viernes, 31 de diciembre de 2010

Críos

Mi padre oye una entrevista a una famosa cuyo padre le dice que tenga hijos, porque si no va a quedarse sola para siempre. Viene y me lo cuenta. Casualmente, salen en la tele unos famosos que van a tener un bebé. Un momento más tarde surge mi propia edad en la conversación. Vale. Creo que no son imaginaciones mías: aquí hay una insinuación. No he contestado, me he dedicado a ignorarla descaradamente.

De todos modos, es como para darle la dirección de este blog, y concretamente la de aquella entrada que ahora no encuentro y que venía a decir que me parece de un egoísmo supino tener hijos. Además, no me gustan demasiado los críos. Si me gustaran, habría titulado este post de otra manera.

Paradojas de la vida: se me ha ocurrido preguntarle a Google a ver si conoce algún test de capacidades maternales, y me ha soltado unos cuantos. El primero me ha dado como resultado que no lo haría mal como madre; el segundo, que ni se me ocurra tener hijos, que lo haría fatal; y el de desempate, que sería una madre genial. Me pregunto si será porque soy consciente de lo que hay y veo las cosas con bastante objetividad.

Pero no, hombre, ni adoptando. A veces me siento egoísta por no ofrecer mi casa a un crío desprotegido de tantos que hay, pero una de dos: o me vuelvo paranoica con lo de cuidarlo, como en tantas circunstancias de la vida, o no le hago ni puto caso después de un par de días (esto es lo más probable).

jueves, 30 de diciembre de 2010

Ascos cotidianos

He ido a la panadería y voy a tirar todo el pan que he comprado. Así, de golpe. La razón: no me parece ni medio normal que la panadera se chupe el dedo para coger una bolsa y agarre las barras de pan con el mismo dedo. A la mierda, y no vuelvo.

De veras que no lo entiendo, ¿para eso tantas condiciones de higiene, tantas inspecciones, tanta licencia para manipular alimentos? Por no hablar de que andan tocando monedas y billetes, claro, pero lo del dedo me parece lo último, joder, qué asco. Podrían tener unas pinzas o un guante de goma, lo he visto en otros sitios.

Hace unos días vi que la del supermercado hacía lo mismo. Yo había dejado una bolsa a un lado, simplemente porque no se dejaba abrir, y cogí otra que sí se dejó. Nada, allá que va la tía, se moja el dedo y abre la que había apartado yo por imposible, y se pone a llenarla con mi compra. Muy amable, sí señor. Por supuesto, la bolsa fue a la basura en cuanto la vacié, pero me parece menos grave, porque los alimentos estaban envasados. Encima, tuve que soportar que la de las babas me mirara como a una patosa. Sí, seré patosa, pero no hago guarradas.

Otro motivo más para llevar bolsa ecológica propia, en lugar de coger las de la tienda.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Desconsumismo

El cansancio tremendo se me ha transformado en una colección de agujetas: me duelen los muslos, los glúteos, los abdominales... y eso que no tengo la impresión de haber forzado nada.

Hoy, por un rato, me he metido en el vaivén de la gente y sus compras. He vuelto a la pastelería nueva y he repuesto turrones. Luego he estado echando un vistazo en la perfumería, pero no para comprar colonias; ya decía que nunca las regalo. Sí me he fijado en esos estuches tan monos llenos de cosas como sales de baño, muñequitos... No sé, creo que soy la típica a la que le regalan algo y le llama más la atención el envoltorio que el contenido. Me gustan mucho las cajas bonitas. Hace un par de días estuve a punto de comprar un panettone de supermercado por la lata en la que venía. El dulce, en sí, me daba igual. Por cierto, sin lata costaba como la mitad de precio.

Bueno, finalmente me he comprado un cepillo de dientes eléctrico, que era lo que realmente necesito. Volviendo a casa, he oído a un señor con bastantes años que comentaba en voz alta que no sé quién estaba enamorada como una niña, y que habrase visto, a su edad... Me han dado ganas de decirle que el amor no tiene edad, a ver si no lo ha oído nunca. Y además, ¿qué le importará a él? Vive y deja vivir, hombre.

Ojalá fuera más consumista. En serio, me gustaría disfrutar con cualquier cosa que me ofrezcan en las tiendas, como cuando era pequeña. Si no se te vuelve una compulsión, es una forma fácil de disfrutar por un rato, lo mismo que el que se va al cine.

Creo que me va a tocar asesorar otra vez en la compra de electrónica. A ver si hay algo que me tiente a mí y aprovecho el viaje.

martes, 28 de diciembre de 2010

Los 80

Me los vendieron como paradigma de modernidad. A mí me parecían cutres. Me pregunto hasta qué punto tuvo que ver con eso haber vivido parte de mi infancia y mi adolescencia en esa época. Más que nada, se le podría achacar a la depresión adolescente. Sin embargo, a esta acusada la absuelvo en parte: realmente era cutre y deprimente lo que había. Esos pelos cardados, las hombreras, los colores y los diseños... Y no sé, tengo la impresión de que llovía más que ahora, o mejor dicho, el tiempo era más gris. Ahora, las veces que llueve, suele hacerlo de verdad; entonces, era todo gris y húmedo, como si viviéramos en una niebla constante.

