Cuando no hay deporte, hay que sacarlas de algún otro lado. Hoy he hecho unas galletas que habrían estado perfectas si hubiera desconfiado un poco más de la receta y del horno (demasiado tiempo, demasiada potencia). Lástima. En fin, aunque haya habido que tirar unas cuantas, se notaba que la miga era buena, muy buena. Y me han servido para estar activa un buen rato, y para que me felicitaran de todos modos (a costa de comprometerme a volverlo a intentar pronto).
Entre todo, he tenido mi dosis de felicidad. Luego he vuelto a mi estado normal.
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