domingo, 30 de diciembre de 2012

Resacas

Efectivamente, hubo varias personas a las que yo no habría invitado. Hubo otras a las que definitivamente sí, claro. De todos modos, con el barullo casi daba igual.
Siempre hay alguien peor. Una persona de esas que cuando todo el mundo anda con el cubata en la mano se ponen a hablar de las costumbres de sus familiares, dejando claro que no sólo viven con sus padres, sino que además salen poquísimo de esa casa. Te hace sentir un poco mejor, y acabáis haciendo un aparte, pero ese microgrupo que formáis se gana automáticamente la etiqueta de dúo  marginal o lo que sea. Eso te enfría, no hablas tanto porque te sientes mal con esa película en tu cabeza. Te sientes peor porque la otra persona tampoco tiene la culpa. Quedas fatal y rezas por que piense que lo que te pasa es que ya llevas demasiado alcohol encima como para prestarle mucha atención (y es prácticamente verdad, para entonces ya tienes la voluntad medio anulada). Con eso y la música a tope, claro, imposible llevar una conversación coherente.
Me sentía mal por la ropa. Creo que cometí un pequeño error, por mucho que los pantalones me quedaran de miedo.
Y apareció él. Guapísimo de ropa, con lo que volví a ser consciente de que la mía quizá no estaba a la altura. Desde luego, no a su altura, en concreto. Iba acompañado. Ella no iba tan bien, pero cubría el expediente sin problemas. Todo el tiempo atravesaban mi mente imágenes de mi mano deslizándose por debajo de su camisa, de mis labios en su cuello y de mis colmillos en sus hombros. Ojalá fueran al menos recuerdos.

Hoy sólo tengo que hacer una cosa: ir borrando poco a poco esas múltiples resacas.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Peor el remedio

Con tanto adelantar cosas, me he quedado sin nada que hacer. Tenía que elegir ropa para una fiesta a la que me han invitado el sábado, y ya lo he hecho. Vuelta a enfrentarme al vacío. A la vez, no puedo relajarme. Otras personas aprovechan esta tarde relajada para sestear, pensar en las musarañas... y lo disfrutan.

Sí, me han invitado a una fiesta. Es lo de siempre: a veces me muero de soledad, pero me da pereza ir a relacionarme con gente. No creo que salga muy bien, hay varios invitados a los que les patearía el culo una docena de veces y me quedaría tan a gusto. Encima, estoy en plan ley del mínimo esfuerzo, tanto que hasta me asusta. Vamos, que más o menos se me ha caído esa máscara de amabilidad que todos nos ponemos para salir a la calle, no me apetece sonreír falsamente, no me apetece soportar charlas insulsas, etc.

Bah.

martes, 25 de diciembre de 2012

Navidad

Aquí estoy, entrando en ese momento del día 25 que se parece sospechosamente a un domingo, pero en versión corregida y aumentada. Es como un fin de domingo y un fin de fiestas. Doble depre, vaya.

Esta vez no me quiero quejar mucho. La cosa ha estado moderadamente bien. Por una carambola, he tenido algún regalo más de los que esperaba. Me he gastado una pasta gansa, pero no me arrepiento. También he hecho de todo: me he quitado de encima tres trabajos pendientes para enero. No había prisa; sólo nada mejor que hacer.

Joder, qué patético suena eso. El caso es que ha sido una cura para el aburrimiento.

Llegan los días en los que algunos hacen balance del año e incluso propósitos para el que viene. No soy yo mucho de plantearme cosas que quiera cumplir, hace mucho tiempo que dejé de fumar y creo que llevo una vida tan moderada que más bien debería proponerme tener un año salvaje. De momento, pretendo terminar el puto máster y pedirle a la gente que me dé una patada en el culo como se me ocurra apuntarme a más cosas de esas que no me dejan tiempo ni  para depilarme el bigote. Bueno, menos mal que eso me hace poca, muy poca falta. Empiezo a contar los meses para mi liberación. No son más de cinco y me da que lo peor ya ha pasado. Después, me parece que mi vida será trabajar lo menos posible e ir al gimnasio, cosa que últimamente tengo bastante abandonada, y es una lástima, porque me gusta lo suficiente como para no convertirlo en un propósito de esos que luego se incumplen. Lo complicado va a ser conformarme. Si me metí en este lío fue porque me sobraba tiempo, me aburría y pensaba demasiado. Entonces, me busqué un horizonte nuevo, pero es complicado lo de alcanzar el horizonte. Siempre está lejos, donde el sol se pone.

