domingo, 31 de octubre de 2010

La gente llora a veces, sí

(Todo esto ha sucedido en unos cuatro días en total... ¿Habría luna llena? ¿Viento sur?)

Me llaman por teléfono por motivos de trabajo y se me ponen a llorar dos veces. De acuerdo con que el tema era triste y le afectaba personalmente, pero, hombre, mi oficina sólo tenía que ver indirectamente con eso, y era algo que hace tiempo que no tenía remedio, por desgracia. No sé, es como llamar a Hacienda para consultar algo y echarse a llorar (no, no trabajo en Hacienda, tampoco estaría mal).

Al día siguiente, en el gimnasio, se pone a hablar conmigo una chica que ha tenido sus problemas, pero a la que considero positiva ante la vida... y en un momento dado se le corta el discurso y me da la impresión de que está reprimiendo el llanto, y eso que la conversación no era sobre nada grave. No supe qué cara poner, me sentí un poco violenta y acabé haciendo como que no había visto su expresión y seguimos hablando como si nada. Quizá necesite que la escuchen, y estoy dispuesta a prestar mi oreja, pero... ella decide si abrirse o no, desde luego. Siempre puedo haberme equivocado y no voy a andar haciendo preguntas incómodas, ¿no?

Para ampliar la colección de lágrimas, la estúpida de mi jefa tenía que hacer de las suyas: el otro día se puso a hacer comentarios sobre otra persona, como si fuera alguien de segunda fila, con el mayor descaro, estando esta persona delante. Yo no sabía qué hacer, estaba viéndole la cara y, una de dos, o iba a estallar o iba a echarse a llorar también, y voto por lo segundo. Acabé tratando de frenar el tema, pero no podía hacer mucho, sólo conseguir una especie de aplazamiento. No me sentí muy bien, ojalá me hubiera atrevido a más, ojalá hubiera sido un poco menos prudente.

También he visto unas lágrimas que no sé si catalogar de sinceras o de "cocodrileras". No me cuadra que una trepa laboral tan hija de puta como ésa tenga su corazoncito de repente. ¿Querría un abrazo y una palmadita en la espalda? ¿Querría pasar por una persona sensible y buena? No cuela, querida.

Serán coincidencias sin más, pero... me pregunto si algún psicólogo televisivo habrá estado hablando en horas de máxima audiencia sobre la importancia de llorar y desahogarse. Debía de tener mucho poder de convicción.

sábado, 30 de octubre de 2010

Y a otra cosa, mariposa

Supongo que ayer fue un día bueno, porque no sólo me libré de la comedura de tarro, sino que estrené calzado, por fin. Llevaba meses necesitándolo; todo lo que tengo estaba un pelín demasiado usado y la comodidad ya dejaba de ser excusa. Sí, ya sé, soy de lo que no hay, a todo el mundo le gusta ir de compras, pasando del tópico de que somos las mujeres las que lo hacemos; hoy día casi todos los chavales van a comprar ropa encantados. A mí me suele resultar aburrido, aparte de que casi nunca tengo el tiempo y las ganas suficientes y de que las pocas tiendas que me pueden interesar están lejos, no en mi barrio.

Yo no sé si "la viejuna" no tendrá algo que ver también. De pequeña y de adolescente todavía me apetecía un poco ir a comprarme unos pantalones vaqueros o lo que fuera menester. Aún me hacían ilusión las pulseras, los calcetines de colores... Creo que habría flipado con la tienda de bisutería que han puesto aquí cerca hace unos meses, pero hoy día... no sé, como que todas las cosas me parecen más "chorraditas" que antes; me da igual si estoy guapa o no con ellas, no consiguen que me sienta demasiado especial.

