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domingo, 14 de noviembre de 2010

Asuntos televisivos

Me han estado volviendo loca con los fórmula uno, broooom, broooooom... No me gusta nada el deporte en la tele, y el que menos de todos, precisamente ese. Sin embargo, me encantaría probar un bólido de esos en un circuito para mí sola. Es una chorrada mía, lo mismo que querer probar un día una excavadora. Si ya me da dolor de cabeza tener que conducir un coche corriente...
En cuanto me he quedado sola, he apagado la tele. Tampoco había nada interesante en ninguna parte...

... a diferencia de ayer, que estuve viendo el reportaje de La Noria sobre esa visita papal que ha dado tanto el coñazo.
Qué mentirosos son los curas: salían diciendo que había habido mucha gente en la calle dándoles la bienvenida... pero en las imágenes desde lo alto se veía que en muchos trechos sólo había una fila de una o dos personas de fondo saludando con banderitas o lo que fuera. Esos curas que hablaban me recordaban a algunos políticos que siempre afirman haber salido satisfechos de las elecciones, aun habiendo quedado los últimos. Se han llevado un corte de puta madre.
Y el Ratzinger, diciendo que le parecía que estaba empezando a arraigar un anticlericalismo como en tiempos de la República, en los años 30 (vamos, cuando él sería un niño de las juventudes hitlerianas, supongo). Pues no es lo mismo, y lo sabe, pero anda disimulando. En la tele se ven los opusianos por un lado y los gays, ateos y otros grupos por otro, pero eso son sólo minorías. Hay que tener en cuenta otra cosa: el problema gordo que se les plantea ahora es que la gente tiene una enorme indiferencia para con ellos.

Se creían que podían manipular a la sociedad a su antojo, metiendo miedo y demás, y no contaban con que a veces la gente madura. Sobre todo, porque tenemos ojos y oídos y sabemos que el Vaticano ha tratado de ocultar y proteger a curas pederastas, y cuando se ha destapado el pastel, tampoco se han dado soluciones aceptables ni se ha pedido un perdón creíble y de corazón.