Un buen propósito para estos meses podría ser tratar de ceñirme al día a día, en lugar de pensar cuánto me queda de condena. No es tan complicado y no me cabe la menor duda de que me hará sentirme mejor.

... si es que yo fuera de cumplir ese tipo de propósitos.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Microvacatas

Qué bien, llevo un rato de vacaciones. Y es el segundo día que oigo algo de ambientillo festivo en la calle. Otros años empezaba antes, pero con tanto recorte, ya se sabe.

Ojalá termine pronto el año. Bueno, sí, eso es lo que va a pasar, no queda nada. No es que todo haya sido malo, sólo el otoño ha estado lleno de meteduras de pata y situaciones desagradables, aparte de aplazamiento forzoso de planes y la misma soledad de siempre.

Se supone que tengo una hora para disfrutar antes del fin del mundo. Ja.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Pendiente

No he hecho ni una sola compra navideña. Es que no me mentalizo de las fechas en las que estamos. Creo que es porque hace tiempo que empezaron a poner adornos y ya no hay un momento concreto en el que piensas "Oh, falta una semana". Pero sí: falta una semana.

Tampoco tengo auto-regalo, ni creo que me tengan preparada ninguna sorpresa. Estaría bien el detalle, no pido más, simplemente eso. En mi caso es cierto que no necesito nada caro. Tendré muchos defectos, pero el materialismo no es uno de ellos. Si por mí fuera, las joyerías se habrían arruinado hace mucho tiempo.

Ni siquiera he comprado cosas que necesite y que puedan colar como regalos. Hace unos días me cargué unos pantalones y debería sustituirlos, pero no acabo de encontrar el momento para ir a una tienda. Tampoco me vendría mal un jersey gordo, y es la misma historia. El otro día, de camino a un recado, pude haber aprovechado unos minutos, pero se cruzó en mi camino una tienda de esas tipo Woman's Secret y me pasé el tiempo curioseando hasta que tuve que salir corriendo para llegar adonde iba realmente. Qué desastre.

Si alguien necesita un personal shopper soy yo, pero no por falta de gusto (o eso espero). Necesitaría a alguien que tuviera tiempo para comprar por mí... y que aceptara mis negativas a llevar esto o aquello.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Domingo real

El sábado raro ha dejado paso a un domingo con todas las de la ley. Es decir: lavado de pelo, comida tardía, tarde larga y aburrida y un trasfondo de tristeza que no me quitaría ni puesta hasta las cejas.

Sin embargo, hoy no me ha pasado nada negativo: he hecho un par de cosas útiles por la mañana, he tenido tiempo para leer...

Ahora empieza diciembre en serio, también. Quedan todos los regalos por comprar, los dulces que cada año me gustan menos pero son imprescindibles, las inevitables comidas o cenas prenavideñas...

Uff, quiero huir. Por mí, pasaría de todo hasta mediados de enero. Me agarraría a uno que yo me sé y le tiraría de las orejas hasta que enfilara el aeropuerto, y me gastaría los ahorros en un viaje largo a alguna isla de esas que ni aparecen en los mapas.

Pero no. Esta semana he vuelto a quedar con B., necesita ayuda con un tema que yo creo controlar. Espero que no monopolice la conversación, porque encima de que le echo una mano, sólo faltaría. Y el caso es que se da cuenta, no sería la primera vez que se echa en cara lo mucho que habla.

Por otra parte, tendré que acercarme a la facultad, ya va siendo hora de hablar con un par de profes del máster. Supongo que eso me traerá la consecuencia de tener que hacer algún trabajo suplementario.

Además, sé que va a haber algún que otro asunto chungo en la oficina y eso me va a poner de los nervios.

Y tendré que sacar tiempo de alguna parte para hacer las compras imprescindibles de esta época.

Lo dicho: quiero huir. Ya. Esta tarde.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Sábado... o algo parecido

No me gusta nada que los sábados se conviertan en domingos, por mucho que haya otro domingo al día siguiente. Normalmente no recuerdo estos días de fiesta, y hago mis planes de hacer recados y demás... para encontrarme con que todo está cerrado. Me ha vuelto a pasar hoy, y me he alarmado por la quietud mañanera como de fin del mundo.

