viernes, 31 de diciembre de 2010

Críos

Mi padre oye una entrevista a una famosa cuyo padre le dice que tenga hijos, porque si no va a quedarse sola para siempre. Viene y me lo cuenta. Casualmente, salen en la tele unos famosos que van a tener un bebé. Un momento más tarde surge mi propia edad en la conversación. Vale. Creo que no son imaginaciones mías: aquí hay una insinuación. No he contestado, me he dedicado a ignorarla descaradamente.

De todos modos, es como para darle la dirección de este blog, y concretamente la de aquella entrada que ahora no encuentro y que venía a decir que me parece de un egoísmo supino tener hijos. Además, no me gustan demasiado los críos. Si me gustaran, habría titulado este post de otra manera.

Paradojas de la vida: se me ha ocurrido preguntarle a Google a ver si conoce algún test de capacidades maternales, y me ha soltado unos cuantos. El primero me ha dado como resultado que no lo haría mal como madre; el segundo, que ni se me ocurra tener hijos, que lo haría fatal; y el de desempate, que sería una madre genial. Me pregunto si será porque soy consciente de lo que hay y veo las cosas con bastante objetividad.

Pero no, hombre, ni adoptando. A veces me siento egoísta por no ofrecer mi casa a un crío desprotegido de tantos que hay, pero una de dos: o me vuelvo paranoica con lo de cuidarlo, como en tantas circunstancias de la vida, o no le hago ni puto caso después de un par de días (esto es lo más probable).

jueves, 30 de diciembre de 2010

Ascos cotidianos

He ido a la panadería y voy a tirar todo el pan que he comprado. Así, de golpe. La razón: no me parece ni medio normal que la panadera se chupe el dedo para coger una bolsa y agarre las barras de pan con el mismo dedo. A la mierda, y no vuelvo.

De veras que no lo entiendo, ¿para eso tantas condiciones de higiene, tantas inspecciones, tanta licencia para manipular alimentos? Por no hablar de que andan tocando monedas y billetes, claro, pero lo del dedo me parece lo último, joder, qué asco. Podrían tener unas pinzas o un guante de goma, lo he visto en otros sitios.

Hace unos días vi que la del supermercado hacía lo mismo. Yo había dejado una bolsa a un lado, simplemente porque no se dejaba abrir, y cogí otra que sí se dejó. Nada, allá que va la tía, se moja el dedo y abre la que había apartado yo por imposible, y se pone a llenarla con mi compra. Muy amable, sí señor. Por supuesto, la bolsa fue a la basura en cuanto la vacié, pero me parece menos grave, porque los alimentos estaban envasados. Encima, tuve que soportar que la de las babas me mirara como a una patosa. Sí, seré patosa, pero no hago guarradas.

Otro motivo más para llevar bolsa ecológica propia, en lugar de coger las de la tienda.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Desconsumismo

El cansancio tremendo se me ha transformado en una colección de agujetas: me duelen los muslos, los glúteos, los abdominales... y eso que no tengo la impresión de haber forzado nada.

Hoy, por un rato, me he metido en el vaivén de la gente y sus compras. He vuelto a la pastelería nueva y he repuesto turrones. Luego he estado echando un vistazo en la perfumería, pero no para comprar colonias; ya decía que nunca las regalo. Sí me he fijado en esos estuches tan monos llenos de cosas como sales de baño, muñequitos... No sé, creo que soy la típica a la que le regalan algo y le llama más la atención el envoltorio que el contenido. Me gustan mucho las cajas bonitas. Hace un par de días estuve a punto de comprar un panettone de supermercado por la lata en la que venía. El dulce, en sí, me daba igual. Por cierto, sin lata costaba como la mitad de precio.

Bueno, finalmente me he comprado un cepillo de dientes eléctrico, que era lo que realmente necesito. Volviendo a casa, he oído a un señor con bastantes años que comentaba en voz alta que no sé quién estaba enamorada como una niña, y que habrase visto, a su edad... Me han dado ganas de decirle que el amor no tiene edad, a ver si no lo ha oído nunca. Y además, ¿qué le importará a él? Vive y deja vivir, hombre.

Ojalá fuera más consumista. En serio, me gustaría disfrutar con cualquier cosa que me ofrezcan en las tiendas, como cuando era pequeña. Si no se te vuelve una compulsión, es una forma fácil de disfrutar por un rato, lo mismo que el que se va al cine.

Creo que me va a tocar asesorar otra vez en la compra de electrónica. A ver si hay algo que me tiente a mí y aprovecho el viaje.

martes, 28 de diciembre de 2010

Los 80

Me los vendieron como paradigma de modernidad. A mí me parecían cutres. Me pregunto hasta qué punto tuvo que ver con eso haber vivido parte de mi infancia y mi adolescencia en esa época. Más que nada, se le podría achacar a la depresión adolescente. Sin embargo, a esta acusada la absuelvo en parte: realmente era cutre y deprimente lo que había. Esos pelos cardados, las hombreras, los colores y los diseños... Y no sé, tengo la impresión de que llovía más que ahora, o mejor dicho, el tiempo era más gris. Ahora, las veces que llueve, suele hacerlo de verdad; entonces, era todo gris y húmedo, como si viviéramos en una niebla constante.

He visto imágenes de una peli de colgaos de la época y es exactamente lo que recuerdo: óxido. Gente que quiere dar la imagen de moderna y resulta pobretona. Y, en medio, droga, sida, decadencia económica y social. La grisalla y la humedad se podían sentir en el aire. No se entiende: ¿por qué eran tan apagados los colores? Yo misma recuerdo mis vaqueros descoloridos y mis jerseys un par de tallas más grandes de lo normal, colgando por todas partes. Demasiado salmón, demasiado turquesa. Ya entonces no me gustaban esos tonos. Si la vida es deprimente, es mejor pintarlo todo de rojo, azul brillante...

No sé si tuvo algo de bueno esa época, aparte de que una crecía (¿realmente es bueno eso?). Como siempre, me pregunto qué haría ahora si pudiera vivirla otra vez. Supongo que disfrutar más de mis abuelos y dedicarme más a cosas que descuidé. Pero, ¿realmente tuve la oportunidad en su momento? ¿Tuve tiempo de aprovecharla? ¿Hice lo que debía, a fin de cuentas, dadas las circunstancias?

Preguntas a destiempo, respuestas nulas o inútiles. El mismo rollo de siempre.

Carpe diem, pero el diem de hoy mismo, no un tiempo que ya no existe.

Apisonada

Ayer fue dura la clase en el gimnasio. Cuando volví a casa, ni siquiera tenía hambre: me comí el resto del yogur gigante que me quedaba, puse a grabar la peli de Richard Gere y me fui a dormir. He dormido muchas horas, pero aún estoy machacada. Tengo fiesta y he salido a desayunar fuera... y he vuelto enseguida, porque necesitaba sentarme de verdad, no en un taburete.

Ahora acabo de redesayunar: frutos secos y tortitas de arroz, a ver si me recupero. No tengo agujetas, es sólo cansancio. ¿Por qué? Qué sé yo, posiblemente merendé poco, y después debería haber cenado de verdad.

Sigo desperdiciando mis días de vacaciones, sintiéndome vacía por estar casi todo el tiempo tirada por casa, sólo que hoy tengo una buena razón para desgastar el sofá. Y eso voy a seguir haciendo hasta la hora de comer y más allá.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Lo bueno de 2010

Ha habido de todo, bueno y malo. Lo malo me ronronea por ahí, sé que hay cosas con las que hay que hacer algo, pero quizá lo más inteligente sea esperar y ver hacia dónde tiran.

Me quedo con lo bueno:

- Librarme de mi trabajo anterior.
- Y su consecuencia: mejor calidad de sueño, más relajación.
- He mejorado mis capacidades artísticas. Son menos porquéricas. También trabajo a más velocidad.
- Tener a un tío detrás, y haber sido capaz de ver que no era conveniente. También hubo un punto a su favor: lo entendió y pareció conformarse, no se ha vuelto un pesado. Si no hubiera tenido novia, habría sido alguien muy a tener en cuenta.
- Hacerme con la cámara que quería.
- Viajar un poco.
- Esperar al menos una buena noticia para el año entrante.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Fiuuu...

Fue bien. Los dulces de la pastelería no-habitual gustaron, alguien incluso se sorprendió. No hubo discusiones, aunque sí se dijeron cosas que mejor habría sido callar, en plan mentar la soga en casa del ahorcado, pero bueno, el ahorcado debe de tener callos en las orejas, después de tanto tiempo y conociendo el percal.

Aún no he abierto mis (auto)regalos. Di lo que tenía que dar, me dijeron lo típico de por qué te has molestado y te has pasado con el regalo y no hacía falta. Y no es asunto mío, pero sé que ha habido personas que ni siquiera han hecho regalos a otras, y eso que supuestamente se llevan bien. En fin, la tacañería es la tacañería. Y se merece todo su nombre cuando no tiene nada que ver con situaciones de necesidad.

Todo el mundo duerme aún, y me parece normal, porque después de marcharse los invitados estuvimos viendo vídeos. Soy la única que, como siempre, no podía dormir ya a las nueve de la mañana.

Hoy es fiesta y no puedo hacer gran cosa. No tengo fotos que procesar, no me apeteció retratar langostinos ni turrones. La verdad es que llevo días rarilla con respecto a eso, con lo que soy yo para las instantáneas. Bueno, si es una nube de paso, dejémosla pasar. Total, tenemos mucho picoteo por delante.

***
Calma. Una se imagina los tejados con columnas de humo y las calles vacías. El volumen de la tele está bajo. Más de uno estará en plena siesta de recuperación de las horas de sueño perdidas.

Finalmente he pasado una buena parte de la mañana con un grafito y un trozo de papel. No me quejo del resultado. Hace un rato he mirado y tenía 34 vistazos en mi página. Nadie ha dicho nada, pero al menos se han molestado en entrar. Tampoco es imprescindible que digan nada, yo ya sé que no es un mal trabajo.

El resto del tiempo ha sido una larga conversación con mi madre. No solemos hablar tanto. A veces la echo de menos; por el contrario, hoy me ha parecido un tiempo excesivo el que me dedicaba. Me he enterado de algunos chismes familiares antiguos. Hay que ver, tengo una pila de años y aún hay asuntos que desconozco como si tuviera seis años.

Un día de estos tenemos que ir a gastar dinero por ahí, a comprar cosas tan bonitas como inútiles...

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Los regalos más absurdos

Estoy haciendo una lista de lo peor que se puede regalar, voilà:

- Una cafetera de cápsulas. Que conste que son muy bonitas, pero tienen demasiados inconvenientes: te ocupan media cocina en los pisos de hoy día, no admiten el café en paquetes de toda la vida y parece que las bebidas que hacen no son mucho mejores que las de las máquinas de nuestros trabajos.

- Un estuche de maquillaje de esos que parecen colecciones de acuarelas de todos los colores. A mí me parecen preciosos en los escaparates, pero... ¿alguien utiliza más de un par de tonos?

- Una agenda. Si no te las dan en el trabajo, las regalan las revistas, así que, ¿para qué comprar una para regalo? Vale, las hay muy buenas, de piel de primera calidad, con mapas, guía de vinos, con boli metálico incorporado y lo que sea... pero el formato me parece algo muy personal, algo con lo que difícilmente se acierta. Yo las prefiero de bolsillo o poco más, otra gente quiere algo de tamaño dietario, etc. Y además, ahora la mayor parte de la gente no usa agenda, con tanto artilugio electrónico que tiene esa función.

- Colonia. Los perfumes son algo tan personal que lo más probable es que la cagues. Las sensibilidades suelen ser todo un mundo. Anda que no hemos tenido frascos que no se gastaban nunca o que directamente apestaban. Como mucho, se puede regalar si se sabe muy bien cuál es la favorita de alguien, pero claro, eso es comprarle un repuesto poco original, aunque le encante.

- Cualquier cosa con estampado de leopardo o cebra. Lo siento, pero a muchas personas nos hace pensar en la ropa de las pilinguis de las películas o en actrices en decadencia, y jamás lo llevaríamos puesto.

- En general, ropa y zapatos, salvo que se conozcan muy bien los gustos del destinatario, y siempre con opción de cambio. Me parece absurdo lo de que los regalos no se cambian cuando se trata de algo que jamás en la vida vas a usar. No hay que condenar a nadie a tener que hacer sitio en el armario para una cosa que le horrorice cada vez que vaya a buscar algo que ponerse.

- Figuritas y souvenirs de esos que nunca se sabe dónde poner y acaban juntando polvo en un rincón o rompiéndose por "accidente".

