines de semana, sea en casa o sea en la casa del pueblo. Quizá debería salir más, pero la verdad es que no lo disfrutaba mucho de más joven, nunca llegué a entrar en ese juego de ligoteo de bares, no le veía mucho sentido. Soy una especie de autista del ligue: no puedo relacionarme como los demás. O como las demás.

Y luego tengo que oír tonterías como que si no tengo bebés luego lamentaré no haberlos tenido. Pues bien, léase el párrafo anterior: si no soy capaz de animarme a reclutar a un posible padre, ¿cómo podría tenerlos? ¿Tengo un rollo de una noche en un laboratorio, con una probeta? Nah. Y además, no me veo en un papel maternal en absoluto. No paso del nivel "tía que cuida un rato del sobrino". Las responsabilidades a perpetuidad me quedan muy grandes.

El caso es que me sorprende que esa frase estúpida sobre los bebés siga resonando en mi cabeza. Me preocupa que las cosas me afecten tanto, y es que además tengo la impresión de que algunas personas me llevan por donde quieren, orientan demasiado mi vida. Incluso hoy día.

lunes, 24 de mayo de 2010

Gran lunes

Ya... el título parece un contrasentido. Debería ser el comentario habitual, o sea, qué mierda de lunes, me cago en el lunes, o another manic Monday, como decían las Bangles. Pero resulta que estoy contenta y no me da demasiado miedo el resto de la semana.

Resulta que he dado medio puñetazo figurado encima de la mesa y se me ha solucionado un problema del currelo. Se han dado por aludidos y creo que han visto lo friki que puedo llegar a ser. A lo mejor han pensado "esta tía rara se nos despide". Y, por mucho que las cosas estén apretadas, creo que no les conviene que les deje tirados ahora. Bueno, a mí tampoco me conviene pirarme, claro, lo que he dicho tenía un leve toque de órdago, y ha funcionado. Llevaba mucho tiempo siendo de justicia que funcionase algo por el estilo. Aunque, realmente, lo que es de justicia es que no habría que haber llegado a los pronunciamientos. Sabían que la situación no era precisamente equitativa, que me perjudicaba, pero la han dejado correr... hasta que a mí se me han hinchado los ovarios y he reventado.

Luego me he quitado de encima otro engorro, un trabajito extraoficial por el que me van a pagar bien. Me han jodido buena parte del fin de semana, pero son tiempos duros y no me va a venir mal la pasta. Por eso también me alegro.

Aún no ha terminado el día y seguro que hay muchas cosas que se pueden joder, así que me voy a callar, de momento no puedo decir que haya sido un lunes redondo, pero con un poco de suerte, esta noche podré.

Noticias del día: en Inglaterra van 300.000 empleados públicos a la calle, quitan el minicheque bebé... y los coches oficiales de los ministros. Eso último me hace mucha gracia.

domingo, 23 de mayo de 2010

Me hacen pensar...

Ayer, cenando, tuvimos una conversación/discusión sobre monarquía o república. Yo tengo claro que república, una monarquía es de por sí antidemocrática. Pero eso lo dejamos aparte y empezamos a discutir si es más barata una república o una monarquía. Había quien estaba seguro de que una monarquía sale más barata. Me decían que una república debe elegir a su jefe del Estado cada cuatro años, y eso es un gasto importante añadido. Que, por lo demás, se pagaría a los miembros de la familia presidencial como si fueran una familia real.

Yo no lo tengo tan claro. No es que me suenen mal esos argumentos, pero... A ver, por ejemplo, la actual monarquía española se ha reproducido como hongos. Supongo que todos, y también sus primos, sobrinos y demás familia, reciben algún tipo de asignación del dinero público. Adivinen de qué bolsillos sale ese dinero. Por otra parte, se pasan la vida viajando y asistiendo a fiestas en todas partes, según las revistas del páncreas. ¿Paga algo de eso el ciudadano medio? Imagino que si se trata de cosas oficiales, sí. Además, es que no es sólo la extensa familia real de la que hablaba; creo que habría motivos para revisar qué subvenciones reciben los nobles emparentados con ella. Dicen por ahí que la duquesa de Alba recibe muchas por todo el patrimonio que tiene, condicionadas a abrir algunos palacios ciertos días al año (también dicen las malas lenguas que eso se lo salta a la torera).