He visto imágenes de una peli de colgaos de la época y es exactamente lo que recuerdo: óxido. Gente que quiere dar la imagen de moderna y resulta pobretona. Y, en medio, droga, sida, decadencia económica y social. La grisalla y la humedad se podían sentir en el aire. No se entiende: ¿por qué eran tan apagados los colores? Yo misma recuerdo mis vaqueros descoloridos y mis jerseys un par de tallas más grandes de lo normal, colgando por todas partes. Demasiado salmón, demasiado turquesa. Ya entonces no me gustaban esos tonos. Si la vida es deprimente, es mejor pintarlo todo de rojo, azul brillante...

No sé si tuvo algo de bueno esa época, aparte de que una crecía (¿realmente es bueno eso?). Como siempre, me pregunto qué haría ahora si pudiera vivirla otra vez. Supongo que disfrutar más de mis abuelos y dedicarme más a cosas que descuidé. Pero, ¿realmente tuve la oportunidad en su momento? ¿Tuve tiempo de aprovecharla? ¿Hice lo que debía, a fin de cuentas, dadas las circunstancias?

Preguntas a destiempo, respuestas nulas o inútiles. El mismo rollo de siempre.

Carpe diem, pero el diem de hoy mismo, no un tiempo que ya no existe.

Apisonada

Ayer fue dura la clase en el gimnasio. Cuando volví a casa, ni siquiera tenía hambre: me comí el resto del yogur gigante que me quedaba, puse a grabar la peli de Richard Gere y me fui a dormir. He dormido muchas horas, pero aún estoy machacada. Tengo fiesta y he salido a desayunar fuera... y he vuelto enseguida, porque necesitaba sentarme de verdad, no en un taburete.

Ahora acabo de redesayunar: frutos secos y tortitas de arroz, a ver si me recupero. No tengo agujetas, es sólo cansancio. ¿Por qué? Qué sé yo, posiblemente merendé poco, y después debería haber cenado de verdad.

Sigo desperdiciando mis días de vacaciones, sintiéndome vacía por estar casi todo el tiempo tirada por casa, sólo que hoy tengo una buena razón para desgastar el sofá. Y eso voy a seguir haciendo hasta la hora de comer y más allá.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Lo bueno de 2010

Ha habido de todo, bueno y malo. Lo malo me ronronea por ahí, sé que hay cosas con las que hay que hacer algo, pero quizá lo más inteligente sea esperar y ver hacia dónde tiran.

Me quedo con lo bueno:

- Librarme de mi trabajo anterior.
- Y su consecuencia: mejor calidad de sueño, más relajación.
- He mejorado mis capacidades artísticas. Son menos porquéricas. También trabajo a más velocidad.
- Tener a un tío detrás, y haber sido capaz de ver que no era conveniente. También hubo un punto a su favor: lo entendió y pareció conformarse, no se ha vuelto un pesado. Si no hubiera tenido novia, habría sido alguien muy a tener en cuenta.
- Hacerme con la cámara que quería.
- Viajar un poco.
- Esperar al menos una buena noticia para el año entrante.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Fiuuu...

Fue bien. Los dulces de la pastelería no-habitual gustaron, alguien incluso se sorprendió. No hubo discusiones, aunque sí se dijeron cosas que mejor habría sido callar, en plan mentar la soga en casa del ahorcado, pero bueno, el ahorcado debe de tener callos en las orejas, después de tanto tiempo y conociendo el percal.

Aún no he abierto mis (auto)regalos. Di lo que tenía que dar, me dijeron lo típico de por qué te has molestado y te has pasado con el regalo y no hacía falta. Y no es asunto mío, pero sé que ha habido personas que ni siquiera han hecho regalos a otras, y eso que supuestamente se llevan bien. En fin, la tacañería es la tacañería. Y se merece todo su nombre cuando no tiene nada que ver con situaciones de necesidad.

Todo el mundo duerme aún, y me parece normal, porque después de marcharse los invitados estuvimos viendo vídeos. Soy la única que, como siempre, no podía dormir ya a las nueve de la mañana.

Hoy es fiesta y no puedo hacer gran cosa. No tengo fotos que procesar, no me apeteció retratar langostinos ni turrones. La verdad es que llevo días rarilla con respecto a eso, con lo que soy yo para las instantáneas. Bueno, si es una nube de paso, dejémosla pasar. Total, tenemos mucho picoteo por delante.

***
Calma. Una se imagina los tejados con columnas de humo y las calles vacías. El volumen de la tele está bajo. Más de uno estará en plena siesta de recuperación de las horas de sueño perdidas.