- Animales. Esto va en serio: suelen acabar abandonados o muertos. Además, me parece un comercio que no hay que fomentar, las mascotas deben adoptarse como hijos, no comprarse como esclavos. Y con todas las consecuencias.

Creo que se me ocurrirán más... Quizá esté quedando como una persona difícil, pero más bien pretendo ayudar. No hay nada peor que regalar algo y que te pongan cara de horror mientras fingen que te lo agradecen.

martes, 21 de diciembre de 2010

Caserones

A veces me engancho a programas que, si estuviera sola delante de la tele, no vería. Pero me los ponen, y acabo viéndolos. Uno de ellos es Supercasas, que parece ser una especie de publicidad del arquitecto que ha construido todas las que van saliendo. Me pregunto para qué puede necesitar este hombre publicidad; tiene pinta de que el boca-a-boca entre famosillos y ricachos es suficiente, y desde luego el trabajo que hace tiene pinta de publicitarse solito. Como no sea para vender esas casas más asequibles que parecen cubitos de hormigón...

Me parece un tipo curioso, el arquitecto. Creo que parece mayor y no lo es tanto, tiene pluma y no debe de ser gay, a veces parece un tiradillo y resulta que está forrado... Tampoco tiene pelos en la lengua: en el último programa, dijo abiertamente que no le gustaban los niños, aunque, bueno, ahora sus hijos sí que le gustan, sobre todo el mayor (me pregunto qué pensará el menor cuando tenga edad de ver esos viejos programas que grabó su padre en 2010).

Las casas están muy bien, la mayoría son una pasada, a no ser que no te guste el estilo minimalista y de tonos neutros... como a mí. Seré una pobretona hortera, pero me gustan las habitaciones acogedoras, la madera y los sofás en los que caes y ya no puedes moverte del gusto. Creo que no podría vivir feliz sobre suelos de piedra o mármol, ni me apetece que todo sea blanco o negro. Y menos mal: si se me encapricharan semejantes edificios, viviría muerta de envidia, porque no creo que nunca llegue a tener semejante capital como para comprarme uno.

Me pasé el programa comparando la vida de los propietarios de estas casas con la de la gente que acababa de ver en 24h. Por ejemplo, otro arquitecto, éste de centros comerciales, que llevaba años en paro, tenía un niño y otro en camino. Había pedido curro de lo que fuera, y no le daban nada. Mal asunto, teniendo 40 y tantos años, aunque parecía tranquilo y equilibrado. Gente como esa está llenando los comedores gratuitos desde hace un tiempo, y está claro que ha cambiado el perfil del pobre. La verdad es que era como para echarse a temblar; no es descabellado que cualquiera pueda encontrarse de la noche a la mañana en esa situación.

No, nadie está a salvo.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Ni pa pinzas

Alguien ha llamado a la radio diciendo que no le han podido atender en el hospital después de un pequeño accidente doméstico... porque no tenían las pinzas que necesitaban. Le han dado un remedio provisional y le han remitido a otro hospital para dentro de un par de días. Yo lo flipo: no hay dinero para que un hospital tenga medios tan básicos como unas puñeteras pinzas. Nunca había oído nada por el estilo.

También lo flipé el otro día cuando oí que en los USA habían ejecutado a un preso con un sedante para animales. Sí, el tipo debía de ser bastante animal, no precisamente un angelito, pero resulta un poco extraño el tema. Pues resulta que la empresa que fabrica el pentotal sódico, que es lo que suele inyectarse en las ejecuciones, no tendrá existencias hasta la primavera. Hay rumores de que no les hace gracia que se utilice para esos menesteres, pero cogno, hace tiempo que se usa, y justo ahora, de repente, que les entre la vena ética... No sé, si se lo van a cargar de todos modos, mejor que suministren el material más adecuado, ¿no? Me parece que les puede estar afectando la crisis.

Y otra cosita: no sé si la misma crisis les habrá obligado a aceptar el encargo, pero resulta impactante estar viendo un programa nada menos que en National Geographic y que enel intermedio pongan un anuncio ¡de la iglesia de la Cienciología! Y no, no me confundo, entré en la web que anunciaban y lo confirmé. ¿Desde cuándo anuncia sectas un canal serio de divulgación científica?

Pero qué miedito da todo, mamma mia...

domingo, 19 de diciembre de 2010

Misterios ajenos

Qué rara es la gente...

Conozco a un chico con el que tengo cierta química. Si no fuera porque tiene pareja (sí, otra vez), me interesaría. Bueno, hasta cierto punto, porque hace cosas que no debería hacer por respeto a esa persona. Son tonterías de andar siempre revoloteando a mi alrededor... Bueno, hacía algún tiempo que se comportaba, ya que yo le había dado a entender que para que lleguemos a algo primero debe estar soltero. El caso es que habíamos dejado de vernos durante unas semanas, y cuando nos hemos vuelto a encontrar, vuelta a los revoloteos y las tonterías. Me hace gracia, pero llega a cansarme. Sobre todo, porque me hace pensar qué puñetas quiere. Estoy harta de este tipo de asuntos; siempre atraigo a los emparejados, o me atraen ellos.

Y luego tenía que poner mi propio granito de arena: el día que me encontré el céntimo en la calle, formulé un deseo al respecto... y lo que sucedió fue eso, que volvió a revolotear. No es exactamente lo que había pedido, pero me resultó agradable. Soy tonta.

Ufff, que no sea Mr X reloaded, por favor...

sábado, 18 de diciembre de 2010

La semana entrante...

Uf, la que me espera, tengo un trabajo complicado que ventilar, otro que modificar... y vienen los días de la lotería, comida laboral, Nochebuena, etc.

Ayer decían en Telecinco que las comidas navideñas del trabajo son un momento en el que se olvidan los roces y los malos rollos que ha podido haber durante el año. Ja, y yo voy y me lo creo. Llevo ya muchas, y lo que suele suceder es que vamos con nuestros amigos o con gente que ni nos va ni nos viene, pero evitamos a los cabrones con los que hemos tenido movidas.

Ya he hecho casi todas las compras de Navidad. Mi e-book queda para después, acaban de salir los de tinta en color, así que tiene que haber una bajada de precios pronto. Por el momento, he visto ofertas de diez euros menos sobre el precio habitual, pero siguen siendo trastos caros para lo que son. Eso no me soluciona el tema de mi regalo; tengo un librito de papel, sí, pero quiero algo que me cree la ilusión de la abundancia, un montón de pequeñas cosas... OK, tengo unos días aún... y muchos todo-a-cien abiertos.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Primer paciente curado del VIH

Uau, qué época de avances científicos, y qué poca repercusión tiene en los medios...

Parece que en Berlín por primera vez han "negativizado" a un seropositivo, consideran que se ha curado. Andan diciéndolo con cautela, seguramente le analizarán a cada paso, pero de momento, está limpio.

El tema es que este hombre, un tal Brown, tuvo una leucemia y se la trataron con células madre. El donante de estas células no es cualquiera, es una persona resistente al VIH cuyas células no tienen la "cerradura" que el virus necesita abrir para entrar en ellas. Ha sido un proceso largo, pero ha terminado con los depósitos de virus que tenía en el cuerpo, y a día de hoy es seronegativo.

Menudo marrón, tener el virus del sida y encima leucemia. Seguro que no daban dos céntimos por él, y entonces el tío va y se cura, imagino que de las dos cosas. Y teniendo que dar gracias a la leucemia, claro.

Aquí hay un poco de información, aunque sea en inglés.

Pre-Navidad

El otro día, yendo en bus, pasé por una zona rural. En esta época del año suelo pensar que hay un silencio especial en los campos vacíos, algo que es como un brillo en la hierba y que me hace pensar en los días que vienen.
Cuando estoy en esa onda, me vienen a la cabeza el paso del tiempo, la oscuridad, lo breve que es la vida, el fin del mundo... y, a pesar de todo, hay algo tradicional y confortante en ese silencio. Es casi mágico, y me resulta muchísimo más navideño que esas luces comerciales que han puesto en mi calle antes de tiempo y que, aunque sean menos horteras que otras veces, me dan tentaciones de quitar a tijeretazos. Eso sí, con guantes de goma, que los cables tienen que tener muchos voltios.

Ya tendría que haber hecho las compras de Navidad. Este año tengo el problema añadido de que se ha jubilado el pastelero del barrio y tengo que desplazarme un poco más lejos para ir a comprar. No sé qué tal funcionarán las pastelerías más apartadas en cuestión de turrones, polvorones, trufas..., pero habrá que probar. Desde luego, nada de tirar de supermercado, y no es por pijerío, es que, si es necesario, prefiero comprarme cuatro dulces buenos que ocho mediocres, o cambiar el presupuesto dedicando más a esto y menos a cualquier otra cosa. Si en estas fechas no miramos la calidad, no sé cuándo vamos a hacerlo. Seguro que nuestro estómago nos lo agradece, y engordaremos menos.

martes, 14 de diciembre de 2010

Zahorí involuntaria

Anteayer me encontré un céntimo por la calle. Me dijeron que cuando pasa eso hay que pedir un deseo, y eso hice. Lo cierto es que por la tarde tuve una pequeña sorpresa en relación con el deseo, pero de eso hablaré otro día. En fin, al grano: no sé por qué, tiendo a encontrar monedas por la calle, como los zahoríes con el agua, pero sin varita. Lamentablemente, nunca hay billetes, o no soy yo quien los avista. Bueno, no me quejo, la mayoría de la gente nunca se topa con estas propinillas.

Y eso no es nada. Ayer me dio un mono tremendo de chocolate cuando estaba currando. Salí, fui a la máquina de chucherías, metí las monedas y pulsé el numerito de las chocolatinas. Bueno, pues debía de tener el día sensible la maquinita, porque entendió que había pulsado dos veces el 1, y me dio una barrita de cereales que no se parecía en nada a lo que yo quería. Eso sí, me dio el cambio religiosamente, ya que es más barata y sobraba pasta. Buah, yo seguía con el mono, que ya parecía un gorila sentado en mi hombro, así que fui a la máquina de bebidas y pedí un chocolate líquido. Me lo sirvió sin problemas, y cuando fui a recoger el cambio... sorpresa: en lugar de tener ahí cinco céntimos, tenía 35. Supongo que alguien los había olvidado. En resumidas cuentas: tuve mi chocolate gratis, y la barrita de cereales, bien barata.
Luego pensé si no debería haber dejado ahí lo que no era mío, pero resulta que es una zona semipública donde puede entrar prácticamente cualquiera, y vete a averiguar a quién pertenecía el cambio. Sí, podría haberlo dejado, inhibirme, pero eso habría sido dejárselo al usuario siguiente, que seguramente se lo habría llevado y punto. Más o menos, tranquilicé mi conciencia; la suma era mísera, cierto, pero no me gustaba la idea de que pudiera ser de algún colega (creo que tendría muchas menos contemplaciones en engañar a Hacienda, si pudiera).

Lo dicho: tiendo a encontrarme pasta en pequeñas dosis. Los de mi entorno se ríen, y hay quien piensa que hago alguna trampa, que no puede ser que me encuentre tantas chapas por casualidad. Es muy curioso. A lo mejor fui una urraca en otra vida y por eso me fijo en el metal brillante. O quizá sea un efecto más de mi baja autoestima, que me hace mirar al suelo.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Mejoría a mediodía

Vale, estoy dejando de moquear y hasta he podido ducharme para borrar un poco esta miseria. No voy a caer en la tentación de salir a la calle hoy, creo que la cagué con eso hace una semana. El tiempo gris tampoco atrae mucho.

Ayer por la tarde me dormí como una marmota en el sofá pequeño, con la tele puesta. Creo que esas siestas son lo mejor que tiene mi vida: son el reino del olvido, dulces y potentes a la vez, y estiran el tiempo. Cinco minutos pueden parecerle media hora a mi cerebro. Y además, me sientan bien, la de esta vez ha sido muy terapéutica para el resfriado. Tampoco parece que me roben horas de sueño nocturno. En fin, todo son ventajas. Ni siquiera oí el móvil, que debió de estar sonando. Hoy me he encontrado con un aviso de cena pre-navideña de la que me he librado por estar durmiendo. Ya decía que todo son ventajas (y eso es esquivar otra vez la ley de Murphy, ayer era mi día).

