Como siempre, Reyes llega más de prisa de lo que parece. No tengo deseos materiales, pero a la vez me parece muy triste no tener un pequeño regalo, al menos. Qué sé yo, ropa interior o un pijama y alguna cosa más divertida. No se me ocurre qué puede ser eso, soy una triste de tres pares.
Sí, es todo consumismo, al fin y al cabo, pero es el momento de ceder a él. Sobre todo, si no lo has hecho el resto del año. Es una celebración como otra cualquiera, y seguro que hay entradas a fiestas mucho más caras que una pequeña joya de plata, por ejemplo (no me apetece una joya, aclaro). Vamos, que es mera diversión, lo de gastar un poco de dinero mañana. O debería serlo, siempre que se pueda. Pero, como soy una atontada, me dará hasta pereza ir de tiendas. No me desmeleno ni cuando es momento de hacerlo, y no sé por qué. Será que la costumbre de no gastar sin necesidad no es tan fácil de romper por un día. Quizá necesite alguna amiga o amigo con adicción a las compras para soltarme un poco. Por cierto, conozco a una persona así, pero ahora vive bastante lejos de mi ciudad. También tiene un poco de peligro, se empeñaría en comprarme algo de dudoso gusto. Es buena persona, pero tiene ese inconveniente. Y luego se disgustaría si no me lo viera puesto.
Mis deseos inmateriales: seguir bien en el trabajo, salud y amor para todos. Lo malo es que no se compran ni vienen en una cajita. Estaría guapo.