Así que lo del estreno ha sido más bien como hacer los deberes: necesitaba algo que ponerme en los pies y punto. Eso sí, una vez en marcha, me compré lo que más me gustaba y apenas miré el precio. Ya sabía que me lo podía permitir, tenía que tener mis pequeñas reservas, visto lo poco que gasto...

viernes, 29 de octubre de 2010

Pafuera paranoias

OK, ya me han dicho y asegurado un montón de veces que es imposible pillar el HIV de esa manera, incluso una persona experta me lo ha dicho bien claro, así que... me declaro tranquilizada y (casi) libre de paranoias. Creo que me calmaré del todo este fin de semana largo, y espero no acordarme cada vez que tenga cerca a alguien sudando.

jueves, 28 de octubre de 2010

Aprensión

Llevo desde ayer pensando en vías de contagio del sida.

No, no es que haya ligado (¡ja!) y me lo haya hecho sin protección, ni soy una yonqui, ni he compartido cepillos de dientes, etc. La cosa va de una gota de sudor ajeno en mi ojo. Aparte de lo asquerosillo del tema, me ha dado por pensar si sería sudor sin más o podía contener sangre, dado que fue en el gimnasio y el entrenamiento consiste en golpes y bloqueos... En principio, no nos hacemos daño, pero alguna vez alguien se ha llevado alguna herida. Y nunca se sabe quién puede tener algo chungo en la sangre.

Para más inri, justo entonces me acababa de arrancar una pestaña que me molestaba; vamos, que me hice en el párpado un agujerito inoportuno, aunque fuera mínimo.

Ando investigando por todas partes y parece que las probabilidades de contagio son prácticamente cero, pero... no sé cuándo me convenceré.

Esto es un sinvivir...

martes, 26 de octubre de 2010

Ya pero ya

Hoy empieza House en la Fox, oh yeahhh! Anda que no nos han timado reponiendo capitulos de las temporadas pasadas.
Lo malo es que yo ya he visto unas cuantas escenas tórridas y lo he descafeinado un poco, pero qué coño, verlo en la tele en horario nocturno va a ser la leche.

Eso es lo más importante de hoy.

En cuanto al resto, está siendo un día bastante tonto, vacío. He terminado mi trabajo (todito) por la mañana y me he dedicado a ver episodios viejos de Frasier en Youtube por la tarde. Mientras, he tenido conversaciones de esas tipo small talk, o sea, de esas que sigues por educación, como cuando te hablan del tiempo, pero te pasas el rato pensando "qué pesadez" y no le dices al otro que se calle de una vez porque tampoco es que te caiga mal.

No ha aparecido un solo jefe. Una de las colegas se quejaba de lo cansada que estaba y me han dado ganas de preguntarle a ver de qué cojones se había cansado, ya que no ha aparecido más que a ratos, y mucho jiji-jaja todo el tiempo con su compinche. Yo he trabajado poco, pero seguro que el doble que ella. Fijo que luego es la típica madre que no hace más que exigir determinados comportamientos a sus hijos (lo sé, he oído cómo les pone las pilas por teléfono), pero ella no se aplica el cuento. Como no la ven... Joder, la tía lleva una vida de funcionaria sin serlo. De funcionaria de las de chiste, sé muy bien que la mayoría no son así.

Y mañana... no sé. Me estoy encuadernando en rústica (o más bien en grosera) una gramática de internet. Si se seca, me la podría llevar al trabajo, para seguir con lo del anime en versión original. ¿Trabajar? Ja, no depende de mí. Si me mandan algo, lo hago sin replicar. Si se olvidan de que existo, no me voy a inventar tareas. Sobre todo... porque no me las pagarían.

domingo, 24 de octubre de 2010

Me gusta...