No pensaba que iba a hacer nada de provecho este fin de semana; bastante tenía con intentar recuperarme, pero finalmente sí he hecho algo: un bocetillo para mi página de fotos, y constatar que el Sony PRS 650 está bajando: 239 pavos en una conocida tienda. Es decir, mínimo 10 euros menos que el último precio. A ver cómo anda el Asus Note, que realmente es el que quiero, pero a falta de Asus bueno es Sony (y es una marca que me cae bien).

sábado, 11 de diciembre de 2010

Por la campana

Hoy he esquivado la ley de Murphy. Sigo con mi catarro a cuestas, pero había decidido bajar a desayunar fuera, porque es algo que echo de menos el resto de la semana y no hay que perder esas oportunidades. He aguantado como he podido, y luego, en lugar de ir a hacer compras, he enfilado el camino de casa.

Pues... cómo me alegro de haber hecho eso que es tan poco habitual: en cuanto me he dado la vuelta, me ha saludado la pesada más pesada del barrio, que sí iba hacia el supermercado. Hacía meses que no me topaba con ella, y justo hoy aparece. Si llegamos a ir en la misma dirección, fijo que se me habría pegado y me habría contado su vida y milagros, y un dolor de cabeza no es lo que más me apetece en estos momentos.

Llevo un rato aquí sola, con mi forro polar, mi manta y la calefacción encendida, y no se nota mucho el calor. Sin embargo, no tengo fiebre. Esto es demasiado para ser un vulgar catarro, pero sin fiebre tampoco lo llamaría una gripe. Quizá el antigripal me está evitando ver la temperatura que tengo en realidad, lo que también significa que funciona, por otra parte, si me está quitando grados o décimas.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Odd-Man-Out

He sacado el título de unos ejercicios de inglés que me ponían antaño, en los que había que señalar un concepto que no tenía nada que ver con el resto. Aquí va otra explicación.

Resulta que hoy, otra vez, todo el mundo parecía entender la situación, menos yo. Hablaban y hablaban, y me costaba mucho trabajo entender qué querían decir. Como si fuera otro idioma, uno muy extraño.

Sin embargo, creo que a la hora de actuar, entre que me hago mi composición de lugar y tomo decisiones, estoy al nivel de cualquiera.

No sé... creo que debería tener más confianza en mí misma, y también aceptar que no soy perfecta (cosa que es parte de la autoconfianza).

Tampoco tengo por qué demostrar nada, ya lo hice cuando me tocó hacerlo y salí bien librada. En realidad, muy bien librada.

Pero es que es curioso el tema: dame un libro de cualquier cosa y seguramente aprenderé lo que diga y podré aplicarlo. Dime que vaya a la pescadería a comprar merluza, y lo más probable es que acabe en la carnicería tratando de recordar qué tenía que comprar.

No hablo exactamente de despiste, creo que entiendo mejor unas frías instrucciones que a una persona que me explica las cosas.

Qué le vamos a hacer, supongo que funciono de otra manera, sea mejor o peor. La ansiedad simplemente es un factor que lo empeora aún más.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Y vuelve el fin de semana...

Semanas como esta dan gusto, aunque una se las pase cavilando. Siempre dan la oportunidad de autoengañarse pensando que ya es bastante razón para ser feliz el mero hecho de no ir a trabajar. Me encanta ese autoengaño.

He podido reconectar bastante bien con el trabajo de la semana pasada. Eso es una mala señal: significa que no desconecté del todo. Sin embargo, eso no me ha impedido dormir mucho, muchísimo.

Hoy me salto el gimnasio. Resulta complicado atender a las instrucciones entre estornudos. No quiero que me pase como aquella vez que fui a una clase de yoga y me tuve que marchar, casi con el aplauso de la gente, porque no podía parar de toser.

Me voy a dedicar a ver Dr. Oz, mi último descubrimiento. Es un médico de la tele yanqui que da consejos de salud. Resulta algo marujero, pero bueno, eso no tiene por qué ser malo. Donde más se nota es en el público del plató: casi todo son mujeres de mediana edad, salvo algún especialista.

Hmmm... qué poco tengo para contar.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Horas y horas

Uff, vaya noche larga de sueño. Cuando duermes demasiado, también te cuesta despertar, y en esas ando... Además, hace casi calor, antes notaba el sudor en el cuello.

No tengo planes para hoy, sólo escuchar el viento por debajo de la puerta. Al fin y al cabo, así estoy al nivel de todos los que aprovechan los días de fiesta para hacer nada.

Ja. No me lo creo ni yo. ¿Cómo pueden soportar estar quietos mirando al infinito, o viendo la tele sin más? A mí también me gusta la tele, pero es muy raro que no esté haciendo nada más mientras la veo. Sólo me pasa cuando hay House.

Que, por cierto, menudo morro le echan los de la Fox, anoche nos pusieron un episodio repetido. ¿Para esto se paga una tele por cable? Entre eso y lo que han tardado en volver a dar series decentes después del verano, me dan ganas de darme de baja. Total, si me interesa algo, ya encontraré la manera de verlo, como siempre.

Cómo sopla el viento. ¿Nos llevará al país de Nunca Jamás?

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Curioseo flickr.com. Llego a la conclusión de que el nivel está bajando. Por no hablar de lo repetitivo que es todo: modelazas con bokeh al fondo, pajaritos en la rama, atardeceres... Hombre, sigue habiendo mucha foto buena, pero la originalidad es cero desde hace tiempo, y creo que antes había mejores trabajos.

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Quizá tenga un poco de fiebre.

martes, 7 de diciembre de 2010

Vaya...

A lo mejor lo de no apetecerme para nada la ducha tenía un motivo: estaba incubando el supercatarro del año.

Sí, me he levantado con todo el lote: mocos por un lado de la nariz, supercongestión por el otro lado, sensación de haber recibido una paliza... Creo que también alguna décima de fiebre, porque me arden las manos.

En fin, qué le vamos a hacer, más que tomar un antigripal y hacerme un té con miel y limón a saco.

No sé cómo me las arreglo para pillar estas porquerías en fin de semana, puente, etc., pero casi siempre es así. Otros aprovechan que les da un miércoles cualquiera para no ir a currar, yo soy así de tonta.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Gorrina

Llevo tres días sin ducharme. Al principio podría haberse tomado como solidaridad con los viajeros atascados en los aeropuertos, pero ya no (paso de comentar la puta huelga, parece que no hay en el mundo otra noticia que dar en los telediarios).

En realidad, es pura vagancia. Y que el frío no ayudaba... hasta hoy, que han subido las temperaturas.

No, ya no tengo excusa: ni la falta de visitas, ni mi nula intención de ir a recepciones en embajadas, ni lo poco que sudo cuando estoy en casa.

A la una, a las dos y a las tres... a la ducha.


...

Lo hice, ya huelo a ser civilizado.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Cómo borrar el vacío

Los fines de semana suelen ser un largo vacío que sólo tiene de positivo que no hay que ir a trabajar ni levantarse temprano. Luego llega el lunes y nunca tengo nada especial que contar. El resto de la gente, parece que sí: fueron a no sé qué concierto, acabaron a las mil cerrando todos los bares de la ciudad, se fueron de fin de semana a no sé dónde... Se lo pasarían bien o mal, pero de cara a los demás tratan de hacer ver que se divirtieron, que fue algo especial.

No sé, esas cosas las he hecho yo también a veces, pero hace tiempo que paso de ellas. No me lo pasaba especialmente bien, el alcohol no me servía para olvidarme de mis problemas, y además no soy precisamente hábil en las relaciones sociales.

Hoy día queda a mi cargo ese vacío sin responsabilidades de viernes a lunes. Me angustiaba un poco saber que no tenía todo el sábado para mí, que había quedado en regar la maceta de la amistad obligándome a ir a un lugar que no me interesaba realmente. Sí, me libré de aquello, y entonces me enfrenté al vacío.

¿Cómo llenarlo? Me gustaría que fuera con amigos a los que les gusta el deporte de sábado por la mañana, pero actualmente todo el mundo tiene otras obligaciones: ayudar a los niños con los deberes, hacer la compra de la semana, limpiar y ordenar...

Como eso del deporte está un poco complicado, he llegado a un punto en el que doy por aprovechado el fin de semana si consigo hacer una sola cosa interesante, aunque dure media hora. Esta vez lo he conseguido con un dibujo: he retratado a un amigo y creo que se le reconoce. Eso me produce unas endorfinas, o lo que sea, que hacen que me dé igual pasarme el resto del puente en blanco, tirada en el sofá o quemándome los ojos delante de esta pantalla. Ya he hecho algo que, aunque no sea la maravilla de las maravillas, merecía la pena.

Además, así no castigo el cuerpo y queda una huella de lo que hice para el futuro, que no sé si es importante o no, pero al menos no es el recuerdo borroso de una borrachera que no venía a cuento.

En el fondo, ¿quién debería sentirse más desgraciado, mi entorno o yo?

sábado, 4 de diciembre de 2010

Tranquilidad

El ataque de ayer ya se me ha pasado. No sé, todo parece tranquilizarse un poco, y no sólo para mí: antes he estado con una persona que esperaba pésimas noticias de salud, y parece que todo se ha quedado en un aviso. Disfrutemos.

He vuelto a investigar tablets y ebooks. Y resulta que hay una tercera posibilidad: Asus tiene un cacharro que es tanto ebook como libreta. Éste se parece al Sony que me molaba, que también es táctil y tiene una función de tomar notas, pero yo diría que se escribe mejor en él. También es más barato. No estoy segura de que la pantalla sea buena; no usa tinta electrónica, sino que es un TFT sin retroiluminación. Lo de que no brilla ya es bueno, pero no sé si la tinta sigue siendo mejor... ni idea. Lo malo que le veo es que la pantalla tampoco es mate, refleja la luz como un charco. Habría que probarlo.

Como no creo que los precios vayan a bajar antes de enero, me lo apunto para entonces. Pero claro, necesito algún otro autorregalo. A ver si suben un poco las temperaturas y me animo a ir a ver escaparates. De momento tengo un librito en papel, pero queda un poco desangelado. Es patético: no te interesa nada, pero sabes que te vas a sentir mal si no recibes algunas cosas nuevas en Navidad, aunque sean regalos que tú te has comprado y no tengan nada de sorpresa.

No sé... ¿qué más me autocompro? No me vendría mal una llave inglesa para hacer chapuzas y partir cráneos.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Paranoias

He ido al banco a por pasta y el cajero no funcionaba. He entrado y he hecho el trámite en la ventanilla. Todo era normal, pero he tenido que contar varias veces el dinero que he sacado. La primera de ellas me ha parecido que el cajero, el humano, se había equivocado (él o la máquina que le da los billetes). Seguro que he dado una tremenda imagen de desconfiada allí, en la esquina de la sucursal. A veces es como si no supiera contar o no me creyera lo que me dicen mis dedos pasando billetes.


Después he tenido que guardar unos papeles valiosos en un armario de la oficina. He salido a la calle con un colega, que ha cerrado la puerta con llave. Bueno, pues apenas estaba fuera, cuando me ha entrado la neura de si había cerrado bien el armario. Y, como vienen días de fiesta y no se descansa con la duda en la cabeza, no he tenido más remedio que ir a comprobar si todo estaba en orden. Por supuesto, esa vez he sido yo quien ha chapado con varias vueltas de llave, y aun así me volvía a preguntar si todo estaba bien. Sé que la respuesta es sí, pero... no me quedo tranquila del todo. Si hay algo raro a la vuelta, será a mí a quien pregunten. Bueh, no es probable que pase nada, pero...

Argh.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Eterna juventud ratonil

Pues sí, flipé ayer cuando vi la noticia en una reseña de Google. Parece ser que activando un tipo de telomerasa, que es una enzima, se regeneran los telómeros de los cromosomas (algo parecido a los remates de los cordones de los zapatos), de modo que su propietario no envejece. El proceso natural es que vayan degenerando, acortándose, y eso nos hace envejecer.

Hace años vi un reportaje sobre telómeros que sugería que ahí estaban las claves del envejecimiento. Me pareció fascinante, de ciencia ficción, y supuse que tardarían generaciones en utilizar la información que tenían, pero no, creo que hará 15 años desde entonces.

Para producir estos efectos en los telómeros usan un medicamento llamado 4-hidroxitamoxifeno. Aún no se está probando en humanos, pero supongo que todo llegará. Eso sí: ¿quién se presta voluntario para el experimento? Yo, no. Me preocupa que pueda producir tumores, por ejemplo, y antes he visto que los científicos están preocupados por eso mismo.

Desde luego, si el tema funciona en humanos, las preguntas son muchas:
- ¿Quién tomará el medicamento? Si no se le da a todo el mundo, ¿se prolongará la vida de premios Nobel, o más bien de dictadores ricachos?
- Si se prolonga la vida de los premios Nobel y otros sabios, ¿por cuánto se multiplicará el conocimiento humano?
- Teniendo tanto tiempo para aprender, ¿todo el mundo estudiará de todo y eso también hará que la ciencia avance a mayor velocidad?
- ¿Dejaremos de reproducirnos? ¿Prohibirán la reproducción de los que no envejecen?
- ¿Cambiarán las leyes sobre el asesinato, el suicidio...?
- ¿Va esto en contra de alguna religión?
- ¿Realmente queremos vivir para siempre?
Etc.

