Yo soy la primera que hace caso a su médico cuando le receta algo. Me lo tomo religiosamente, sin protestar. Luego se me ocurren otras cosas, que a veces le sugiero. Esta vez he empezado a tomar Fluimucil por mi cuenta, y cuando fui a la consulta le pregunté si podía seguir con ello. Me dijo que sí, y que incluso no pasaba nada por tomar un poco más de lo indicado. De hecho, he leído por ahí que es un medicamento con el que es difícil meterse una sobredosis, lo que me hace pensar que tampoco es muy efectivo en dosis normales.
No sé si será autosugestión: otras veces sí que me ha servido para expulsar toda la mierda de la garganta, pero esta vez tengo mis dudas. Es muy raro que me funcione sólo a primera hora de la mañana, justo después de haberme bebido la propia mezcla del medicamento y un vaso de agua adicional. Es difícil que la química tenga tiempo de actuar tan rápido. Me suena más bien a que mi cuerpo tiende a expulsar moco por su cuenta cuando empiezo a moverme por la mañana, después de una noche de estar quietecita, y si el agua fluidifica, pues ya ayuda lo suficiente.
Por otra parte, he redescubierto los vahos. Primero los hacía con un preparado de eucalipto de la farmacia, y parece que me despejaban las vías, pero ahora me resecan la garganta. Por eso, ayer decidí hacerlos sólo de agua caliente, y a veces me limito a dejar la cazuela humeando en medio de la habitación. He investigado los humidificadores, vaporizadores y otros trastos que se usan sobre todo para bebés con catarro, pero me parecen caros, sabiendo que la pobre y humilde cazuela cumple bastante bien.
¿Cómo es posible que los médicos no receten hoy día una cosa tan simple como los vahos? A mí me están resultando mejores que la química, y pienso tenerlos en cuenta para el futuro.