viernes, 26 de julio de 2013

Llamadme paranoica

Voy con mi cuñado a una tienda. Mientras yo me fijo un poco en el género de alrededor, el vendedor, al que no conozco de nada, habla con mi cuñado. No sé por qué razón, el tipo de entrada me cae mal, hay algo que no me gusta en él, en plan corazonada. Se pone a hablar del calor que hace y le dice dos veces a mi cuñado que la noche anterior se había ido pronto a la cama. Me vuelvo hacia donde están ellos para ayudar con las bolsas y el tipo sigue repitiendo lo mismo, que él con este clima se va a la cama, esta vez mirándome fijamente. Me quedo pensando por qué insiste tanto con su cama (la ha mencionado cuatro veces seguidas). Pienso mal, ¿está insinuando algo raro? No hablo, le miro también fijamente, con una seriedad que raya en la mala leche y me voy pensando que no voy a volver ahí, y que se despida educadamente su madre, porque yo, no. También me he alegrado de no haberle comprado nada, después de haber estado a punto.
¿Paranoia mía? ¿Ganas de molestar de él? Bueno, da igual, un tipo que está de cara al público no puede andar creando ese tipo de dudas, ha perdido una posible cliente.

1 comentario:

  1. Llevo un rato leyendo entradas de tu blog (empezando por la más reciente, sin saltarme ninguna) y me gusta bastante tu forma de escribir y mucho tu actitud vital. Vamos, no es que me guste en plan de que sea la actitud ideal (y sospecho que estás de acuerdo conmigo), sino en plan de que que siempre disfruta uno viéndose reflejado en las vidas de otros, especialmente si no tiene demasiada ocasión de hacerlo en la vida diaria, con la gente corriente, moliente y sonriente.

    Dicho esto... Sí, creo que es paranoia tuya, aunque yo no tengo intuición femenina, claro.

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