1. Andar criticando a los amigos cuando se está con otros amigos.
2. Quedar con un amigo o una amiga y tenerles esperando más de diez minutos. En realidad, más de cinco ya es falta de educación, pero sabemos cómo anda el tráfico. No vale avisar por móvil de que aún se va a tardar otro cuarto de hora, después de que llevan un buen rato de pie o solos en la cafeta. Llegar y decir entre risas "andaaa, si se ha enfadado" es rematarlo, pedir a gritos que no vuelvan a quedar con nosotros (sí, me han hecho esa gracia... y como fue la guinda de una serie de putadas, al final dejé de verles).
3. Quedar con un amigo para que nos acompañe a nuestros recados personales. Sin avisarle, se entiende. O sea, que él o ella pensaba que iba a tomar algo con nosotros y a relajarse, y de repente se ve arrastrado/a al todo-a-cien, luego al supermercado y a continuación a cualquier otro sitio aburrido.
4. Contarle una película de cabo a rabo, porque nos gusta, dando por sentado que le va a interesar, aunque nada lo indique y esté reprimiendo bostezos. Para empezar, a nadie le va que le cuenten rollos, no se pueden comparar con la peli real. Ídem con las novelas y los viajes.
5. Hacer un único puto viaje en la vida y sacarlo a colación a cada minuto. Por ejemplo, estar hablando de pescado y exclamar: "¡Pescado...! ¡Para pescado, el que vimos en las lonjas de Tokio! Ah, por cierto, he oído en las noticias que el metro de Tokio bla, bla, bla..." (y media hora hablando de Japón).
6. Por supuesto, cazar a las amistades para que vean nuestras diapositivas de las vacaciones. Esas diapositivas sólo les gustan a los protagonistas.
7. Llevar al bar/cafetería/chiringuito a otra gente a la que nadie aguanta para que se sumen al cafecillo.
8. Tener al /a la colega una hora al teléfono hablando de nada o repitiendo los mismos temas cansinos de siempre. O ser de esos que dicen "yo es que hablo mucho, córtame si me paso", cosa que en realidad es una frase vacía para quedar bien (una vez me la dijeron, parecían ir en serio, a los pocos días me volvieron a llamar para darme la misma lata, traté de cortar y resultó realmente violento).
Pues esas cosas que me han salido a bote pronto me las han hecho un montón de veces. Hasta que, una de dos, me he enfadado y he dicho finamente que "última vez" (afortunadamente, casi siempre lo han pillado) o simplemente he cortado todo contacto.
Sí, seguro que yo también tengo mis defectos, pero no tan gordos, ¡coño!, que tuve una conocida que siempre se iba al mismo pueblo y los lunes contaba todas sus aventuras de medio pelo, y acabamos del pueblo hasta las mismísimas. Que tuve que decirle claramente a otra persona que no se le ocurriera volver a traer a una tipa realmente insoportable a la que invitó una vez. Que no he vuelto a trabar amistad con ningún viajero aficionado a las diapositivas desde que tuve un empacho de las susodichas, y tengo serias dificultades para librarme de otra que me persigue con sus colecciones de fotos. Que cada vez que oigo la palabra "Bangkok" voy a buscar las aspirinas.
Hay gente que ni se da cuenta. Otros parece que han creído toda la vida que los amigos están para aguantarlos a ellos. Y yo flipo.