Está claro que la edad de la jubilación se retrasaría... indefinidamente.

martes, 30 de noviembre de 2010

domingo, 28 de noviembre de 2010

Domingo de hibernación

Esto es como una ciudad post-nuclear. No pasa nadie por la calle. Todo parece dormido.

Es el segundo día que encendemos la calefacción. Quizá deberíamos haberlo hecho antes; si no lo hacíamos, seguramente era por hacernos los valientes, más que por ahorrar. Yo misma no quería ser la primera que diera su brazo a torcer.

Ahora tengo la tripa llena, hace días que parece que intentan cebarme. Y yo que quería hacer dieta pre-navideña... El caso es que había perdido casi un kilo, simplemente dejando de picotear entre horas, pero seguro que ya me lo han hecho coger de nuevo.

Esta poca luz me da sueño, pero si me tumbo ahora, creo que me sentará mal la comida pesada esta. Que también me da sueño.

Quizá me espere una semana dura. Para empezar, mañana tengo que leer cierta documentación, me pedirán que exponga un resumen y que opine al respecto. Mi opinión verdadera seguro que se puede reducir a "me importa un huevo de orangután", pero no creo que eso sea lo que las jerarquías quieren oír. Tendré que decir que es interesante, y cómo aplicarlo a nuestra situación actual, o por qué es imposible hacerlo.

O sea, tendría que aprovechar el domingo como sea, buscar la chispa de felicidad que desaparecerá para el lunes. Había pensado en buscar la Moleskine, la libretilla que ya se me había quedado pequeña, y ponerme a hacer cosas en ella. Otra posibilidad es coger la otra Moleskine, en la que escribo poemas ridículos, y sacar un poco de lo que tengo dentro y quizá no tenga espacio en este blog. Mientras lo pienso, se me está pasando la tarde, minuto a minuto.

En fin, sin agobios, que dentro de poco viene un puente laaargo.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Lluvia, frío...

Ayer me animé a ir al gimnasio, al final. Estábamos poca gente, y tuve que apañármelas con mi rival, que pesa muchos kilos más que yo. No me quejo, salí bastante bien librada. Creo que estoy fuerte y tengo un poco menos de grasa corporal. Ojalá dure mucho así.

Luego programé el vídeo para que grabara The Walking Dead, pero algo salió mal y todo lo que se ha grabado es una pantalla en negro. No sé por qué, ya que el temporizador estaba bien, y al comprobar la cinta esta mañana, también grababa como es debido. Lo único que se me ocurre es que algo pasó con la emisión, es decir, que el canal tuvo alguna avería y no habría podido hacer nada, ni verlo en directo. Menos mal que esta noche lo repiten.

Hace un tiempo horrible. Voy a ver si hago algo de lo que decía ayer: ponerme con el material de la oposición, por lo menos.

...

OK, ya le he echado un vistazo. Yo lo veo factible, creo que se entiende bien. He hecho un ejercicio práctico, y me he visto segura. A ver si hablo con una persona y lo comentamos, pero creo que he respondido correctamente. Es mucho trabajo, claro, y aún no se ha convocado nada, pero me parece una tarea soportable, dentro de lo que cabe.


Hum... el problema de siempre: ¿qué hacer con el resto del sábado? Si ahora grabo el DVD de las fotos, ya no me quedará nada para matar el tiempo. O para impedir que el tiempo me mate a mí, mejor dicho.

Noto el aburrimiento subiendo como una sucia inundación. Lo único que le queda a una persona como yo, sin vida social, es distraerse a solas. Me gustaría ir a la calle, ver la luz y respirar otro aire que no sea el de mi cuarto de estar. Lo malo es que llueve, y de todos modos no me gusta mucho pasear; hay demasiados imbéciles por ahí. Luego hay gente que lo soluciona todo yendo de compras, pero hace algún tiempo que eso me deja cierta sensación de vacío, de ser una marioneta del consumismo. No me llama. La vida es una puñeta: de pequeña, deseaba poder comprarme todos los juguetes del mundo, pero mi paga no alcanzaba y por Navidad no se podía pedir todo, porque entonces te quedabas sin nada. Ahora no es que sea rica, pero podría comprarme todos los juguetes interesantes de los catálogos... y no me atraen. Sí, de ese modo aprendí a seleccionar, a no despilfarrar, pero... ojalá me siguieran gustando todos esos trastos.

Bueno, al menos, estoy tranquila. También es bueno que se me haya dado bien ese ejercicio que comentaba. Autoestima salvada (por hoy).

NOTA: mi sábado ideal sería así:
- Despertarme a las 9.
- Ir al bar a comer algo a las 9:30.
- Hacer deporte con más gente de 10:30 a 11:30.
- Ducharme, o mejor, bañarme, de 11:30 a 12:00, por lo menos.
- Cocinar y comer.
- Vaguear en el sofá mientras veo alguna serie buena.
- Si me apetece, salir un rato.
- Encontrarme con alguien y tomar un par de cañas.
- Estar en casa a una hora razonable y vaguear hasta la hora de ir a dormir.

(Me acabo de dar cuenta de que ahí no entra internet, ni siquiera he pensado en ello, de veras.)

viernes, 26 de noviembre de 2010

Calma chicha

No tengo nada que hacer. Tengo cierta tranquilidad, y aún no estoy angustiada.

Ya que el fin de semana viene tranquilo, al menos en principio... a lo mejor puedo planearlo un poco. Veamos:

- Me estoy planteando ir al gimnasio o no. Lo decidiré a última hora.
- Como excusa para no ir, tengo un leve dolor en la zona dorsal, resultado de haber estado torcida delante de la pantalla, estirando el brazo. Además, tengo agujetas en el hombro izquierdo.
- Como razón para ir, debo pensar que ahora estoy bien, pero si no salgo de casa de aquí al lunes, empezaré a ponerme neurótica, como siempre. Más vale generar unas pocas endorfinas.
- A ver si me acuerdo de grabar The Walking Dead. Mañana buscaré la repetición de Mujeres desesperadas, no para mí, sino porque me han pedido que lo grabe.
- Por supuesto, mañana veré The Walking Dead.
- Necesito pasta, pero mejor estiro la que tengo hasta el lunes. Creo que podré, prefiero usar el cajero que está cerca del trabajo.
- Necesito un nov... estooo... no, nada.
- Me han pasado material de una oposición para que vea cómo me las apaño. He quedado en echarle un vistazo, y eso me supondrá un rato mañana.
- Tengo muchas fotos en el disco duro y tendría que pasarlas a DVD.
- Y...

Mm, no tengo grandes planes de aquí al domingo, es evidente.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Economista aficionada

No sabía que tenía visión empresarial. Como siempre he sido currita...

Hoy he estado en un breve curso en el que había que hacer ejercicios prácticos, y uno de ellos tenía que ver con una empresa con bastantes problemas que había que salvar. En realidad, se trataba de ver cómo trabajábamos en equipo, pero yo me he quedado con un detalle en particular, uno que me ha dejado pensando.

Resulta que todo el mundo hablaba de que la solución estaba en unirse a otras empresas, crear departamentos nuevos, mandar a la gente a hacer másters... y a nadie se le había ocurrido prescindir del intermediario y ponerse a proveer directamente a los minoristas.

Por un lado, me mejora la autoestima haber sido la única de mi zona en darse cuenta de eso, pero por otro lado... creo que hay mucha gente que no está en el mundo, y así nos va como nos va. Sobre todo, flipo con esa visión que tienen de que formar a la gente con cursos caros salva a una empresa en tiempos de crisis. Es como una distorsión de eso que dicen de que cuando se está en paro o a punto de estarlo hay que formarse. Sí, eso está muy bien, pero, ¿y si no hay cursos gratis y tú no tienes dinero? Pues a nivel de empresa, lo mismo. Además, esas personas formadas puede que sean las primeras que abandonen el barco, si el postgrado les abre otras puertas. Vamos, se les paga la formación para que acaben largándose, dejando todo empantanado.

Creo que lo que salva una empresa así, a lo grande, es tener más imaginación, trabajar más que la competencia y hacer los sacrificios que se pueda. Aunque, claro, espero que mi empresa no lea este post, o me veré en un lugar muy extraño en la lucha de clases.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Percepción y reacción

No me entero. Como no me interese la cosa, eso es lo que pasa: que no me entero. Ya me puede ir la vida en ello, que da lo mismo.

Hoy, por ejemplo, he tratado de centrarme en un asunto, de estar atenta, y me he visto mejor que el otro día. Sin embargo, un rato después, todo el mundo ha comentado detalles que para mí no han existido. Ignoro si ha ocurrido también lo contrario, que el resto no ha reparado en cosas que a mí me han llamado la atención.

Yo diría que me fijo mucho más en los árboles que en el bosque. Me cuesta tener la imagen de conjunto, y más cuando quien te explica el tema es una persona dispersa.

Y al final, me siento una perfecta desgraciada, con la autoestima por los suelos. Realmente me siento inferior en esos momentos, a pesar de que en el fondo sé que no tiene sentido, porque ya he demostrado con creces lo que había que demostrar.

Encima, están las opiniones de esas personas tan seguras de sí mismas, que resultan tan convincentes. No puedo evitar asumir su punto de vista como "el bueno", de modo que margino el mío, y más siendo tan despistada. No debo de tener ninguna seguridad en mí misma, y mi autoestima tiene que estar bajo mínimos.

Por el contrario, cuando algo me interesa o me gusta, es a mí a quien preguntan sobre los detalles y las tareas. No tengo que andar averiguando qué se espera de mí a continuación.

Pero eso sucede tan pocas veces...

martes, 23 de noviembre de 2010

Testeando, tonteando

Dicen que los seres humanos medios nos movemos en una escala que va del autismo a la esquizofrenia. Es decir, la normalidad es como un espacio entre esas dos fronteras terribles, y tendemos a estar formados de una combinación de ambas, de modo que predominan en nosotros rasgos autistas o esquizofrénicos, sin que lleguen a ser un problema.

Si alguien me hubiese preguntado qué pienso yo que predomina en mí, fijo que habría dicho que el autismo, sobre todo porque tiendo a aislarme.

... y parece que tenía razón: en los tests que vienen en http://espectroautista.info/tests, rozo el síndrome de Asperger. En el test de amistad, me consideran claramente dentro de los parámetros de este síndrome.

En las páginas sobre psicología te suelen advertir de que los tests de internet no deben considerarse pruebas de nada, que es un especialista el que debe decir qué es lo que hay. Sin embargo, me parece significativo eso de que en todos los tests tiendo hacia lo mismo.

Es decir, no creo que sea Asperger lo que me pasa, pero mi tendencia va en esa línea.

Lo mismo que mi jefa tiende a la esquizofrenia...

lunes, 22 de noviembre de 2010

Aventura universitaria

Hoy he tenido que ir a media mañana a la universidad. Tenía que hablar con una persona que trabaja en una facultad. Total, que me han dicho que se iba a retrasar un poco y me he dedicado a deambular un rato por ahí. He acabado en la facultad de Medicina, pensando lo rara que es la vida, sobre todo si lo que pasa es que quizás te has equivocado con la tuya.

No sé, soy culo de mal asiento, puede que ahora estuviera asqueada de otras cosas si me hubiera atrevido, pero... creo que debería haberme lanzado a estudiar para médica. Lo que he visto hoy echaría para atrás a mucha gente, pero no a mí, y eso me da mucho que pensar.

Resulta que he pasado por delante de una clase de prácticas que tenía la puerta abierta y he visto un montón de estudiantes con batas blancas, y un cráneo encima de una repisa. Ni idea de si era auténtico o un modelo made in Taiwan. Quizá fuera esto, porque me ha parecido un poco grande, pero sólo lo he visto de lejos y durante un segundo. He sentido envidia de las batas, quería ser una más de aquella gente.

Un momento después, al recordar que tenía una cita, he empezado a caminar hacia la salida, y justo entonces ha aparecido una profesora, ha abierto una puerta y se ha metido en el aula que había detrás. No ha cerrado la puerta, y al acercarme he visto "algo" en una camilla, debajo de una sábana... algo que me ha recordado a CSI y a Bones, claro. Eso también tiraría para atrás a muchos, pero lo mío ha sido una especie de golpe de adrenalina, sin quitar que me impresionaba ligeramente. El caso es que me veía más empuñando un bisturí ante el cuerpo que echando a correr en dirección opuesta.