Hum, hay un paro del 20% en el conjunto del Estado, congelación de pensiones, bajadas en el sueldo de los funcionarios... ¿y no son capaces de quitarles ayudas o de expropiarles algo a esos personajes que no sé para qué sirven en la vida? Con Rumasa ya lo hicieron en su día, de la forma que les dio la gana (y así les salió). Ahora, y en referencia a esta otra gente, estaría mucho más justificado.

Pero claro, siempre pagan, pagamos, los mismos. Y ahora mismo, no sé por qué, tengo la vaga impresión de que me pueden censurar este post las fuerzas oscuras...

Bueno, bueno, déjenme terminar y aparten un poco al tío de la pipa, apago el ordenador y ya les acompaño... Sí, ahora pongo los brazos en alto... No, no estoy armada...

sábado, 22 de mayo de 2010

Cómo cargar pilas

Es una cabronada que los problemas laborales no se queden en el trabajo. Llevo noches sin dormir como es debido. Menos mal que los fines de semana son islas de paz y hay quien te arregla el día: me han invitado a un desayuno especial con un jamón de primera, un pan tostado que ya era de pura gula sin el jamón, zumo, café con leche calentito...

Ahora llevo un buen rato haciendo la digestión y se me ha ocurrido hacer cosas con la tableta gráfica. Como siempre, prefiero no poner el resultado aquí, pero ya le ha interesado a alguien que pasaba por mi página de fotos, y eso está muy bien. Me he relajado lo mío mientras curraba con el programa de dibujo y retoque (que no es Photoshop), pero como soy una descuidada conmigo misma, no me daba cuenta de que estaba mal sentada y tenía la tableta torcida, con lo cual me dolía la espalda y se me había dormido el dedo del lápiz óptico cuando he terminado. De aquí al síndrome del túnel carpiano, un paso. Como si no estuviera rodeada de gente que ha pasado por eso. Y como si no me hubieran echado la bronca toda la vida por lo mismo...

Bueh, yo me he relajado. Espero dormir bien esta noche, aunque sea solamente por el cansancio.

jueves, 20 de mayo de 2010

Más de lo mismo

Hoy se ha hecho notar un ¿compañero? gilipollas que sospecho que hace las cosas mal aposta. Un puto saboteador. Me ha dicho a la cara que ha pasado de un asunto, a pesar de haberselo recordado un montón de veces, y no solamente he sido yo quien se lo ha recordado. Encima, ni soñar con disculparse, estaba más chulo que un ocho, el cabronazo. Bueno, le he dicho cuatro cositas, y eso que me he contenido.

Después nos han pasado un comunicado desde dirección, mintiendo descaradamente acerca de cierta política de la empresa. No es desconfianza mía, es que nunca he visto tanta cara de asco entre mis compañeros, a medida que iban leyendo y se enteraban de los planteamientos. Y claro, pocas veces he oído tanto comentario poniéndoles a parir, incluso en voz bastante alta, con riesgo de ser oídos. Seguro que yo también me he pasado de volumen, porque alguien me ha chistado.

No son buenos tiempos para hacer huelga, pero verdaderamente... cada vez me apetece más. Hijos de su madre... Trabajo, sin exagerar, el triple que hace unos años. No contratan a nadie más desde hace tiempo, a pesar de que hay huecos. Aparte del trabajo en sí, cada vez asumimos más responsabilidades. La gente cada día está más gilipollas, es decir, el ambiente está empeorando.