Ayer fue un día anodino en el curro. Lo único interesante fue un cotilleo sobre un colega que quiere montar una empresa por su cuenta, pero ninguno lo vemos capaz. No sé si nos sorprenderá, de momento suena a algo así como un pirómano que quiere montar un cuartel de bomberos. Por supuesto, hubo un montón de chistes malintencionados a su costa. Supongo que él pensaría que es envidia. Sea como sea, ¿son estos tiempos de lanzarse a aventuras empresariales dudosas? Es más, ¿es prudente dejar el curro que tienes más o menos seguro para hacer el idiota? Yo al menos sigo el refrán ese que dice que no hay que hacer mudanza en tiempo de crisis.

Por lo demás, todo va volviendo a la normalidad, o más bien a las andadas. Horror, soy yo quien va volviendo a las andadas. ¿Es normal que unas palabras me hagan volver a caer en los errores de siempre? Me asusta que alguien tenga tanto poder sobre mí como para obnubilarme de nuevo. No quiero. Sé que ahora tiene una novia... que además es una amiga mía.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Protofiesta

Cómo necesito este jueves festivo. Tendré que echar horas extra de descanso a tope, porque no soy de esos afortunados que hacen puente. Claro que también tengo un par de trabajillos pendientes, nada desagradable. En fin, se puede hacer de todo.

Hoy he visto un poco de luz en el túnel por el que circulo últimamente. De veras que todo lo que me puede salir mal, me sale peor. Si voy a por pasta al cajero, me topo con un jefazo al salir. Si un solo día llego tarde, justo ese día me necesitaban pronto. Y si llego muy pronto, entonces me quedo a esperar yo sola a que lleguen los demás. Y no sólo en el trabajo, me han pasado un montón de cosas negativas estos días, en plan ley de Murphy. Es como si me hubieran echado una maldición. O, al menos, es como si hubiera tenido un nubarrón sobre mi cabeza, ahí parado, diluviando, hasta hoy, que he conseguido dar pie con bola en un par de asuntos y además me he topado con una buena samaritana.

No creo que lo cumpla, pero mi plan para mañana sería despertarme hacia las 10, tomar un desayuno de domingo, hacer sin agobios esos trabajillos, o por lo menos empezarlos, comer tranquilamente y no hacer absolutamente nada por la tarde. Es decir, ver algún capítulo de alguna serie y desgastar el sofá, que hace muy mal tiempo y no apetece nada salir.

¿Me lo jod-robarán?

sábado, 1 de diciembre de 2012

Al refugio

Aquí estoy, sola en casa, como el Macaulay. Fuera tiene pinta de hacer mucho frío, y se nota que ya empiezan los días más cortos del año. Mejor, más sensación de refugio para los inútiles sociales que no teníamos ningún plan para hoy.

El refugio también lo necesitaría aunque no hiciera frío. He tenido una semana de esas chungas, pero a lo bestia. Lo último realmente satisfactorio que he hecho ha sido arreglar un juguete, y eso fue el domingo pasado. Llevo toda una semana de meteduras de pata laborales y problemas en general, y me temo que estoy decepcionando a gente a la que no quería decepcionar. Lo típico de que los errores, los descuidos, te acaban pasando factura. Si hubiera prestado un poco más de atención, quizá otro gallo nos cantaría.

A lo tonto, el tiempo pasa. Navidad, mitad de curso... Este mes toca leer libros para hacer un trabajo. El tema me gusta, pero tengo poco tiempo, aunque en principio el plazo es suficiente. Me he bajado mucho material de por ahí, pero aún necesito un ladrillo que no está colgado en ninguna parte, con lo cual tendré que pasarme por la biblioteca. Si no me lo hubieran pintado como imprescindible, me parece que ya tendría el trabajo, basándome en otros textos.

El caso es que, teniendo cosas que hacer, no tengo medios para hacerlas. Primero está lo de ese trabajo, luego tengo que contar con otra gente para hacer otro y aún no hemos podido quedar, etc.

O sea, que no me queda más remedio que descansar hasta el lunes.

... qué aburrimiento.