Más tarde ha venido mi TOC a visitar mi cerebro y me ha dado por pensar si no me habré contaminado de algo, si alguien no se habrá lavado las manos después de unas prácticas y si al tocar un pomo no me habré llevado fragmentos de carne medio podrida a mi cita, y luego al restaurante, y... bueno, mis paranoias me habrían hecho algo difícil la carrera, eso sí, pero de todos modos... ojalá hubiera tomado aquella decisión en su momento. Ya no tiene remedio: ni tengo base, ni probablemente nota suficiente para entrar, ni tiempo para estudiar tanto, ni trabajo al terminar... Un puto desastre, una utopía.

En fin... me conformaré con que me sigan considerando la "médica" de la familia: la aficionadilla que entiende los prospectos, toma decisiones de andar por casa, busca remedios caseros en internet...

En cuanto a la cita que tenía, no ha sido precisamente productiva. Me la he pasado soñando despierta y con más dificultades que las habituales a la hora de prestar atención a lo que me decían.

Qué puta mierda...

sábado, 20 de noviembre de 2010

Voces del pasado

Siempre me extraña que las alegrías duren menos que las tristezas. Ya he vuelto a mi rutina gris, no noto el alivio del otro día, que se ha convertido en un recuerdo agradable, pero ya ha empezado a envejecer y a arrinconarse.

Ayer me encontré en el contestador un mensaje de una gente que hace muchos años me negó una beca. Tuve la sensación de que entonces me habían llamado a la entrevista porque tengo un CV un poco peculiar (digamos que soy como alguien que es corredor semiprofesional de rallyes, o violonchelista, y aparte estudió Empresariales, porque de algo hay que vivir). De hecho, me miraban como a un bicho raro. Dicho de otro modo, sus miradas parecían decir que me consideraban un poco especial, les picó la curiosidad, me llamaron, me vieron en carne y hueso, y luego lo reconsideraron.

El caso es que entonces yo estaba muy lejos, y me habían hecho volver a mi ciudad, a la puñetera entrevista. También había que haber hecho una especie de memoria que no pude trabajarme bien, ya que internet no era como hoy día, había poca información, y estando tan lejos, tampoco podía ir directamente a investigar.

OK, entregué la mierda de memoria, en mi CV ponía que estaba currando fuera... y sospecho que no se habían coscado de nada de eso. Sólo se lo pensaron después de mandarme ir a verles y mirarme como a una friki. Joder, señores, si resulta que la memoria era eliminatoria, primero se mira si convence o no, no se manda a la gente que está a cientos de kilómetros volver para nada de nada. Y luego serían los típicos ejecutivos que hablaban todo el día de calidad de servicio y de lo bien que lo hacen todo.

Nunca me dieron ninguna oportunidad. La beca se la llevó una tipa que desbordaba chulería y nos miraba a los demás por encima del hombro. Tanta extraña seguridad en sí misma, tan exagerada, me hizo pensar si lo realmente seguro no sería algún enchufe trifásico que tenía la pava. En fin, la maldije, los maldije, y acabé consiguiendo algo diferente para salir adelante.

Total, que ayer me encuentro un mensaje que hablaba de lo muy interesados que estaban en hablar conmigo. Yo ya no lo estoy, me he convertido en un fichaje un poco difícil para ellos: aparte de que me acuerdo de la putadilla, hace tiempo que trabajo para otra gente de forma estable. No les he llamado. Si insisten y son capaces de localizarme en casa, veremos, pero de momento... que se jodan un poquito.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Extraño día perfecto

Aún no ha terminado, pero ha sido un muy buen día.

Ya no tenía que pasarme el día pensando cómo redactar una cosa que me ha traído a mal traer hasta ayer por la mañana.
Me molestaba la garganta a primera hora, pero luego se me ha pasado, y es raro, porque normalmente me va a más.
Me han aceptado una solicitud que presenté, algo que me supone recibir un poco más de pasta a primeros de mes.
Por otra parte, tendría que haber hecho una prueba para ser aceptada en un curso, pero al final no me la han hecho y parece que van a pasarla por alto.
He terminado un trabajito engorroso que llevaba días posponiendo, pero no por mi culpa.
Me he librado de ser la intermediaria en otro asunto bastante pesado, por pura casualidad.
Uoo, y el lunes va a tocar bronca general por otro asunto, y yo voy a estar de viaje.
He tenido la tarde para mí, incluso en el trabajo, ya que lo había terminado todo por la mañana.

Y me he pasado el tiempo pensando que no podía ser que me saliera todo tan bien, que dónde estaban la ley de Murphy y esa frase que dice "qué día tan bonito, seguro que aparece alguien que lo jode".

Son las 7 de la tarde. Aún está a tiempo de aparecer.

martes, 16 de noviembre de 2010

Encefalograma plano

He rozado la bronca otra vez. Me habían dicho que tenía que hacer un trabajo, había empezado a hacerlo... y entonces alguien me ha avisado de que no lo había entendido bien, que lo que había que hacer era una cosa muy diferente. Tenía razón.

No acabo de entender cómo puedo interpretar tan mal las cosas. Tengo ansiedad, sí, pero últimamente había mejorado. Ni idea de por qué no me cosco.

Además, parece que no me llegan los sobreentendidos. Soy como esos autistas que pillan las cosas literalmente y no van más allá.

Creo que siempre me ha costado un poco más interpretar correctamente a las personas que a los libros, al revés que otra gente que no parece tener problemas a la hora de entender lo que quiere el profe, el jefe... A veces es como si los jefes y yo estuviéramos en planetas distintos, o separados por un muro invisible que no deja oír bien. O como si mi cerebro se negara a recibir la información.

No sé, esto tiene que ser por la ansiedad, quizá no estoy tan tranquila como me parecía. Hoy, desde luego, he acabado por no estarlo, me ha entrado la preocupación, y nada, a tomar por el saco.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Asuntos televisivos

Me han estado volviendo loca con los fórmula uno, broooom, broooooom... No me gusta nada el deporte en la tele, y el que menos de todos, precisamente ese. Sin embargo, me encantaría probar un bólido de esos en un circuito para mí sola. Es una chorrada mía, lo mismo que querer probar un día una excavadora. Si ya me da dolor de cabeza tener que conducir un coche corriente...
En cuanto me he quedado sola, he apagado la tele. Tampoco había nada interesante en ninguna parte...

... a diferencia de ayer, que estuve viendo el reportaje de La Noria sobre esa visita papal que ha dado tanto el coñazo.
Qué mentirosos son los curas: salían diciendo que había habido mucha gente en la calle dándoles la bienvenida... pero en las imágenes desde lo alto se veía que en muchos trechos sólo había una fila de una o dos personas de fondo saludando con banderitas o lo que fuera. Esos curas que hablaban me recordaban a algunos políticos que siempre afirman haber salido satisfechos de las elecciones, aun habiendo quedado los últimos. Se han llevado un corte de puta madre.
Y el Ratzinger, diciendo que le parecía que estaba empezando a arraigar un anticlericalismo como en tiempos de la República, en los años 30 (vamos, cuando él sería un niño de las juventudes hitlerianas, supongo). Pues no es lo mismo, y lo sabe, pero anda disimulando. En la tele se ven los opusianos por un lado y los gays, ateos y otros grupos por otro, pero eso son sólo minorías. Hay que tener en cuenta otra cosa: el problema gordo que se les plantea ahora es que la gente tiene una enorme indiferencia para con ellos.

Se creían que podían manipular a la sociedad a su antojo, metiendo miedo y demás, y no contaban con que a veces la gente madura. Sobre todo, porque tenemos ojos y oídos y sabemos que el Vaticano ha tratado de ocultar y proteger a curas pederastas, y cuando se ha destapado el pastel, tampoco se han dado soluciones aceptables ni se ha pedido un perdón creíble y de corazón.

sábado, 13 de noviembre de 2010

¿Y hoy?

Tengo unas fotos que "revelar". Estoy mandando algunas de las que ya había procesado a un concurso, y no sé si habrá alguna más con opciones mínimas a no quedar mal. Qué tontería: eso es lo único que tengo que hacer en todo el sábado... y no soy capaz de levantarme a buscar la cámara para descargarlas. Qué pereza más absurda; está visto que, cuanto menos haces, menos quieres hacer.
En lugar de estar aquí, o en cuanto termine el post, debería aprovechar todo lo que pueda, porque esta noche he dormido mejor y también porque la semana va a ser dura: presentación de documentos en un sitio, reuniones, carretera y manta. No tiene mucho sentido esperar que todo vaya a salir bien, sobre todo cuando sabes quién va a estar presente.
Creo que esa especie de depre se me está pasando. Hace unos días, me miraba al espejo y había algo triste en mi mirada. Hoy no lo he notado.

...

Está siendo, ha sido, otro sábado un poco tonto, pero en fin... los he tenido mucho peores.

Para variar, me han mandado de "experta" a comprar un cacharro electrónico. Luego he estado esbozando cosas, y sí, he procesado las fotos. Una no está mal, pero esa puñetera Canon compacta sigue sin convencerme.

Me he visto The Walking Dead, episodio 2, y sigo encontrándole fallitos, pero ya me considero enganchada. Ha sido un poco cantoso eso de que los zombies tratan de romper el cristal de la tienda, lo resquebrajan entero a pedradas, y entonces se corta la escena, y un largo rato después, cuando vuelve a verse, todavía no lo habían atravesado. No tiene sentido. Da igual, la serie es interesante y me gusta ese enfoque novedoso de dar escenas de sexo entre los supervivientes, en plan culebrón. Y lo de disfrazarse manchándose con la sangre y las tripas de un muerto para pasar desapercibidos por mitad de la calle me ha gustado, buena idea.

Antes de caer en el agujero emocional del sábado por la tarde, he pasado el tiempo leyendo mi gramática. Casi me la he terminado, porque, a lo tonto, le he pegado un buen empujón. Debe de ser lo más rarito que tengo: devoro las construcciones gramaticales como otros devoran el Marca. Y no se me olvidan.

... y finalmente no le he dado tiempo al agujero de hacerse grande y devorarme.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Para variar, un buen día

He pasado una noche toledana, pero luego no ha resultado malo el día en el trabajo. Me ha llegado un mail inesperado con la respuesta a una solicitud que había hecho, y me conceden lo que pedía. No es mucho, pero es lo que quería, así que...

Luego, en lugar de pelearme con la jefatura, he quedado bien ante sus ojos con un detalle de cierto trabajito, y tengo la impresión de que no había el habitual ambiente tenso en la sala.

Además, me he estado informando sobre oposiciones, y a lo mejor el año que viene salen unas que tienen bastante buena pinta: creo que cumplo las condiciones. Espero estar a la altura.

Como detalle raro, cuando estaba tomándome un cortado en la máquina de café, una chica se me ha puesto a hablar sobre homosexuales, y hemos tenido una conversación... curiosa. Más que por lo que hemos dicho, porque me ha dado una extraña impresión: no sé si en el fondo no me estaba preguntando si "entiendo". ¿Querría ligar conmigo? Pues... me parece que no tengo gran cosa que ofrecerle, porque aunque me gustaran las tías, la pobre no es muy guapa, jeee :crazy:.

Mm... me he tomado un ibuprofeno, me dolía la cabeza cuando he llegado. Sería por lo poco que he dormido, a veces me pasa. Ojalá pudiera dormir un rato ahora, pero sé que no lo iba a conseguir, y además seguramente va a ser mejor aguantar un poco para estar más rendida por la noche.

Hablando de la noche, hoy hay The Walking Dead... A ver si me acuerdo de grabarlo.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Drogas

En 10 días me he metido Trankimazín, Lorazepam y Dormidina. Ahora me explico, no es que ejerza exactamente de yonka.

La cosa es que tenía mucha ansiedad y llevaba un tiempo durmiendo mal, y fui al médico. Me recetó el Lorazepam para una breve temporada. Le preocupaba que tuviera tantos problemas siendo aún joven (gracias por lo de joven), y mencionó que, empezando ya con esas pastis, a ver qué voy a hacer si por ejemplo tengo problemas para dormir cuando sea una viejecilla. Supongo que tiene razón.

El Lorazepam funcionó, me sentía más relajada y dormía más. Lo malo es que se terminó, tuve que cortar con él... Fue un buen novio mientras duró. Y lo peor es que volvía a encontrarme como antes de tomarlo. En precaución, pillé unas dormidinas, para que al menos pudiera descansar de noche.