Y encima, el comunicado de los huevos. Cada vez que me acuerdo, me hierve la sangre.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Día con dosis de locura

Lo mejor que me ha pasado hoy es que era capaz de recordar la kata que me he aprendido. Por lo demás, he empezado el día aburriéndome en el trayecto al trabajo. No hay quien se termine Creación, un ladrillo histórico de Gore Vidal. Es un coñazo escrito a la manera de... ¿Heródoto? No sé, algún historiador griego o romano, supongo que no hay ninguno divertido.
Al poco rato, en cuanto he encendido el ordenador, me ha vuelto esa sensación desagradable de explotación en la oficina: "Haz esto, esto, y esto, y es todo urgente, así que deja de momento eso que tenías que terminar para hoy y prioriza lo que te digo". ¿Es normal estar hasta las orejas mientras otros dicen que se aburren de estar sentados con los pies en el teclado? ¿Alguien en mis circunstancias creería a su jefe si le dijera que el trabajo está bien repartido y que no tenga tanta suspicacia? Bien, tengo una pequeña esperanza de conseguir un curro más interesante en otro sitio. Ojalá salga, así les mando a estos a hacer puñetas, y a hacerle la puñeta a otro.

Luego, cuando estaba con todo el lío, me llama una colega y me cuenta una extraña historia de matrimonios apañados que no sé si creerme del todo, pero conociéndola, creo que es muy probable que no se haya inventado nada. Me he quedado a cuadros y no puedo dar detalle, pero alucino de cómo funciona la gente cuando quiere conseguir algo. No hay escrúpulos. En fin, no es mi problema y no decido. Eso sí, la cosa me ha supuesto perder un ratito de mi muy apretado horario.

Después, rollos bancarios que concretar. Sé que en el fondo es una tontería sin riesgos, pero prefiero tener las cosas bien controladas que olvidarme de ellas y que más adelante den problemas.


Por favor, yo en la próxima vida quiero ser controladora aérea, que tienen un estrés parecido, pero cobran más.

domingo, 16 de mayo de 2010

Lo que sí me gusta de mi oficina

"De mi oficina", he dicho, no "de mi trabajo", que es precisamente lo que no me gusta.

Estoy rodeada de tecnófobos/as. Son los típicos que se ahogan en un vaso de agua con el ordenador, o que hasta hace cuatro días no habían oído hablar de los mp3 y hasta dentro de un año no tendrán ni noción de lo que es un mp4. Supongo que no les es imprescindible entender de esos temas, o quizá se consideran demasiado mayores y lo ponen todo en manos de sus críos, que suelen desenvolverse mejor con la tecnología.

Yo no es que sea ninguna cría, ya ha llovido desde que puse las manos en mi primer teclado. Seguramente es una ventaja haber crecido con el Spectrum y el Commodore; mi generación, al menos, era bastante curiosa en estos asuntos y perdió el miedo a los chips enseguida. Además, en mi caso, mis padres tuvieron vista suficiente como para pensar que aquello iba a ser el futuro y una Navidad vinieron con el "fistro" en cuestión. A lo mejor es lo más provechoso que me han regalado y estoy más en deuda con ellos de lo que pensaba.

Total, que cuando estoy con alguien mucho más joven, nos entendemos de maravilla cuando la conversación gira hacia estos temas, pero no me sucede exactamente lo mismo en la oficina. Parece que nadie de más de 40 años se las apaña bien; necesitan ayuda frecuentemente y, como tampoco es cuestión de llamar al informático todo el tiempo, acuden a mí. Por supuesto, no siempre puedo solucionar lo que sea, puede ser que se trate de algo demasiado complicado, o que el estropicio esté en la red, y claro, escapa a mis competencias. Ahí ya me rindo y soy yo misma la que llama al profesional.

No me molesta en absoluto que me planteen estas cuestiones; al contrario, me suele halagar un poco, y siempre, siempre agradezco que me saquen de la monotonía del papeleo. Además, la cosa suele ir con el beneplácito del jefe, e incluso es él quien a veces necesita directamente que le solucionen algo.

Ahora bien, la cosa se está ampliando. Últimamente me toca dar charlas de cámaras digitales, resetear teléfonos móviles, informar sobre cables USB para recargar el adminículo portátil de turno, hablar con expertos "reales" de problemas...