Finalmente he pasado una buena parte de la mañana con un grafito y un trozo de papel. No me quejo del resultado. Hace un rato he mirado y tenía 34 vistazos en mi página. Nadie ha dicho nada, pero al menos se han molestado en entrar. Tampoco es imprescindible que digan nada, yo ya sé que no es un mal trabajo.

El resto del tiempo ha sido una larga conversación con mi madre. No solemos hablar tanto. A veces la echo de menos; por el contrario, hoy me ha parecido un tiempo excesivo el que me dedicaba. Me he enterado de algunos chismes familiares antiguos. Hay que ver, tengo una pila de años y aún hay asuntos que desconozco como si tuviera seis años.

Un día de estos tenemos que ir a gastar dinero por ahí, a comprar cosas tan bonitas como inútiles...

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Los regalos más absurdos

Estoy haciendo una lista de lo peor que se puede regalar, voilà:

- Una cafetera de cápsulas. Que conste que son muy bonitas, pero tienen demasiados inconvenientes: te ocupan media cocina en los pisos de hoy día, no admiten el café en paquetes de toda la vida y parece que las bebidas que hacen no son mucho mejores que las de las máquinas de nuestros trabajos.

- Un estuche de maquillaje de esos que parecen colecciones de acuarelas de todos los colores. A mí me parecen preciosos en los escaparates, pero... ¿alguien utiliza más de un par de tonos?

- Una agenda. Si no te las dan en el trabajo, las regalan las revistas, así que, ¿para qué comprar una para regalo? Vale, las hay muy buenas, de piel de primera calidad, con mapas, guía de vinos, con boli metálico incorporado y lo que sea... pero el formato me parece algo muy personal, algo con lo que difícilmente se acierta. Yo las prefiero de bolsillo o poco más, otra gente quiere algo de tamaño dietario, etc. Y además, ahora la mayor parte de la gente no usa agenda, con tanto artilugio electrónico que tiene esa función.

- Colonia. Los perfumes son algo tan personal que lo más probable es que la cagues. Las sensibilidades suelen ser todo un mundo. Anda que no hemos tenido frascos que no se gastaban nunca o que directamente apestaban. Como mucho, se puede regalar si se sabe muy bien cuál es la favorita de alguien, pero claro, eso es comprarle un repuesto poco original, aunque le encante.

- Cualquier cosa con estampado de leopardo o cebra. Lo siento, pero a muchas personas nos hace pensar en la ropa de las pilinguis de las películas o en actrices en decadencia, y jamás lo llevaríamos puesto.

- En general, ropa y zapatos, salvo que se conozcan muy bien los gustos del destinatario, y siempre con opción de cambio. Me parece absurdo lo de que los regalos no se cambian cuando se trata de algo que jamás en la vida vas a usar. No hay que condenar a nadie a tener que hacer sitio en el armario para una cosa que le horrorice cada vez que vaya a buscar algo que ponerse.

- Figuritas y souvenirs de esos que nunca se sabe dónde poner y acaban juntando polvo en un rincón o rompiéndose por "accidente".

- Animales. Esto va en serio: suelen acabar abandonados o muertos. Además, me parece un comercio que no hay que fomentar, las mascotas deben adoptarse como hijos, no comprarse como esclavos. Y con todas las consecuencias.

Creo que se me ocurrirán más... Quizá esté quedando como una persona difícil, pero más bien pretendo ayudar. No hay nada peor que regalar algo y que te pongan cara de horror mientras fingen que te lo agradecen.

martes, 21 de diciembre de 2010

Caserones

A veces me engancho a programas que, si estuviera sola delante de la tele, no vería. Pero me los ponen, y acabo viéndolos. Uno de ellos es Supercasas, que parece ser una especie de publicidad del arquitecto que ha construido todas las que van saliendo. Me pregunto para qué puede necesitar este hombre publicidad; tiene pinta de que el boca-a-boca entre famosillos y ricachos es suficiente, y desde luego el trabajo que hace tiene pinta de publicitarse solito. Como no sea para vender esas casas más asequibles que parecen cubitos de hormigón...

Me parece un tipo curioso, el arquitecto. Creo que parece mayor y no lo es tanto, tiene pluma y no debe de ser gay, a veces parece un tiradillo y resulta que está forrado... Tampoco tiene pelos en la lengua: en el último programa, dijo abiertamente que no le gustaban los niños, aunque, bueno, ahora sus hijos sí que le gustan, sobre todo el mayor (me pregunto qué pensará el menor cuando tenga edad de ver esos viejos programas que grabó su padre en 2010).

Las casas están muy bien, la mayoría son una pasada, a no ser que no te guste el estilo minimalista y de tonos neutros... como a mí. Seré una pobretona hortera, pero me gustan las habitaciones acogedoras, la madera y los sofás en los que caes y ya no puedes moverte del gusto. Creo que no podría vivir feliz sobre suelos de piedra o mármol, ni me apetece que todo sea blanco o negro. Y menos mal: si se me encapricharan semejantes edificios, viviría muerta de envidia, porque no creo que nunca llegue a tener semejante capital como para comprarme uno.

