Recuerdo cuando tenía un Spectrum con las letras de las teclas semiborradas. Como el pirateo era difícil por entonces, ya que tenías que conocer a alguien que tuviera los programas para copiarlos, compraba los juegos en cassette, y era todo un acontecimiento ir a por uno. Me dejaba la paga, o esperaba a mi cumpleaños o Navidad para pedirlos. Cuando por fin los conseguía, había que tener una enorme paciencia hasta conseguir cargarlos en la memoria, y encima muchas veces daban problemas y se borraba todo en mitad del proceso o justo, justo cuando terminaba la cinta. Te podías pasar toda una tarde con el biiii-bip-trrzzz.
Yo debía de ser un poco masoca, ni me imagino la de tiempo que perdí en esos menesteres, y total para cabrearme la mayoría de las veces. Luego raramente completé alguno de los juegos: sólo recuerdo uno o dos en los que me pasé todas las pantallas. Eran tremendamente difíciles, hasta se publicaban mapas y trucos en revistas de informática. Algunos eran simplemente largos, y no siempre se podía guardar la parte de la partida a la que habías llegado con sudor, lágrimas y sangre de marcianos. Y entonces ya te daba algo. Por no hablar de aquella vez que un juego falsificado me dejó llegar hasta el final y entonces un bug se lo cargó todo. Lo di por terminado, no se podía hacer más.
Hoy día todo parece más fácil, los trucos más asequibles, el guardado más seguro. Además, están la mula y sus colegas, y aunque también requieren algo de paciencia, tú simplemente inicias los programas, buscas, seleccionas y te olvidas, y en unas horas o en unos días tienes algún regalito en la carpeta Incoming o My Shared Folder.
Lo que cambian las cosas, hay que ver...
Hace días que tengo el Illustrator. Es una de esas cosas que se conquistan con poco esfuerzo, ya se sabe. A lo peor es por eso que no hace la ilusión que hacía comprar el Abu Simbel Profanation en un kiosco por 700 pelas. Y eso que me apetece probarlo con la tableta digitalizadora, que la tengo también muerta de risa y cogiendo polvillo.
Ay, en otros tiempos estaría pegando saltos, y ahora me parece un coñazo tener que instalar ese programa maravilloso. Lo dicho, no valoramos lo que tenemos.