No sé, igual si trabajara todo el tiempo en eso me resultaría también un poco aburrido -sin llegar a la mala leche que me produce el papeleo que llena mi jornada-, pero hoy por hoy me gusta. Creo que, más que nada, me gusta el cambio, la variación. La invariabilidad explica que no esté a gusto muchos días de fiesta, porque soy incapaz de descansar haciendo el vago un fin de semana tras otro. Mi verdadero descanso consiste en entretener la neurona con otras cosas, salirme del menú repetitivo de siempre.

Si es que yo no tengo remedio...

sábado, 15 de mayo de 2010

¡Pero qué malo hace!

A ver, ¿no es San Isidro? Eso caía a mediados de mayo, no es que sea enero, ¿no? Pues cualquiera diría que mi calendario se ha vuelto loco: tenemos frío, humedad, lluvia a ratos... y además ayer me fui a la cama helada, sospechando que había vuelto la fiebre de hace unas semanas o una prima suya.

Y aquí estoy, con un pre-desayuno a base de té sabor mandarina, para ver si reacciono. Ni que decir tiene que, por supuesto, me he mirado la temperatura. Y es normal, 36,5º, lo que me sorprende un poco, ya que no es sólo el frío rarillo de anoche, es que además tenía la nariz tapada cuando me he despertado y noto bastantes mocos.

Uf, el caso es que tengo que salir, hay que pasar por el banco y, ya que voy, no me resigno a no desayunar en la cafetería. A lo mejor podría pasar por el súper, la compra está hecha, pero... este té de mandarina es una puta mierda, para qué negarlo. Era mejor el de fresa.

Nada, chándal de borreguito nepalí, botas calafateadas y chubasquero tipo FBI con kevlar y todo, para que no pasen ni las balas. Menos a desayunar, a todo lo demás iré deprisa y corriendo, y luego me meteré otra vez aquí, en mi agujero, a conspirar sobre cómo digiero este día de la forma más agradable posible. Los sábados son para fagocitarlos, y eso hay que hacerlo relajadamente. Los días laborables... bueno, más bien me siento fagocitada por ellos.

Propuestas para hoy: seguir chapuceando los libros de Holt. Empecé por el segundo de la serie, trilogía o lo que sea, y resulta que termina en un "continuará". Me sentí un poco estafada, y eso que no lo había pagado. Ahora tengo el primero, que tiene mejor pinta. Creo que sí conseguirán detener al asesino, o matarlo, o lo que sea. Más que nada, porque en la parte que ya he leído hablaban de este caso como de algo que ya se solucionó. A ver qué tal, por lo menos me gusta el estilo.

También debería katear. No es posible que me esté costando tanto aprenderme esa tontería, así que me la tomo en serio, veo los vídeos y entre hoy y mañana la dejo lista para el tatami.

O no.

(...)

Bueno, ya he ido al banco y me he puesto a hacer katas. Algo he avanzado. El té, pues al final no he ido a comprarlo, me ha dado pereza. Tampoco quiero que el que ya tengo se me quede olvidado en un rincón de la alacena, cosa que me suele pasar, y no es cuestión de tener un expositor de tés fósiles.

Sigue haciendo frío y lloviendo a ratos. Tenía que hacer algo esta tarde, pero alguien me ha relevado y se lo agradezco infinitamente, porque se me ha congestionado un poco la nariz y estoy muy cansada. Vuelta a mirar la temperatura, y sigue siendo normal. ¿Cómo es posible?

viernes, 14 de mayo de 2010

Hum, me caigo

Inesperadamente, ayer me lo pasé bien. Fui (también inesperadamente) de compras, me paré delante de una tienda de ropa y me pasó una cosa que no me había pasado en mucho tiempo: allí tenían justo lo que quería. Me lo compré, claro.

Son extraños esos flechazos, pero cómo se parecen a cuando te gusta mucho alguien. Supongo que las endorfinas pueden ser las mismas. Pero además lo de las tiendas tiene una ventaja: los riesgos de que algo salga mal son menores.

Después tuve una conversación relajada y volví a casa de buen humor. He dormido bien y todo.