Me pasé el programa comparando la vida de los propietarios de estas casas con la de la gente que acababa de ver en 24h. Por ejemplo, otro arquitecto, éste de centros comerciales, que llevaba años en paro, tenía un niño y otro en camino. Había pedido curro de lo que fuera, y no le daban nada. Mal asunto, teniendo 40 y tantos años, aunque parecía tranquilo y equilibrado. Gente como esa está llenando los comedores gratuitos desde hace un tiempo, y está claro que ha cambiado el perfil del pobre. La verdad es que era como para echarse a temblar; no es descabellado que cualquiera pueda encontrarse de la noche a la mañana en esa situación.

No, nadie está a salvo.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Ni pa pinzas

Alguien ha llamado a la radio diciendo que no le han podido atender en el hospital después de un pequeño accidente doméstico... porque no tenían las pinzas que necesitaban. Le han dado un remedio provisional y le han remitido a otro hospital para dentro de un par de días. Yo lo flipo: no hay dinero para que un hospital tenga medios tan básicos como unas puñeteras pinzas. Nunca había oído nada por el estilo.

También lo flipé el otro día cuando oí que en los USA habían ejecutado a un preso con un sedante para animales. Sí, el tipo debía de ser bastante animal, no precisamente un angelito, pero resulta un poco extraño el tema. Pues resulta que la empresa que fabrica el pentotal sódico, que es lo que suele inyectarse en las ejecuciones, no tendrá existencias hasta la primavera. Hay rumores de que no les hace gracia que se utilice para esos menesteres, pero cogno, hace tiempo que se usa, y justo ahora, de repente, que les entre la vena ética... No sé, si se lo van a cargar de todos modos, mejor que suministren el material más adecuado, ¿no? Me parece que les puede estar afectando la crisis.

Y otra cosita: no sé si la misma crisis les habrá obligado a aceptar el encargo, pero resulta impactante estar viendo un programa nada menos que en National Geographic y que enel intermedio pongan un anuncio ¡de la iglesia de la Cienciología! Y no, no me confundo, entré en la web que anunciaban y lo confirmé. ¿Desde cuándo anuncia sectas un canal serio de divulgación científica?

Pero qué miedito da todo, mamma mia...

domingo, 19 de diciembre de 2010

Misterios ajenos

Qué rara es la gente...

Conozco a un chico con el que tengo cierta química. Si no fuera porque tiene pareja (sí, otra vez), me interesaría. Bueno, hasta cierto punto, porque hace cosas que no debería hacer por respeto a esa persona. Son tonterías de andar siempre revoloteando a mi alrededor... Bueno, hacía algún tiempo que se comportaba, ya que yo le había dado a entender que para que lleguemos a algo primero debe estar soltero. El caso es que habíamos dejado de vernos durante unas semanas, y cuando nos hemos vuelto a encontrar, vuelta a los revoloteos y las tonterías. Me hace gracia, pero llega a cansarme. Sobre todo, porque me hace pensar qué puñetas quiere. Estoy harta de este tipo de asuntos; siempre atraigo a los emparejados, o me atraen ellos.

Y luego tenía que poner mi propio granito de arena: el día que me encontré el céntimo en la calle, formulé un deseo al respecto... y lo que sucedió fue eso, que volvió a revolotear. No es exactamente lo que había pedido, pero me resultó agradable. Soy tonta.

Ufff, que no sea Mr X reloaded, por favor...

sábado, 18 de diciembre de 2010

La semana entrante...

Uf, la que me espera, tengo un trabajo complicado que ventilar, otro que modificar... y vienen los días de la lotería, comida laboral, Nochebuena, etc.

Ayer decían en Telecinco que las comidas navideñas del trabajo son un momento en el que se olvidan los roces y los malos rollos que ha podido haber durante el año. Ja, y yo voy y me lo creo. Llevo ya muchas, y lo que suele suceder es que vamos con nuestros amigos o con gente que ni nos va ni nos viene, pero evitamos a los cabrones con los que hemos tenido movidas.

Ya he hecho casi todas las compras de Navidad. Mi e-book queda para después, acaban de salir los de tinta en color, así que tiene que haber una bajada de precios pronto. Por el momento, he visto ofertas de diez euros menos sobre el precio habitual, pero siguen siendo trastos caros para lo que son. Eso no me soluciona el tema de mi regalo; tengo un librito de papel, sí, pero quiero algo que me cree la ilusión de la abundancia, un montón de pequeñas cosas... OK, tengo unos días aún... y muchos todo-a-cien abiertos.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Primer paciente curado del VIH

Uau, qué época de avances científicos, y qué poca repercusión tiene en los medios...