Pues... menudo colocón, al día siguiente parecía que me había ido de marcha: no me despertaba del todo, me confundía al hablar, no tenía sensación de haber descansado... y eso que sólo me había tomado un trozo de pastilla. Vamos, que no lo recomiendo, a no ser que no haya alternativa. En realidad, dicen que es un puto antihistamínico, de los que dan somnolencia, y lo venden como somnífero.

Ayer seguía mal, rebusqué en el botiquín y me quedaban unos trankimazines sin caducar. Hay que ver lo que les dura la fecha, porque ni recuerdo exactamente cuándo me los recetaron. Es un medicamento que me preocupa: una vez, cuando lo empecé a tomar, me llegué a dormir en un bus y me pasé de parada, pero luego he visto que me ha aumentado el umbral de tolerancia, porque ahora no me basta con la media pastilla de entonces. Nada, me la tomé entera, y aun así tardó un rato larguísimo en hacerme efecto.

Sé que está mal automedicarse, y más con estas mierdas, pero conozco mi ansiedad y tengo la experiencia de cuando sí que me las recetaron. Bueno, que nadie tome ejemplo de mí, salvo en una cosa: hoy ya no he tomado nada, y me propongo firmemente seguir así.

Tengo que hacer algo al respecto, por lo menos para dormir, pero ya he probado el yoga y la música tranquila, y me he leído todos los libros aburridos de la casa. Sólo se me ocurre estudiar durante el día. Lo digo porque, cuando mi trabajo era menos automático y tenía que leer y subrayar mucho, solía dormir mejor, supongo que porque mi cerebro estaba agotado para las 10 de la noche.

No sé, ¿y si le saco partido a la idea y me presento a unas oposiciones, por ejemplo?

martes, 9 de noviembre de 2010

Tienes mucho que dar...

¿Dar qué? ¿Cómo? ¿Y a quién?

Creo que eso era un lema de alguna asociación. A lo mejor tendría que planteármelo, porque me llenaría el tiempo, haría algo por alguien... Lo malo es que puedes acabar como el tonto útil de una ONG; como, por ejemplo, el que les pasa cosas a ordenador por el morro.

Hace años, pensé en apuntarme a la Cruz Roja. No lo hice porque en realidad no sabía muy bien de qué iba la cosa ni qué había que hacer. Dicen que están desapareciendo los voluntarios, y que ni siquiera son bien recibidos en algunos sitios, como cuando van a recoger a alguien herido en una pelea de discoteca.

No es que eso me dé una medalla a la generosidad, que digamos. En el día a día sí me siento algo mejor al respecto; normalmente, no me niego cuando alguien me pide ayuda para algo, aunque eso no salve vidas. Más bien son favorcitos de poca monta: ayudar a bajar cosas de internet, explicar algo que entiendo a alguien que no lo entiende, hacer de fotógrafa de actos sin cobrar por ello, soportar alguna que otra neura ajena...

Lo que digo: no aporto gran cosa a la humanidad. Y sigue mi capital de tiempo yéndose por el desagüe.

domingo, 7 de noviembre de 2010

La verdad está ahí fuera

No está en mis neuras, ahí no lo encontraré, ni en los rincones de mi casa... Si me arreglara y me mentalizara, en alguna parte habría alguien para mí. En la calle, en algún bar, en un concierto...
También debería pensar que merece la pena probar. Mi reacción inmediata si se me acercaran sería la del gato, o sea, bufar con los pelos como escarpias, o bien la pura huida. Podría dominarlo por el qué dirán, llegando a una simple incomodidad, a un "qué quiere este tío, no me apetece seguir hablando con él". Y...


Mh, lo de antes era un experimento mental... pero no ha funcionado.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Sábado: instrucciones de uso

A primera hora de la mañana: soltar el puto ordenador y cumplir con las pequeñas tareas domésticas, como hacer la cama, sacudir las alfombras, pasar la aspiradora, etc.

Cuando abren las tiendas: comprar alguna cosa que había en la lista. Hoy me ha tocado ir a la farmacia, otro día iré al cajero, otro a por lectura...

Un ratito después: pegarse un desayuno decente en un bar, lo que no excluye haber comido antes algo ligero para poder hacer los recados sin caerse redonda del hambre. Hoy no lo he hecho, punto negativo para mí.

A media mañana: soltar el puto ordenador y ponerte con lo que sea que suelas dejar para otro día... y terminarlo, o darle un buen meneo. Si no tienes nada pendiente y puedes reclutar a alguien para hacer algo de deporte, sería lo ideal, pero no suele suceder. Alternativa: agarrar las pesas, hacer flexiones, boxear con el espejo...

A última hora de la mañana: mantenimiento rutinario del ordenador (y luego soltar el puto ordenador). Rollos que haya que hacer en la cocina. Se puede escuchar música o ver anime en versión original, mientras.

A primera hora de la tarde: vaguear después de comer... si apetece y la ansiedad lo permite.

A media tarde: soltar el puto ordenador y ver alguna serie grabada, como esa de zombies, y tratar de hacerlo relajadamente, lo que implica sofá, manta y hasta estiramientos para ocupar la mayor superficie posible. Se trata de no tener el típico ataque de angustia existencial de los sábados a esas horas, así que no está de más respirar hondo.

A última hora de la tarde: como no tienes a nadie para dar una vuelta y, aunque así fuera, tienes tus dudas sobre si la disfrutarías, leer algo apetecible. Cocinar o calentar la cena.

Después de cenar: tele, pero como no suele haber nada a menos que te guste La Noria, música o internet otra vez, pero sería mejor apagar el puto ordenador.

A ver cuántas normas de esas incumplo hoy...

viernes, 5 de noviembre de 2010

Augh, creo que...

... se han dado cuenta mis compañeros de lo mucho que me cuesta hablar por teléfono con la gente. No sólo por mi modelo de móvil del año que se inventaron; es que tampoco toco el fijo, si puedo evitarlo. Normalmente, me comunico por correo electrónico o fax. En realidad, es peor el hecho de pensármelo que el trámite en sí, así que soy tonta... pero, por mucho que lo racionalice, se me hace cuesta arriba.

Llevaba días posponiendo una llamada que tenía que hacer porque no sé por qué demonios se estaban retrasando en una documentación que me hacía falta. Justo ayer llegó, y me alivié de librarme de hacer la puñetera llamada.

Y como esas alegrías no suelen durar, hoy me han dicho que llamara por teléfono a alguien, en lugar de escribirle, porque no nos convenía esperar un email de respuesta que podía o no llegar. Guay. Me he hecho la fuerte, pero creo que daba el cantazo, que se daban cuenta de que no me gusta nada, cosa que supongo que se imaginaban al no verme parlotear con nadie casi nunca. Pues eso, he dicho que sí, que bien, que llamaría...

He hecho de tripas corazón y he descolgado el auricular y demás. Total, el tipo del otro lado me ha cortado enseguida... para pedirme que le mandara un email y así tenerlo todo claro.

Es decir, que tiene guasa el tema: tanta incomodidad, para acabar haciendo lo que quería hacer desde el principio.

Por cierto, creo que esa documentación que he recibido con alivio tiene un error... y puede que haya que repetir todos los trámites.

Mierda.

Otro día hablaré de mi dislexia para los recados, de la que culpo a esa pequeña ansiedad permanente que arrastro.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Magia bobalicona

Pues sí, la temperatura de mi corazón ha subido unos grados. Tontamente, porque no ha pasado nada, pero ver a Mr. X (que sí, que estaba) hizo que me pusiera a producir endorfinas, y entre eso y un par de cervezas, se me arregló el día. O el resto de la semana, porque el dopaje no se me ha pasado del todo, y ojalá que dure.

Con el título me refiero a que ni siquiera estoy muy colgada de él, pero el tío ha tenido ese efecto en mí. Ni me lo imagino si llegáramos a tener algo de verdad. Todo lo que hizo fue mantenerse cerca sin venir a cuento. Es complicado de explicar, no puedo decirlo claramente, pero en resumen eso es lo que pasó.

No sé qué quiere, si es que quiere algo, pero me hizo bien sin pretenderlo.

Y, por otra parte, se han solucionado un par de cosas en el curro, así que... bueno, no sé, en este momento no estoy tan amuermada, y eso ya es genial, claro, aunque tampoco estoy como loca de contenta (hace un mes lo habría estado, seguro). Cosas de la química cerebral, digo yo, en mi ignorancia.

Si consigo mantenerme entretenida, igual supero el mal rollo del todo. Habrá que currárselo.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Buscando...

Busco algo que me caliente el corazón... aunque sea mentira. O precisamente por eso, porque me gusta más la ficción que la realidad.

Creo que luego voy a coincidir con Mr. X en un sitio. Lo daba por finiquitado todo, así que espero no volver a casa con estúpidas ilusiones y fantasías animadas de ayer y hoy, como decían los dibujos yanquis... Nah, no creo que encontrármelo me caliente el corazón. Espero que no, seamos prácticas.

Van a estrenar una serie de zombies en la tele, The Walking Dead o algo así. Por lo que he visto, hay un tebeo americano que puede ser la base del guión. Molaba, tenía un estilo de dibujo muy chulo. Irónico, ¿no? Eso de que los zombies te animen, quiero decir.

Ayer hubo otra cosa de ficción que me hizo olvidarme un segundo de mi muermo, y es lo más bonito que he visto en la tele últimamente. Cómo no, fue en House: un momento en el que House y Cuddy están hablando por teléfono con el hospital, desde la cama, y él la besa muy brevemente en la sien. Eso es amor del bueno... aunque sólo sean personajes de la tele. Bueno, las malas lenguas de internet dicen que podría haber algo más que un rollo dentro del plató, pero creo que sólo es lo que le gustaría a la gente. O puede que los actores lo fomenten, por temas de márketing de la serie, claro. Hum, lo cierto es que hacen una pareja muy bonita cuando les entrevistan juntos.

Me parece que lo voy a dejar, estoy terminando el post más depre de lo que lo empecé. A la mierda la parida mental, por hoy.

martes, 2 de noviembre de 2010

Tiritas

He seguido con ese mal rollo todo el día. No tengo una razón severa; sólo el otoño (quizá) y las cosas que andan con retrasos de los que yo no tengo la culpa. Sin embargo, mi tristeza sí es bastante profunda, es como un moco pegajoso que me inunda por dentro y se quiere desbordar, pero no lo hace. Luego puede pasarse o quedarse. Me ha pasado: ha habido veces que no me libraba de ella ni a tiros, podía estar así meses. Solía empezar en otoño, pero no creo que fuera una depresión estacional, porque fue cambiando de época.
No sé lo que ocurrirá esta vez, espero que no sea más que cuestión de unos días, porque desde entonces he madurado algo.
Además, hoy he encontrado un montón de documentales en Youtube, y han sido como ponerse tiritas sobre las heridas. No sé por qué, me alivia ver y aprender sobre temas psicológicos. Digo que no sé la razón porque son temas que tampoco tienen mucho que ver conmigo: agorafobia, hikikomori, gente que habla de amigos con problemas a los que quieren ayudar... Bueno, a lo mejor me basta con que haya un pequeño nexo como es el sufrimiento que puedo llegar a sentir (ese dolor que nadie comprende, porque aparentemente me va bien).
También he llegado a la conclusión de que hay mucho libro de autoayuda en formato .avi, o lo que sea. Es decir, mucha mierda inservible como la que hace unos años me compraba en papel y sólo servía para entretenerme un rato y seguir tan jodida como antes de leerla. Coaching, autoprogramaciones... No sé, todo eso me parece estúpido: o no te hace falta, o no te ayuda si realmente necesitas esa ayuda. Lo único que me ha ayudado a sufrir menos es pensar mucho, tratar de autoanalizarme y agarrarme a unas pocas conclusiones que probablemente no le sirvan a otra persona con su propio carácter.
Bueh... no me cuesta mucho poner algunas, por si me equivoco y puedo echarle una mano a alguien:
- Todo es cíclico, los males acaban mejorando.
- Acabar con todo es acabar con todo. Los muertos no sienten alivio, simplemente no sienten, y eso no es aliviarse.
- Envejecer es también madurar, y lo bueno de eso es que empiezas a relativizar un poco, a no tomarte las cosas tan a la tremenda. Ojo, no hay milagros, sólo se siente un poco de alivio, y hace falta querer verlo así.
- Si te da todo lo mismo... al menos trata de ayudar a los demás, alguien te lo agradecerá y te sentirás mejor.
- Si te da todo lo mismo... ¿qué más te da tratar de ver las cosas un poco más positivamente?
- Ponerse en el papel de un optimista luchador suele dar buen resultado. Es jodido, pero a veces no queda otra que mandar las lágrimas interiores a la mierda y centrarse en que hay que hacer otras cosas, ponerse en marcha. Y luego posiblemente te sientas mejor.
- Es lícito ironizar sobre la vida y volverse un poco cínica/o.
- Y a veces nada de eso funciona y hay que dejar que pase sola la tormenta... y volver a pensar en el primer consejo.