Hoy ya no me duran los efectos, es lo que tiene una jornada laboral estresante. Serán los efectos de la crisis, que algunos quieren tapar con un culo dos sillas, y los paganos siempre somos los mismos. Encima, se rumorea una subida de impuestos. La "menestra" ha dicho que no, pero cuando un político, hablando de algo malo, dice que no ocurrirá, en realidad está diciendo que quizá. Es como rebajar un grado: si dice que quizá, quiere decir que sí. ¿Y si dice que sí? Entonces no es un político, decía el chiste.

Total, lo que decía, que tengo demasiado trabajo y ahora mismo estoy reventada, con el cerebro entre nebulosas.

Claro que hay quien está peor; me han llegado noticias de dos compañeros que han pillado la baja por enfermedad, y al parecer no tienen una simple gripe: están jodidillos de verdad. Uno más que otro, pero desde luego no es nada envidiable lo que les pasa a ninguno de los dos.

Qué poco apreciamos la salud cuando la tenemos. Yo, la primera.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Pedazo paquete...

... de medidas económicas. Sí, no hay más remedio, bla, bla, bla.

Bueno.

De paso, pueden empezar a recortarle la pensión a esa vecina que no ha currado en su vida y se pasa el día fumando marcas caras. Y lo mismo para esos pobrecitos inmigrantes que viven mejor que yo haciendo lo mismo que la vecina que mencionaba, y encima con chulería. ¿Xenófoba? Quizá, pero veo lo que veo. Y me cabreo.

domingo, 9 de mayo de 2010

Frustración

Érase una vez un niño, o una niña, da igual. Tenía aptitudes para la escultura. Pero en la época era el ballet lo que estaba de moda. O el clarinete, o el encaje de bolillos. Así que sus padres decidieron que debía dedicarse a eso, no a la escultura. Por la puñetera moda, porque el niño del vecino hace eso y dicen que le va muy bien. Y además es tan monooo...

El niño, la niña, fue creciendo y olvidando que le gustaba la escultura. Total, tampoco tenía tiempo para ello. Vio que nunca despuntaría en ballet, en clarinete o en encaje de bolillos, pero iba superando los cursos. Era como un funcionario gris.

El niño, la niña, cumplió 20 años, luego 30... y vislumbró cuál podía ser una de las raíces de su infelicidad.

Porque cuando retomó la escultura por su cuenta, vio que el mundo desaparecía a su alrededor.

Pero entonces ya tenía un empleo fijo y una vida cuadriculada que no le dejaba mucho tiempo libre.

Sacó la conclusión de que en realidad sus padres querían que tuviera una educación artística solamente secundaria. Lo principal era que terminara una carrera universitaria. Fomentándole su capacidad innata para la escultura, era muy posible que el niño, la niña, no quisiera dedicarse a nada más... y todo el mundo sabe que los bohemios son gente poco formal, de mal vivir, y a veces se mueren de hambre. Así que era importante desviar su atención, darle ocupaciones.

Para entonces, tal vez la desatención hacia su talento ya lo había dañado para siempre.

El niño, la niña, vive aún. Y no sabe cómo salir de la tristeza que le produce todo eso. Muchas veces no es capaz de empuñar el escoplo y el martillo, o le dan pequeños ataques de ansiedad ante el bloque de piedra virgen. Cree que no puede recuperar décadas de falta de entrenamiento.

Y espera equivocarse.

Anda, va a ser esto lo que me pasa

He leído un artículo en el periódico que me ha despertado la curiosidad. Contenía un test, el mismo que luego he visto en esta página web

"SÍNDROME DE BOREOUT:

Si contestas que afirmativamente a al menos 4 de las siguientes preguntas probablemente te encuentres al borde del boreout:

1 – ¿Estás privado por completo de tareas en el trabajo?

2 – ¿Te sientes poco motivado o aburrido?

3 – ¿A veces finges estar ocupado?

4 – ¿Estás cansado y apático después del trabajo a pesar de que no experimentaron el estrés en la oficina?

5 – ¿Estás satisfecho con tu trabajo?

6 – ¿Le encuentras sentido a tu trabajo?

7 – ¿Podrías completar tu trabajo más rápido de lo que lo estás haciendo?