Parece que en Berlín por primera vez han "negativizado" a un seropositivo, consideran que se ha curado. Andan diciéndolo con cautela, seguramente le analizarán a cada paso, pero de momento, está limpio.

El tema es que este hombre, un tal Brown, tuvo una leucemia y se la trataron con células madre. El donante de estas células no es cualquiera, es una persona resistente al VIH cuyas células no tienen la "cerradura" que el virus necesita abrir para entrar en ellas. Ha sido un proceso largo, pero ha terminado con los depósitos de virus que tenía en el cuerpo, y a día de hoy es seronegativo.

Menudo marrón, tener el virus del sida y encima leucemia. Seguro que no daban dos céntimos por él, y entonces el tío va y se cura, imagino que de las dos cosas. Y teniendo que dar gracias a la leucemia, claro.

Aquí hay un poco de información, aunque sea en inglés.

Pre-Navidad

El otro día, yendo en bus, pasé por una zona rural. En esta época del año suelo pensar que hay un silencio especial en los campos vacíos, algo que es como un brillo en la hierba y que me hace pensar en los días que vienen.
Cuando estoy en esa onda, me vienen a la cabeza el paso del tiempo, la oscuridad, lo breve que es la vida, el fin del mundo... y, a pesar de todo, hay algo tradicional y confortante en ese silencio. Es casi mágico, y me resulta muchísimo más navideño que esas luces comerciales que han puesto en mi calle antes de tiempo y que, aunque sean menos horteras que otras veces, me dan tentaciones de quitar a tijeretazos. Eso sí, con guantes de goma, que los cables tienen que tener muchos voltios.

Ya tendría que haber hecho las compras de Navidad. Este año tengo el problema añadido de que se ha jubilado el pastelero del barrio y tengo que desplazarme un poco más lejos para ir a comprar. No sé qué tal funcionarán las pastelerías más apartadas en cuestión de turrones, polvorones, trufas..., pero habrá que probar. Desde luego, nada de tirar de supermercado, y no es por pijerío, es que, si es necesario, prefiero comprarme cuatro dulces buenos que ocho mediocres, o cambiar el presupuesto dedicando más a esto y menos a cualquier otra cosa. Si en estas fechas no miramos la calidad, no sé cuándo vamos a hacerlo. Seguro que nuestro estómago nos lo agradece, y engordaremos menos.

martes, 14 de diciembre de 2010

Zahorí involuntaria

Anteayer me encontré un céntimo por la calle. Me dijeron que cuando pasa eso hay que pedir un deseo, y eso hice. Lo cierto es que por la tarde tuve una pequeña sorpresa en relación con el deseo, pero de eso hablaré otro día. En fin, al grano: no sé por qué, tiendo a encontrar monedas por la calle, como los zahoríes con el agua, pero sin varita. Lamentablemente, nunca hay billetes, o no soy yo quien los avista. Bueno, no me quejo, la mayoría de la gente nunca se topa con estas propinillas.

Y eso no es nada. Ayer me dio un mono tremendo de chocolate cuando estaba currando. Salí, fui a la máquina de chucherías, metí las monedas y pulsé el numerito de las chocolatinas. Bueno, pues debía de tener el día sensible la maquinita, porque entendió que había pulsado dos veces el 1, y me dio una barrita de cereales que no se parecía en nada a lo que yo quería. Eso sí, me dio el cambio religiosamente, ya que es más barata y sobraba pasta. Buah, yo seguía con el mono, que ya parecía un gorila sentado en mi hombro, así que fui a la máquina de bebidas y pedí un chocolate líquido. Me lo sirvió sin problemas, y cuando fui a recoger el cambio... sorpresa: en lugar de tener ahí cinco céntimos, tenía 35. Supongo que alguien los había olvidado. En resumidas cuentas: tuve mi chocolate gratis, y la barrita de cereales, bien barata.
Luego pensé si no debería haber dejado ahí lo que no era mío, pero resulta que es una zona semipública donde puede entrar prácticamente cualquiera, y vete a averiguar a quién pertenecía el cambio. Sí, podría haberlo dejado, inhibirme, pero eso habría sido dejárselo al usuario siguiente, que seguramente se lo habría llevado y punto. Más o menos, tranquilicé mi conciencia; la suma era mísera, cierto, pero no me gustaba la idea de que pudiera ser de algún colega (creo que tendría muchas menos contemplaciones en engañar a Hacienda, si pudiera).

Lo dicho: tiendo a encontrarme pasta en pequeñas dosis. Los de mi entorno se ríen, y hay quien piensa que hago alguna trampa, que no puede ser que me encuentre tantas chapas por casualidad. Es muy curioso. A lo mejor fui una urraca en otra vida y por eso me fijo en el metal brillante. O quizá sea un efecto más de mi baja autoestima, que me hace mirar al suelo.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Mejoría a mediodía

Vale, estoy dejando de moquear y hasta he podido ducharme para borrar un poco esta miseria. No voy a caer en la tentación de salir a la calle hoy, creo que la cagué con eso hace una semana. El tiempo gris tampoco atrae mucho.