Si te sirve alguna cosa de esas, me alegro. Si no, me parece normal; busca tu propio camino, no puedo hacer más por ti.

Panik

El fin de semana acabó como un adelanto de la vejez: soledad total. Trabajar es una mierda, pero al menos estás con gente, aunque muchas veces eso tampoco tenga ninguna gracia. Estaría bien tener un despacho con llave y ver al resto de los compañeros por un panel de cristal poco transparente. Que no llamen a mi puerta más que para lo imprescindible.

Yo pensaba que me había acostumbrado a la soledad... Qué va. Me había acostumbrado a no tener muchos amigos, eso es todo. La soledad total no es ni de lejos deseable, no haces más que oír tus propios pensamientos negativos.

Necesitaba salir a la calle. Mis problemas lo impidieron y acabé peor que al principio. Salir con gente implica también volver cuando el grupo dice que es hora de volver, y su horario siempre es mucho más amplio que el mío.

No puedo seguir así y no puedo cambiar. Jodido lo tengo.

¿Qué me gustaría? Se me ocurre que vivir en un pueblo con pocos vecinos, vallas altas y un jardín para poder sentarme al sol cuando me dé la gana, como una lagartija.

¿Por qué no lo hago? Porque una casa es cara y tengo la impresión de que haga lo que haga no saldrá bien, porque, entre otras cosas, la perfección no existe. Sé que acabaré haciéndolo... y me pregunto hasta qué punto me arrepentiré.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Endorfinas

Una cerveza y un cumpleaños, el mar rizado y la lluvia empezando a caer.

En realidad, es poca cosa lo que necesito para sentirme mejor. Ahora mismo me fluyen las endorfinas. Es como acercarse a una estufa después de estar tres horas a la intemperie, bajo la lluvia. Algo te acaricia por debajo de la piel: tu propia sangre con esos pequeños aditivos que tanto se agradecen.

Ya veo que no necesitaba ni el dichoso tablet, ni mi cámara cara. Sí necesitaba salir del agujero. O de los agujeros: el de la oficina siniestra y el de este rincón donde tengo el ordenador.

El otoño amenaza invierno. El invierno es triste. Pero espero que las luces amarillas de cualquier pueblo pesquero me hagan valorar el simple hecho de seguir viva.

domingo, 31 de octubre de 2010

La gente llora a veces, sí

(Todo esto ha sucedido en unos cuatro días en total... ¿Habría luna llena? ¿Viento sur?)

Me llaman por teléfono por motivos de trabajo y se me ponen a llorar dos veces. De acuerdo con que el tema era triste y le afectaba personalmente, pero, hombre, mi oficina sólo tenía que ver indirectamente con eso, y era algo que hace tiempo que no tenía remedio, por desgracia. No sé, es como llamar a Hacienda para consultar algo y echarse a llorar (no, no trabajo en Hacienda, tampoco estaría mal).

Al día siguiente, en el gimnasio, se pone a hablar conmigo una chica que ha tenido sus problemas, pero a la que considero positiva ante la vida... y en un momento dado se le corta el discurso y me da la impresión de que está reprimiendo el llanto, y eso que la conversación no era sobre nada grave. No supe qué cara poner, me sentí un poco violenta y acabé haciendo como que no había visto su expresión y seguimos hablando como si nada. Quizá necesite que la escuchen, y estoy dispuesta a prestar mi oreja, pero... ella decide si abrirse o no, desde luego. Siempre puedo haberme equivocado y no voy a andar haciendo preguntas incómodas, ¿no?

Para ampliar la colección de lágrimas, la estúpida de mi jefa tenía que hacer de las suyas: el otro día se puso a hacer comentarios sobre otra persona, como si fuera alguien de segunda fila, con el mayor descaro, estando esta persona delante. Yo no sabía qué hacer, estaba viéndole la cara y, una de dos, o iba a estallar o iba a echarse a llorar también, y voto por lo segundo. Acabé tratando de frenar el tema, pero no podía hacer mucho, sólo conseguir una especie de aplazamiento. No me sentí muy bien, ojalá me hubiera atrevido a más, ojalá hubiera sido un poco menos prudente.

También he visto unas lágrimas que no sé si catalogar de sinceras o de "cocodrileras". No me cuadra que una trepa laboral tan hija de puta como ésa tenga su corazoncito de repente. ¿Querría un abrazo y una palmadita en la espalda? ¿Querría pasar por una persona sensible y buena? No cuela, querida.

Serán coincidencias sin más, pero... me pregunto si algún psicólogo televisivo habrá estado hablando en horas de máxima audiencia sobre la importancia de llorar y desahogarse. Debía de tener mucho poder de convicción.

sábado, 30 de octubre de 2010

Y a otra cosa, mariposa

Supongo que ayer fue un día bueno, porque no sólo me libré de la comedura de tarro, sino que estrené calzado, por fin. Llevaba meses necesitándolo; todo lo que tengo estaba un pelín demasiado usado y la comodidad ya dejaba de ser excusa. Sí, ya sé, soy de lo que no hay, a todo el mundo le gusta ir de compras, pasando del tópico de que somos las mujeres las que lo hacemos; hoy día casi todos los chavales van a comprar ropa encantados. A mí me suele resultar aburrido, aparte de que casi nunca tengo el tiempo y las ganas suficientes y de que las pocas tiendas que me pueden interesar están lejos, no en mi barrio.

Yo no sé si "la viejuna" no tendrá algo que ver también. De pequeña y de adolescente todavía me apetecía un poco ir a comprarme unos pantalones vaqueros o lo que fuera menester. Aún me hacían ilusión las pulseras, los calcetines de colores... Creo que habría flipado con la tienda de bisutería que han puesto aquí cerca hace unos meses, pero hoy día... no sé, como que todas las cosas me parecen más "chorraditas" que antes; me da igual si estoy guapa o no con ellas, no consiguen que me sienta demasiado especial.

Así que lo del estreno ha sido más bien como hacer los deberes: necesitaba algo que ponerme en los pies y punto. Eso sí, una vez en marcha, me compré lo que más me gustaba y apenas miré el precio. Ya sabía que me lo podía permitir, tenía que tener mis pequeñas reservas, visto lo poco que gasto...

viernes, 29 de octubre de 2010

Pafuera paranoias

OK, ya me han dicho y asegurado un montón de veces que es imposible pillar el HIV de esa manera, incluso una persona experta me lo ha dicho bien claro, así que... me declaro tranquilizada y (casi) libre de paranoias. Creo que me calmaré del todo este fin de semana largo, y espero no acordarme cada vez que tenga cerca a alguien sudando.

jueves, 28 de octubre de 2010

Aprensión

Llevo desde ayer pensando en vías de contagio del sida.

No, no es que haya ligado (¡ja!) y me lo haya hecho sin protección, ni soy una yonqui, ni he compartido cepillos de dientes, etc. La cosa va de una gota de sudor ajeno en mi ojo. Aparte de lo asquerosillo del tema, me ha dado por pensar si sería sudor sin más o podía contener sangre, dado que fue en el gimnasio y el entrenamiento consiste en golpes y bloqueos... En principio, no nos hacemos daño, pero alguna vez alguien se ha llevado alguna herida. Y nunca se sabe quién puede tener algo chungo en la sangre.

Para más inri, justo entonces me acababa de arrancar una pestaña que me molestaba; vamos, que me hice en el párpado un agujerito inoportuno, aunque fuera mínimo.

Ando investigando por todas partes y parece que las probabilidades de contagio son prácticamente cero, pero... no sé cuándo me convenceré.

Esto es un sinvivir...

martes, 26 de octubre de 2010

Ya pero ya

Hoy empieza House en la Fox, oh yeahhh! Anda que no nos han timado reponiendo capitulos de las temporadas pasadas.
Lo malo es que yo ya he visto unas cuantas escenas tórridas y lo he descafeinado un poco, pero qué coño, verlo en la tele en horario nocturno va a ser la leche.

Eso es lo más importante de hoy.

En cuanto al resto, está siendo un día bastante tonto, vacío. He terminado mi trabajo (todito) por la mañana y me he dedicado a ver episodios viejos de Frasier en Youtube por la tarde. Mientras, he tenido conversaciones de esas tipo small talk, o sea, de esas que sigues por educación, como cuando te hablan del tiempo, pero te pasas el rato pensando "qué pesadez" y no le dices al otro que se calle de una vez porque tampoco es que te caiga mal.

No ha aparecido un solo jefe. Una de las colegas se quejaba de lo cansada que estaba y me han dado ganas de preguntarle a ver de qué cojones se había cansado, ya que no ha aparecido más que a ratos, y mucho jiji-jaja todo el tiempo con su compinche. Yo he trabajado poco, pero seguro que el doble que ella. Fijo que luego es la típica madre que no hace más que exigir determinados comportamientos a sus hijos (lo sé, he oído cómo les pone las pilas por teléfono), pero ella no se aplica el cuento. Como no la ven... Joder, la tía lleva una vida de funcionaria sin serlo. De funcionaria de las de chiste, sé muy bien que la mayoría no son así.

Y mañana... no sé. Me estoy encuadernando en rústica (o más bien en grosera) una gramática de internet. Si se seca, me la podría llevar al trabajo, para seguir con lo del anime en versión original. ¿Trabajar? Ja, no depende de mí. Si me mandan algo, lo hago sin replicar. Si se olvidan de que existo, no me voy a inventar tareas. Sobre todo... porque no me las pagarían.

domingo, 24 de octubre de 2010

Me gusta...

... todo esto que ya no me llena, o no me llena igual que antes:

- Ver dibujos en versión original.
- Cocinar de vez en cuando.
- Internet.
- Procesar fotos.
- Hacer garabatos, e incluso dibujar de verdad.
- Leer sobre algún tema interesante: Economía, Medicina... Ya no disfruto tanto de las novelas.
- Hacer manualidades.
- Arreglar cosas.
- Montar muebles, si es que puedo hacerlo con tiempo, no como la última vez, que no dejaban de presionarme para que terminara. Total, para nada, solamente por la manía de tenerlo todo recogido. Acabé montando tres sillas en medio día y estresada, en lugar de ir a silla por día, que era un ritmo razonable.
- Escribir. No suelo terminar los relatos, pero a veces sí que lo consigo.
- Releer algunos libros que me han marcado, tipo El guardián entre el centeno. Ya no siento esa presión de llegar al final, a ver cómo acaba. Es más una lectura a trozos y sin obligaciones, abriendo por cualquier parte, a ver qué tiene Holden que decirme ese día.
- Las artes marciales, que NO son un hobby, son una necesidad. Es la única manera de que mi cerebro produzca las endorfinas suficientes, mi ración semanal de drogas naturales de fabricación propia.
- Algunos momentos de mi trabajo, cuando toca crear cosas. Me engancha tanto que hago en una mañana lo que otra gente en dos semanas. Y no es broma, creo que hay quien tarda más que eso.
- Ir a tiendas grandes de electrónica con las ideas claras para no tener que andar cazando dependientes (con los que tampoco me apetece hablar si puedo evitarlo) y comprar un par de cosas para trastear con el ordenador.
- El Leroy Merlin. Pero cuando no hay gente, claro.
- Ir al Oysho. No soy muy de ir a comprar ropa, pero esa tienda parece especializada en ermitañas: nunca he visto mayor colección de pantalones para estar por casa con motivos de dibujos animados. Tienen de todo: Looney Tunes, Garfield, Snoopy, Bambi... Ya tengo unos cuantos. No es que sea algo muy glamuroso, pero es cómodo, calentito, y me encantan esos dibujos.

sábado, 23 de octubre de 2010

Puntos de vista

Hoy he dicho en público lo mucho que me aburro en lo cotidiano. Es curioso, no lo había mencionado antes, y no es que pretendiera ocultarlo, pero... pues eso, simplemente no lo había dicho.

Las reacciones: ha habido quien negaba aburrirse jamás, cosa que no puede ser, y ha habido alguien más realista que se ha puesto a hablar de lo que hace cuando se aburre.