8 – ¿Tienes miedo a que por tu situación laboral te bajen tu sueldo?

9 – ¿Envias correos electrónicos a tus colegas durante las horas de trabajo?

10 – ¿Tienes poco o ningún interés en tu trabajo?"

En el periódico, he contestado que así es a todas menos a una. En la web, a todas menos a dos, porque varía un poco. Como comentaba alguien en la propia página, desconfío de esa manía de ponerle nombre de síndrome a todo y no sé si esto no será el simple y vulgar aburrimiento laboral que tiene la mayoría de la gente. Claro que podría ser que a la mayoría de la gente le conviene un cambio de aires. Se evitarían muchas depresiones.

En mi caso, creo que hay algo más que aburrimiento, que también está ahí, claro. El test tendría que contener alguna pregunta más: ¿Tienes la sensación de estarte desperdiciando? ¿Has llegado a un automatismo tal que te impide crecer? Y mi respuesta sería sí a las dos, sin duda.

sábado, 8 de mayo de 2010

Psicoterapia casera

Tengo un día un poco más raro que de costumbre. En el desayuno he comentado que qué paz, qué bien que no estaba cierta tipa molesta que huele a sobaco tóxico. Casi habíamos terminado cuando, zas, allá que entra. Además, tenía que ponerse al lado. No me he cortado en mis aspavientos y comentarios. La muy guarra... Cualquier día se va a dar definitivamente por aludida y la vamos a tener. Acabaré denunciada, porque si se pone tonta, me defenderé, y soy más grande, así que no sería raro que fuera ella la de la uña rota, el ojo morado o lo que sea. Esta vez me he marchado y ya está, pero...

Luego, de forma inesperada, he tenido un momento-recuerdo que ha acabado en una especie de psicoterapia. Hemos sacado a la luz toda la tristeza de los 80, toda la grave equivocación de los padres que ignoran las verdaderas aptitudes de los hijos y les ordenan aprender cosas para las que no están dotados o que no les interesan.
Parece una bobada, ¿verdad? Deberíamos estar agradecidos por haber tenido unos padres que se preocuparon por darnos algo más que la educación obligatoria, ¿a que sí? Pues habría mucho que rascar. Sobre todo, cuando está claro que despuntas en algo y te hacen olvidarlo a base de apuntarte a cursos de cosas que en un momento dado están de moda, por mucho que lo que te interesa esté en otra parte.
En fin, como los niños tampoco vienen con manual de instrucciones, más o menos tácitamente hemos quedado en olvidarlo.

Esto de la memoria es como un cesto de cerezas, dicen. No es posible aislar los recuerdos; si coges uno, vendrán otros encadenados por el rabito. Inevitablemente, me he puesto a pensar en cierto alguien. Google me ha dicho que tiene Facebook. Bonita foto.
Ha vuelto la repuñetera sensación de que mi lugar no era otro que a su lado. Y es una sensación nada dudosa, profunda como un cuchillo en el corazón.

viernes, 7 de mayo de 2010

Ya tengo la pasta

Buenooo, me han ingresado la devolución en un tiempo récord de tres días. Compadezco a los pobres que se pasan hasta meses esperando.

En realidad, como no tengo ningún proyecto concreto para esa pasta, me da igual. Me hace sentir mejor el hecho de que no ha habido ningún problema y además ha ido todo raudo y veloz. Extraño, teniendo en cuenta que están implicados Hacienda y el banco, y un montón de conexiones informáticas.

No ha sido un día muy fácil, me he mosqueado un poco con mi jefe, y él conmigo, supongo. Pero es que las cosas no son gratis: si trabajo de más, quiero compensaciones.
Un día de estos me van a mandar a buscar las compensaciones al despacho de Gestión de Personal.
Glubs.