Ayer por la tarde me dormí como una marmota en el sofá pequeño, con la tele puesta. Creo que esas siestas son lo mejor que tiene mi vida: son el reino del olvido, dulces y potentes a la vez, y estiran el tiempo. Cinco minutos pueden parecerle media hora a mi cerebro. Y además, me sientan bien, la de esta vez ha sido muy terapéutica para el resfriado. Tampoco parece que me roben horas de sueño nocturno. En fin, todo son ventajas. Ni siquiera oí el móvil, que debió de estar sonando. Hoy me he encontrado con un aviso de cena pre-navideña de la que me he librado por estar durmiendo. Ya decía que todo son ventajas (y eso es esquivar otra vez la ley de Murphy, ayer era mi día).

No pensaba que iba a hacer nada de provecho este fin de semana; bastante tenía con intentar recuperarme, pero finalmente sí he hecho algo: un bocetillo para mi página de fotos, y constatar que el Sony PRS 650 está bajando: 239 pavos en una conocida tienda. Es decir, mínimo 10 euros menos que el último precio. A ver cómo anda el Asus Note, que realmente es el que quiero, pero a falta de Asus bueno es Sony (y es una marca que me cae bien).

sábado, 11 de diciembre de 2010

Por la campana

Hoy he esquivado la ley de Murphy. Sigo con mi catarro a cuestas, pero había decidido bajar a desayunar fuera, porque es algo que echo de menos el resto de la semana y no hay que perder esas oportunidades. He aguantado como he podido, y luego, en lugar de ir a hacer compras, he enfilado el camino de casa.

Pues... cómo me alegro de haber hecho eso que es tan poco habitual: en cuanto me he dado la vuelta, me ha saludado la pesada más pesada del barrio, que sí iba hacia el supermercado. Hacía meses que no me topaba con ella, y justo hoy aparece. Si llegamos a ir en la misma dirección, fijo que se me habría pegado y me habría contado su vida y milagros, y un dolor de cabeza no es lo que más me apetece en estos momentos.

Llevo un rato aquí sola, con mi forro polar, mi manta y la calefacción encendida, y no se nota mucho el calor. Sin embargo, no tengo fiebre. Esto es demasiado para ser un vulgar catarro, pero sin fiebre tampoco lo llamaría una gripe. Quizá el antigripal me está evitando ver la temperatura que tengo en realidad, lo que también significa que funciona, por otra parte, si me está quitando grados o décimas.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Odd-Man-Out

He sacado el título de unos ejercicios de inglés que me ponían antaño, en los que había que señalar un concepto que no tenía nada que ver con el resto. Aquí va otra explicación.

Resulta que hoy, otra vez, todo el mundo parecía entender la situación, menos yo. Hablaban y hablaban, y me costaba mucho trabajo entender qué querían decir. Como si fuera otro idioma, uno muy extraño.

Sin embargo, creo que a la hora de actuar, entre que me hago mi composición de lugar y tomo decisiones, estoy al nivel de cualquiera.

No sé... creo que debería tener más confianza en mí misma, y también aceptar que no soy perfecta (cosa que es parte de la autoconfianza).

Tampoco tengo por qué demostrar nada, ya lo hice cuando me tocó hacerlo y salí bien librada. En realidad, muy bien librada.

Pero es que es curioso el tema: dame un libro de cualquier cosa y seguramente aprenderé lo que diga y podré aplicarlo. Dime que vaya a la pescadería a comprar merluza, y lo más probable es que acabe en la carnicería tratando de recordar qué tenía que comprar.

No hablo exactamente de despiste, creo que entiendo mejor unas frías instrucciones que a una persona que me explica las cosas.

Qué le vamos a hacer, supongo que funciono de otra manera, sea mejor o peor. La ansiedad simplemente es un factor que lo empeora aún más.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Y vuelve el fin de semana...

Semanas como esta dan gusto, aunque una se las pase cavilando. Siempre dan la oportunidad de autoengañarse pensando que ya es bastante razón para ser feliz el mero hecho de no ir a trabajar. Me encanta ese autoengaño.

He podido reconectar bastante bien con el trabajo de la semana pasada. Eso es una mala señal: significa que no desconecté del todo. Sin embargo, eso no me ha impedido dormir mucho, muchísimo.

Hoy me salto el gimnasio. Resulta complicado atender a las instrucciones entre estornudos. No quiero que me pase como aquella vez que fui a una clase de yoga y me tuve que marchar, casi con el aplauso de la gente, porque no podía parar de toser.

Me voy a dedicar a ver Dr. Oz, mi último descubrimiento. Es un médico de la tele yanqui que da consejos de salud. Resulta algo marujero, pero bueno, eso no tiene por qué ser malo. Donde más se nota es en el público del plató: casi todo son mujeres de mediana edad, salvo algún especialista.