Eso de no aburrirse jamás no tiene sentido, a no ser que se tenga tanto que hacer que no se pueda parar, y eso no es divertirse precisamente, es estresarse. La que no se aburre jamás es la misma persona que se queja de que duerme poco y de que los fines de semana acaba haciendo todo lo que no tiene tiempo de hacer durante la semana en la casa. Tiene un problema y no lo ve. Claro que todo son personalidades diferentes:afirma ser feliz, y yo diría que lo es, a su manera. Pero ese ritmo no es razonable; espero que no le pase factura. Bueno, quizá le vaya bien, es la típica ama de casa que siempre se ocupa de muchísimas cosas hasta que tiene un millón de años, y esas personas que se mantienen activas también suelen ser longevas.

La otra persona es bastante creativa, le gusta trabajar con sus manos, y en eso nos parecemos. A lo mejor por eso entendía mejor mi necesidad constante de buscar entretenimientos.

A veces es posible que en mi caso sea la soledad lo que me abruma, no el aburrimiento exactamente. Hoy, por ejemplo, tengo sensación de aburrimiento, pero quizá la confunda. Llevo sola dos horas y es probable que no venga nadie por aquí hasta dentro de otras dos. Ni hablar de salir yo, los solitarios en los bares dan mal rollo, y las solitarias, muchas veces, son molestadas por gilipollas que piensan que van buscándoles a ellos.

Nada, he aprovechado para ver una peli de miedo que me ha aburrido y ahora estoy pasando al disco duro unas fotos, y ya me parece un coñazo el deber de clasificarlas. ¿El deber? Bueno, en realidad no pasaría nada si me limitara a formatear la tarjeta y olvidarme de ellas, nadie me obliga a abrir el Photoshop para procesar nada. Pero, en fin, quizá haya alguna buena y sería una lástima borrarla. Me gusta recibir comentarios cuando las cuelgo.

Mientras, tengo Cartoon Network en la tele y trato de oír Keroro en versión original. Así sólo pillo algunas palabras sueltas; si me pusiera a verlo de verdad, pillaría bastantes frases, ya que, a lo tonto, he conseguido cierto nivel de comprensión. Perdón por la chulería. El caso es que así tampoco no soy capaz de entretenerme.

Sí, creo que me he aburrido de los entretenimientos, luego... no es entretenimiento lo que necesito. Aunque me lleve mejor con las cosas que con las personas, lo más probable es que necesite relaciones humanas, por mucho que me agoten. Ayer las tuve, y pasó de todo, pero bien mirado... hubo momentos en los que pude sonreír y me sonrieron. Y no me aburrí.

viernes, 22 de octubre de 2010

Liándola parda

Me encantan las discusiones con quien tiene más poder que yo. Me he dejado llevar por mi propio veneno, y un día voy a tener un disgusto, pero es que será pedazo de hij... de...
En fin. Eso es lo que es, qué asco de personaje. Lo suyo es hacer la pelota, y le da igual llevarse por delante a los demás.

Esto que me pasa se está convirtiendo en una costumbre, tengo que controlarme un poco. Y eso que hace nada yo era muy cortadita. Lo sigo siendo, pero ya van varios estallidos. Igual me está matando la ansiedad, se desborda por ahí y ni siquiera soy totalmente consciente.

A cambio, he tenido un pequeño reconocimiento por parte de otra persona. Bueno, quizá mediano, no tan pequeño, y además delante de otra gente, pero tiene huevos que tenga que decírtelo un jefazo, no quien te encargó el trabajo, que para más inri estaba delante y no ha hecho ningún comentario, ni mucho menos de agradecimiento. Hay que joderse pa no caerse.

No sé, creo que trabajo bien, y lo creo más que nada porque me lo dicen a veces, como ha sucedido ahora, pero tengo a un pedazo de cosa incompetente por encima.

He salido del trabajo pensando en llaves de estrangulación, y eso que el judo no es lo mío.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Jo-der

Llevo una temporada desastrosa, para variar. Me caen palos por todas partes. Nada muy grave, espero, aunque son cosas injustas que me llueven encima o en las que me meten otras personas. Por ejemplo, si últimamente solicito algo en algún sitio por escrito, no hay manera de que me contesten. Sólo protestando o buscando apoyos consigo que me digan algo, y a veces es peor el remedio que la enfermedad.
Parece una maldición. Justo hoy pensaba que las cosas volvían a marchar cuando, zas, estoy otra vez esperando tres respuestas de tres personas diferentes que están mudas como peces.
Verdaderamente, lo único que va bien es que está todo tan tranquilo que algunas semanas es como si fuera festivo en la oficina... aunque me lo paso resolviendo asuntos míos, en lugar de trabajar. Ya sé que parece una suerte, que sería peor tener esos problemas y además mucho trabajo, pero es absolutamente agobiante, es como hablar conmigo misma todo el día y tener que tomar un montón de decisiones. No sé si es muy descabellado decir que un poco más de trabajo me convendría para distraer la neurona; el otro día sí que hubo algo que hacer y resultó que no me vino mal.
Es inevitable: me dan ataques de envidia de la gente que anda más tranquila y menos traumatizada. También ellos me dicen que parece cosa de brujas lo que me pasa. Y yo no soy supersticiosa, pero es que es demasiado.

Definitivamente, no puedo tener una vida tranquila ni razonablemente feliz.

martes, 19 de octubre de 2010

Dieta cutre

Me preocupa lo que como. Y lo que no como, también. Hay días entre semana que no pruebo las verduras ni las legumbres, por cuestiones laborales: me llevo un par de sándwiches o pido una pizza. Mal hecho. Sobre todo, si por la tarde voy al gimnasio.
Si tengo tiempo de almorzar normalmente, y tengo gimnasio, trato de acordarme de que necesito comer pasta. Podría comerme tres platos seguidos, no me llena nada y creo que se nota en el rendimiento, como les pasa a los ciclistas profesionales. Como complemento, después de hacer muchas pruebas, vi que lo mejor era merendar un trozo de pan con chocolate, como hacían los niños de antes. Si me apetece, también fruta, pero no exclusivamente fruta, porque, a pesar de que sean plátanos, a veces me dan calambres. Supuestamente los calambres se producen por falta de potasio, pero hay quien dice que no, y creo que tiene razón; yo lo que necesito son carbohidratos. Y agua, tengo que ir bien hidratada.
Yo no sé si a los chavales que se dedican a estas cosas desde muy pequeños les obligan a merendar de una manera especial o picotean cualquier cosa. De hecho, conozco a un tipo muy bueno que antes de un evento importante desayuna batidos y bollería industriales (me gustaría ver cómo anda de colesterol). El caso es que yo necesito cuidarme, todo es poco para mantenerme a flote, y aun así me cuesta mucho soportar los entrenamientos. O no sé, será la viejuna que me está pasando factura... bueno, puede, pero el problema no es de ahora, mi resistencia es una mierda. Siempre ando con parches, como las bebidas tipo Aquarius, que el otro día oí que son inútiles, pero el caso es que a mí me ayudan, y no es por sugestión, ya que no creía mucho en ellas. Luego, qué decir de los suplementos nutricionales: acabo de terminar una ronda de ginseng y estoy notando que no me hace el mismo efecto que la primera vez que lo probé. Volveré a la jalea real, o lo que sea. Es raro que alguien sano, fuerte y no tan mayor ande tan cascado, pero es lo que hay.

Y... no sé, se admiten sugerencias.

domingo, 17 de octubre de 2010

Pafuera

Me han venido a buscar y hemos ido hasta los confines de la ciudad. No me gustaba demasiado la idea, son zonas que últimamente no son seguras. He renunciado a llevar mi cámara, a pesar de que luego he visto alguna cosa que me habría gustado afotar.

En realidad, ha sido un coñazo de paseo, de esos que te hacen besar el suelo cuando vuelves a zona civilizada, y no querer salir de casa una vez has entrado. Hemos visto lo que han construido y lo que han dejado a medias, seguramente por la crisis. En lo terminado es difícil que llegue a haber vida más allá de la de una ciudad dormitorio, porque nadie se anima a poner negocios: ni hay dinero para invertir ni hay expectativa de tener clientes. También han puesto unas extrañas esculturas que aún no sé cómo catalogar, pero cualquier cosa menos atractivas. Una de ellas parecía peligrosa y todo, creo que algún día le dará un disgusto a alguien, porque tiene partes que acabarán cayendo al suelo. En fin, seguro que se han gastado el dinero que no tenemos en una puta mierda que no le gusta a nadie ni tiene ninguna utilidad. Bonito momento para invertir en arte dudoso.

De veras, el barrio daba un poco de yuyu. Aún es bastante nuevo, pero me parece que pronto empezará a deteriorarse, y el ambiente, lo mismo. Si es que no ha empezado ya, porque vamos, le habría cascado una multa millonaria al hortera que ponía Los Chunguitos o lo que sea (puaj) a un volumen para todo el vecindario.

El cielo estaba gris y amenazaba lluvia, y he vuelto pensando en la soledad. Apenas había gente por la calle, porque ya era hora de comer. Era todo muy, muy deprimente. Se entiende que Todos Los Santos sea en otoño.

No sé, creo que voy a acabar muy sola.

Life sux

Otra semana laboral de relax, ahora sí que puedo decir que lo ha sido. También he vuelto a comprobar que trabajo más rápido que nadie (y no lo pretendo), pero es lo de siempre: el día que se enteren las jerarquías, no me darán ningún premio, sino que me castigarán con más trabajo que a los demás.

En realidad, debería estar muy contenta, porque ya puedo decir que me he adaptado perfectamente al puesto nuevo, aunque la jefatura sea incompetente. No creo que vaya a tener especiales dificultades en seguir adelante.

Sin embargo, cuando algo va bien, no te preocupes, que Murphy dice que ya habrá algo que se joda por otra parte. Si no es el trabajo, será tu vida personal o tus finanzas, y en este caso, estoy teniendo problemas estúpidos con el dinero. No de escasez, afortunadamente, pero sí de gestión, y me han venido desde fuera. Y no sé si voy a poder solucionarlos; la verdad, cuento con pérdidas. En fin, una putada que no me busqué.

Sigo haciendo listas en papel de lo que va bien cuando las cosas, en general, no van tan bien. Es un modo de ver el lado positivo de la vida, que es tan escaso. Esta semana he apuntado eso, que el trabajo va bien, y también el gimnasio. Me siento recuperada, hasta cierto punto, después de una época de cansancio intenso y poca motivación. Me he visto hasta fuerte y elegante, en algún momento.

Oh, no... me está saliendo un granito.

viernes, 15 de octubre de 2010

Mi agenda

Si este blog es desagradable, mi agenda es mucho peor.

Ya de por sí ni siquiera es una agenda, es un cuadernillo donde apunto lo que tengo que hacer o recordar. Pues bien, el cuadernillo ha degenerado. Antes tenía otro, y otro... y eran relativamente organizados, dentro de un desorden. Lo mismo ponía la lista de la compra que escribía los pasos de una kata, pero se distinguía todo, no era difícil encontrar las cosas.

Hoy día tengo un cuadernillo de papel reciclado lleno de una letra infame, tachaduras exageradas, tintas de colores variados, pero no conjuntados, y no hay modo de encontrar nada ahí; a veces, ni aunque lo destaque subrayando en rojo.

Lo que es más gordo: tengo varias agendas. Algunas están abandonadas, como aquel taco de todo-a-cien que fue un regalo, que más que de tienda cutre parecía puro diseño de la Ágatha Ruiz de la Prada, con un floripondio en medio, y bastante alegre, la verdad. La de piel en miniatura que me regalaron a principios de año tenía el problema, precisamente, de que es una miniatura y ahí no cabe nada. Me agobiaba, porque estaba dividida en días y siempre me salía del espacio y apuntaba las cosas de julio en agosto y las de agosto en septiembre.

Y no se vayan todavía, aún hay más: tengo una aplicación en Igoogle para apuntar recados, y además me bajé el Evernote, que estaría muy bien si me lo pudiera llevar al curro, pero claro, ahí no se puede instalar, no nos dejan. Podría usar el calendario de Outlook, pero, no sé por qué, me resulta engorroso, no me gusta.

Ahora acabo de pasar algunas ideas al cuaderno reciclado, debería borrar otras de Evernote y la lista de Igoogle, debería sacar definitivamente de la bolsa la agenda de piel y debería echar a reciclar el taco de Ágatha. Hay días que el manejo de la agenda me lleva al menos una hora, con lo cual, si no fuera porque ayuda a mi memoria y me quita motivos de tensión, no tendría tan claro si sale rentable la inversión de tiempo. Ciertamente, es útil para que no se me olviden las buenas ideas que de tarde en tarde se me ocurren, pero también me angustio si no consigo sacar tiempo para apuntarlas.

Nada, por mucho ordenador y mucha tontería que se tenga, la vida sigue siendo complicada de organizar cuando se tienen muchos frentes abiertos.