Así que, claro, no tiene nada de raro que esté como si me hubiera pasado una apisonadora por encima. Últimamente, mis viernes son así. Me acuerdo de cuando tenía aquella ansiedad que me agotaba por sí sola: la sensación es la misma, sólo que ahora la causa está clara, y es ese esfuerzo que no me doy cuenta de que hago. Me lo señalan el cansancio y el volumen de trabajo que saco adelante.
Luego trato de sacar tiempo para hobbies en casa, y lo saco, pero me pongo a hacer cualquier tontería y me da una pereza brutal. Quiero garabatear una cosa, pues no señor, me agoto antes de empezar. Quiero leer un libro, y a la tercera página ya no lo soporto, por muy bueno que me parezca. Lo único que hago es ver la tele. Me extraña no haber dejado este post a la mitad, será que también necesito desahogarme.