Hmmm... qué poco tengo para contar.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Horas y horas

Uff, vaya noche larga de sueño. Cuando duermes demasiado, también te cuesta despertar, y en esas ando... Además, hace casi calor, antes notaba el sudor en el cuello.

No tengo planes para hoy, sólo escuchar el viento por debajo de la puerta. Al fin y al cabo, así estoy al nivel de todos los que aprovechan los días de fiesta para hacer nada.

Ja. No me lo creo ni yo. ¿Cómo pueden soportar estar quietos mirando al infinito, o viendo la tele sin más? A mí también me gusta la tele, pero es muy raro que no esté haciendo nada más mientras la veo. Sólo me pasa cuando hay House.

Que, por cierto, menudo morro le echan los de la Fox, anoche nos pusieron un episodio repetido. ¿Para esto se paga una tele por cable? Entre eso y lo que han tardado en volver a dar series decentes después del verano, me dan ganas de darme de baja. Total, si me interesa algo, ya encontraré la manera de verlo, como siempre.

Cómo sopla el viento. ¿Nos llevará al país de Nunca Jamás?

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Curioseo flickr.com. Llego a la conclusión de que el nivel está bajando. Por no hablar de lo repetitivo que es todo: modelazas con bokeh al fondo, pajaritos en la rama, atardeceres... Hombre, sigue habiendo mucha foto buena, pero la originalidad es cero desde hace tiempo, y creo que antes había mejores trabajos.

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Quizá tenga un poco de fiebre.

martes, 7 de diciembre de 2010

Vaya...

A lo mejor lo de no apetecerme para nada la ducha tenía un motivo: estaba incubando el supercatarro del año.

Sí, me he levantado con todo el lote: mocos por un lado de la nariz, supercongestión por el otro lado, sensación de haber recibido una paliza... Creo que también alguna décima de fiebre, porque me arden las manos.

En fin, qué le vamos a hacer, más que tomar un antigripal y hacerme un té con miel y limón a saco.

No sé cómo me las arreglo para pillar estas porquerías en fin de semana, puente, etc., pero casi siempre es así. Otros aprovechan que les da un miércoles cualquiera para no ir a currar, yo soy así de tonta.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Gorrina

Llevo tres días sin ducharme. Al principio podría haberse tomado como solidaridad con los viajeros atascados en los aeropuertos, pero ya no (paso de comentar la puta huelga, parece que no hay en el mundo otra noticia que dar en los telediarios).

En realidad, es pura vagancia. Y que el frío no ayudaba... hasta hoy, que han subido las temperaturas.

No, ya no tengo excusa: ni la falta de visitas, ni mi nula intención de ir a recepciones en embajadas, ni lo poco que sudo cuando estoy en casa.

A la una, a las dos y a las tres... a la ducha.


...

Lo hice, ya huelo a ser civilizado.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Cómo borrar el vacío

Los fines de semana suelen ser un largo vacío que sólo tiene de positivo que no hay que ir a trabajar ni levantarse temprano. Luego llega el lunes y nunca tengo nada especial que contar. El resto de la gente, parece que sí: fueron a no sé qué concierto, acabaron a las mil cerrando todos los bares de la ciudad, se fueron de fin de semana a no sé dónde... Se lo pasarían bien o mal, pero de cara a los demás tratan de hacer ver que se divirtieron, que fue algo especial.

No sé, esas cosas las he hecho yo también a veces, pero hace tiempo que paso de ellas. No me lo pasaba especialmente bien, el alcohol no me servía para olvidarme de mis problemas, y además no soy precisamente hábil en las relaciones sociales.

Hoy día queda a mi cargo ese vacío sin responsabilidades de viernes a lunes. Me angustiaba un poco saber que no tenía todo el sábado para mí, que había quedado en regar la maceta de la amistad obligándome a ir a un lugar que no me interesaba realmente. Sí, me libré de aquello, y entonces me enfrenté al vacío.

¿Cómo llenarlo? Me gustaría que fuera con amigos a los que les gusta el deporte de sábado por la mañana, pero actualmente todo el mundo tiene otras obligaciones: ayudar a los niños con los deberes, hacer la compra de la semana, limpiar y ordenar...

Como eso del deporte está un poco complicado, he llegado a un punto en el que doy por aprovechado el fin de semana si consigo hacer una sola cosa interesante, aunque dure media hora. Esta vez lo he conseguido con un dibujo: he retratado a un amigo y creo que se le reconoce. Eso me produce unas endorfinas, o lo que sea, que hacen que me dé igual pasarme el resto del puente en blanco, tirada en el sofá o quemándome los ojos delante de esta pantalla. Ya he hecho algo que, aunque no sea la maravilla de las maravillas, merecía la pena.