Leyendo: Anne Holt, Crepúsculo en Oslo. Bueno, lo que se dice leer...
Escuchando: eso mismo, lo de Holt en forma de audiolibro. Pero ahora precisamente, no.
Estado de ánimo: ya no puedo hablar de bajón, pero tengo varios mezclados, como satisfacción, ligero enfado y sobresalto, o indeterminación. Según lo que piense, que cambia de un segundo a otro. Sí, soy la leche, y no en un sentido muy positivo.

jueves, 6 de mayo de 2010

Menos pensar y más hacer

Me han regalado una revista. Puro marketing. No es que estuviera mal, pero ahora me cuesta más leer artículos en papel que leerlos en pantalla. Menos mal que no me pasa con los libros... aún.
Como no me apetecía leer y en el momento no podía hacer otra cosa, he pensado: "Ahora", y me he puesto a bocetar una imagen de la revista. Y ha salido bien, aunque hacía tiempo que no me ponía con el lápiz.
Creo que la cuestión es llevar un lápiz en la mano el máximo de tiempo posible. Bueno, eso y dejar una libreta a mano, claro. Lo de pensar "tengo que hacerlo" sólo conduce a no hacerlo, porque en realidad nadie me presiona, no es nada obligatorio.
Como decía Picasso, si viene la inspiración, que te pille trabajando.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Devolución

Vaya, la declaración de la renta me da a devolver, qué bien.

Lo malo es que no me puedo dar ningún capricho para celebrarlo.

No, no es que tenga ningún embargo, es que la wishlist ya la tengo vacía, o casi. Me quedaba el ebook, y no me lo voy a comprar hasta que bajen a 120 euros. Ya los hay por menos de 200. Necesito uno que me deje subrayar, por si las moscas. Parece ser que no lo hacen todos.

En cuanto al tablet, como Mocosoft no va a hacerle la competencia al Ipad, es de suponer que éste no bajará de precio. Y no quiero un Ipad. Voy a seguir tirando con este PC hasta que se rompa, y luego posiblemente pillaré un netbook, a no ser que la pantalla me desengañe del todo, que es el único inconveniente que le veo. Es que el tamaño importa, y mucho, cuando se trata de la vista. También puedo esperar, esperar y esperar, y comprarme el tablet que saque alguna empresa del Lejano Oriente, y que me sirva también de ebook. Pobres de mis ojos.

Aiss... vivo en una sociedad de consumo, pero si mis aspiraciones de consumo ya están cubiertas, ¿qué me queda? ¿Irme a vivir a un monasterio con wifi? Decididamente, en el fondo está todo tan vacío...

martes, 4 de mayo de 2010

No me gusta la normalidad

Definitivamente fue un asco lo de las anginas, pero ahora que se ha vuelto a instalar la rutina, no me alegro de haber vuelto. Al ver el banco, la academia, el bosquecillo, la fábrica, como siempre, a través de las ventanas del bus, pensaba: "No os he echado de menos, podríais haber desaparecido, por lo que a mí respecta".

En plena fiebre, sabes que es mejor estar sana y currar que estar a punto de entrar en ebullición, por muy cómodo que sea tu sofá. Puro sentido común; no hay nada peor que no tener salud. Luego ves que, de todos modos, lo mejor sería estar sana y poder quedarte en casita hasta la hora que te apetezca.

Da igual, porque no hay remedio. No es como en la escuela, cuando te alegrabas de ver a los amiguitos del colegio después de una gripe. Estos días me he sentido bastante indiferente, y no es que no aprecie a algunos de mis compañeros. Simplemente me sentía mejor hace una semana, cuando no tenía que levantarme para ir al curro.

¿De qué me extraño? Son simples pruebas de que estoy en el lugar equivocado. Lo normal en mí. Hasta he vuelto a hacer planes de huida, claro. Con eso se completa mi normalidad.

lunes, 3 de mayo de 2010

Con la vuelta

Al volver a la vida normal, y quién sabe si también por la primavera, han vuelto dos cosas: mi mal rollo habitual y mis ganas de hacer cosas. No son contradictorios, una cosa tira de la otra. Y para la segunda, me vale todo: vídeos de Youtube para aprender esto y lo otro, la página de la UNED por si me apeteciera matricularme en algo (me lo tengo prohibido, en el fondo), mis cuadernos para escribir y bocetar...