Además, así no castigo el cuerpo y queda una huella de lo que hice para el futuro, que no sé si es importante o no, pero al menos no es el recuerdo borroso de una borrachera que no venía a cuento.

En el fondo, ¿quién debería sentirse más desgraciado, mi entorno o yo?

sábado, 4 de diciembre de 2010

Tranquilidad

El ataque de ayer ya se me ha pasado. No sé, todo parece tranquilizarse un poco, y no sólo para mí: antes he estado con una persona que esperaba pésimas noticias de salud, y parece que todo se ha quedado en un aviso. Disfrutemos.

He vuelto a investigar tablets y ebooks. Y resulta que hay una tercera posibilidad: Asus tiene un cacharro que es tanto ebook como libreta. Éste se parece al Sony que me molaba, que también es táctil y tiene una función de tomar notas, pero yo diría que se escribe mejor en él. También es más barato. No estoy segura de que la pantalla sea buena; no usa tinta electrónica, sino que es un TFT sin retroiluminación. Lo de que no brilla ya es bueno, pero no sé si la tinta sigue siendo mejor... ni idea. Lo malo que le veo es que la pantalla tampoco es mate, refleja la luz como un charco. Habría que probarlo.

Como no creo que los precios vayan a bajar antes de enero, me lo apunto para entonces. Pero claro, necesito algún otro autorregalo. A ver si suben un poco las temperaturas y me animo a ir a ver escaparates. De momento tengo un librito en papel, pero queda un poco desangelado. Es patético: no te interesa nada, pero sabes que te vas a sentir mal si no recibes algunas cosas nuevas en Navidad, aunque sean regalos que tú te has comprado y no tengan nada de sorpresa.

No sé... ¿qué más me autocompro? No me vendría mal una llave inglesa para hacer chapuzas y partir cráneos.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Paranoias

He ido al banco a por pasta y el cajero no funcionaba. He entrado y he hecho el trámite en la ventanilla. Todo era normal, pero he tenido que contar varias veces el dinero que he sacado. La primera de ellas me ha parecido que el cajero, el humano, se había equivocado (él o la máquina que le da los billetes). Seguro que he dado una tremenda imagen de desconfiada allí, en la esquina de la sucursal. A veces es como si no supiera contar o no me creyera lo que me dicen mis dedos pasando billetes.


Después he tenido que guardar unos papeles valiosos en un armario de la oficina. He salido a la calle con un colega, que ha cerrado la puerta con llave. Bueno, pues apenas estaba fuera, cuando me ha entrado la neura de si había cerrado bien el armario. Y, como vienen días de fiesta y no se descansa con la duda en la cabeza, no he tenido más remedio que ir a comprobar si todo estaba en orden. Por supuesto, esa vez he sido yo quien ha chapado con varias vueltas de llave, y aun así me volvía a preguntar si todo estaba bien. Sé que la respuesta es sí, pero... no me quedo tranquila del todo. Si hay algo raro a la vuelta, será a mí a quien pregunten. Bueh, no es probable que pase nada, pero...

Argh.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Eterna juventud ratonil

Pues sí, flipé ayer cuando vi la noticia en una reseña de Google. Parece ser que activando un tipo de telomerasa, que es una enzima, se regeneran los telómeros de los cromosomas (algo parecido a los remates de los cordones de los zapatos), de modo que su propietario no envejece. El proceso natural es que vayan degenerando, acortándose, y eso nos hace envejecer.

Hace años vi un reportaje sobre telómeros que sugería que ahí estaban las claves del envejecimiento. Me pareció fascinante, de ciencia ficción, y supuse que tardarían generaciones en utilizar la información que tenían, pero no, creo que hará 15 años desde entonces.

Para producir estos efectos en los telómeros usan un medicamento llamado 4-hidroxitamoxifeno. Aún no se está probando en humanos, pero supongo que todo llegará. Eso sí: ¿quién se presta voluntario para el experimento? Yo, no. Me preocupa que pueda producir tumores, por ejemplo, y antes he visto que los científicos están preocupados por eso mismo.

Desde luego, si el tema funciona en humanos, las preguntas son muchas:
- ¿Quién tomará el medicamento? Si no se le da a todo el mundo, ¿se prolongará la vida de premios Nobel, o más bien de dictadores ricachos?
- Si se prolonga la vida de los premios Nobel y otros sabios, ¿por cuánto se multiplicará el conocimiento humano?
- Teniendo tanto tiempo para aprender, ¿todo el mundo estudiará de todo y eso también hará que la ciencia avance a mayor velocidad?
- ¿Dejaremos de reproducirnos? ¿Prohibirán la reproducción de los que no envejecen?
- ¿Cambiarán las leyes sobre el asesinato, el suicidio...?
- ¿Va esto en contra de alguna religión?
- ¿Realmente queremos vivir para siempre?
Etc.

Está claro que la edad de la jubilación se retrasaría... indefinidamente.