Más vale que me lo tome con calma. No lo he comentado con nadie, pero he tenido fiebre más días de los "oficiales". Afortunadamente, ha desaparecido. Tendré que hacer caso a mi intuición y no aprender más que una cosa al día, ni escribir más que esquemas para desarrollar dentro de unas semanas.

Sin embargo... las manos me piden manualidades, por ejemplo, y el cerebro bulle, aunque sea con puras bobadas.

A lo mejor lo más conveniente es aficionarme a la tila.

domingo, 2 de mayo de 2010

Cry For Help

El problema, el problema es que no soy capaz de pasar página. Las cosas me duelen durante años y años, décadas y décadas. Literalmente. No supero las cosas. Eso es necesitar ayuda, ¿verdad?

sábado, 1 de mayo de 2010

¿Por qué no le aguanto? Autoanálisis

No sé hasta qué punto es pura manía mía. No aguanto que se ponga las gafas de sol para todo, en lugar de preguntarle al médico por qué le molesta la claridad de un tiempo a esta parte. Encima, son unas gafas de sol que quizá no sean buenas para la vista, así que el problema se multiplica. No aguanto ese gesto estúpido de meterse el dedo en la nariz. Dice que no saca nada, que solamente es que se le reseca la piel y le alivia hacer eso. Pues nada, todo un espectáculo, y otra cosa que tampoco le preguntará al médico, quién sabe si relacionada con lo de las gafas. Luego es todo un show verle con las puñeteras gafas, un horrible plaid a cuadros procedente de Escocia por encima y, muchas veces, el mando de la tele en la mano. Tiene una pinta extrañísima. Tampoco aguanto nada de lo que ve en la tele cuando viene a casa y ocupa la sala, pero eso me pasa con otras personas, por eso decía que quizá entre ahí mi propia personalidad. El caso es que me enfurece muchísimo más que el resto. Será que tengo una particular fobia a que me pongan deportes en la pantalla. Eso, y las pelis que le gustan, que jamás coinciden con mis propios gustos.
Verle comer me da asco; prefiero no estar cerca, pero a veces no hay más remedio. Se llena los dedos de grasa y luego echa la mano a cualquier cosa. Tuve una temporada en la que no soportaba su aliento, aunque con razón, porque no se lavaba los dientes con pasta; sólo con un cepillo tan gastado que tenía todas las fibras curvadas. Lo he visto. Pero tampoco me gusta su olor personal. En fin, realmente tengo un problema con el olor ajeno, sobre todo con el masculino. No hablo de mala higiene, no es eso, es que cada uno olemos distinto, y normalmente no me gusta percibirlo.
No me gusta esa forma mandona que tiene de hablar a veces, como si nadie más en este mundo tuviera una versión válida, no me gusta su forma de pensar, tenga o no razón. No reconoce sus defectos jamás, no pide perdón. A veces parece justificar lo injustificable, a veces parece que se alinea incluso con el Vaticano en ciertos temas. Si fuera mi pareja, haría años que le habría mandado a freír puñetas.
No es que todo lo suyo sea malo. Tiene cosas buenas, quizá la buena intención general. Aunque putadas sí que me ha hecho. De todos modos, este "no poder verle" es anterior. Me enferma cuando estoy tranquilita donde sea, y zas, allá que viene. De acuerdo, tiendo a cogerle manía a la gente, pero en este caso mi umbral de intolerancia es mucho más bajo, me llena el gorro mucho antes que nadie y reconozco que no siempre tengo razón.
Joder, no pensaba que este post iba a servir para nada, pero acabo de darme cuenta de que realmente es una persona difícil de soportar en cuanto a sus costumbres. Lo único que yo puedo cambiar es mi reacción; debería ser más suave. Debería respirar hondo, pero... ya digo que no me gusta su olor.
No aguanto su calva, su ropa, no aguanto que saque defectos a los demás y no vea los propios.
Desde luego, no voy a decir quién es. Hay un amplio menú, estoy rodeada de cromosomas cojos: padre y hermanos, sobrinos, tíos que viven aquí mismo, tíos que viven más lejos pero que son asiduos...
Se admiten críticas. Cualquiera es bienvenida, en principio.