... todo esto que ya no me llena, o no me llena igual que antes:

- Ver dibujos en versión original.
- Cocinar de vez en cuando.
- Internet.
- Procesar fotos.
- Hacer garabatos, e incluso dibujar de verdad.
- Leer sobre algún tema interesante: Economía, Medicina... Ya no disfruto tanto de las novelas.
- Hacer manualidades.
- Arreglar cosas.
- Montar muebles, si es que puedo hacerlo con tiempo, no como la última vez, que no dejaban de presionarme para que terminara. Total, para nada, solamente por la manía de tenerlo todo recogido. Acabé montando tres sillas en medio día y estresada, en lugar de ir a silla por día, que era un ritmo razonable.
- Escribir. No suelo terminar los relatos, pero a veces sí que lo consigo.
- Releer algunos libros que me han marcado, tipo El guardián entre el centeno. Ya no siento esa presión de llegar al final, a ver cómo acaba. Es más una lectura a trozos y sin obligaciones, abriendo por cualquier parte, a ver qué tiene Holden que decirme ese día.
- Las artes marciales, que NO son un hobby, son una necesidad. Es la única manera de que mi cerebro produzca las endorfinas suficientes, mi ración semanal de drogas naturales de fabricación propia.
- Algunos momentos de mi trabajo, cuando toca crear cosas. Me engancha tanto que hago en una mañana lo que otra gente en dos semanas. Y no es broma, creo que hay quien tarda más que eso.
- Ir a tiendas grandes de electrónica con las ideas claras para no tener que andar cazando dependientes (con los que tampoco me apetece hablar si puedo evitarlo) y comprar un par de cosas para trastear con el ordenador.
- El Leroy Merlin. Pero cuando no hay gente, claro.
- Ir al Oysho. No soy muy de ir a comprar ropa, pero esa tienda parece especializada en ermitañas: nunca he visto mayor colección de pantalones para estar por casa con motivos de dibujos animados. Tienen de todo: Looney Tunes, Garfield, Snoopy, Bambi... Ya tengo unos cuantos. No es que sea algo muy glamuroso, pero es cómodo, calentito, y me encantan esos dibujos.

sábado, 23 de octubre de 2010

Puntos de vista

Hoy he dicho en público lo mucho que me aburro en lo cotidiano. Es curioso, no lo había mencionado antes, y no es que pretendiera ocultarlo, pero... pues eso, simplemente no lo había dicho.

Las reacciones: ha habido quien negaba aburrirse jamás, cosa que no puede ser, y ha habido alguien más realista que se ha puesto a hablar de lo que hace cuando se aburre.

Eso de no aburrirse jamás no tiene sentido, a no ser que se tenga tanto que hacer que no se pueda parar, y eso no es divertirse precisamente, es estresarse. La que no se aburre jamás es la misma persona que se queja de que duerme poco y de que los fines de semana acaba haciendo todo lo que no tiene tiempo de hacer durante la semana en la casa. Tiene un problema y no lo ve. Claro que todo son personalidades diferentes:afirma ser feliz, y yo diría que lo es, a su manera. Pero ese ritmo no es razonable; espero que no le pase factura. Bueno, quizá le vaya bien, es la típica ama de casa que siempre se ocupa de muchísimas cosas hasta que tiene un millón de años, y esas personas que se mantienen activas también suelen ser longevas.

La otra persona es bastante creativa, le gusta trabajar con sus manos, y en eso nos parecemos. A lo mejor por eso entendía mejor mi necesidad constante de buscar entretenimientos.

A veces es posible que en mi caso sea la soledad lo que me abruma, no el aburrimiento exactamente. Hoy, por ejemplo, tengo sensación de aburrimiento, pero quizá la confunda. Llevo sola dos horas y es probable que no venga nadie por aquí hasta dentro de otras dos. Ni hablar de salir yo, los solitarios en los bares dan mal rollo, y las solitarias, muchas veces, son molestadas por gilipollas que piensan que van buscándoles a ellos.

Nada, he aprovechado para ver una peli de miedo que me ha aburrido y ahora estoy pasando al disco duro unas fotos, y ya me parece un coñazo el deber de clasificarlas. ¿El deber? Bueno, en realidad no pasaría nada si me limitara a formatear la tarjeta y olvidarme de ellas, nadie me obliga a abrir el Photoshop para procesar nada. Pero, en fin, quizá haya alguna buena y sería una lástima borrarla. Me gusta recibir comentarios cuando las cuelgo.

Mientras, tengo Cartoon Network en la tele y trato de oír Keroro en versión original. Así sólo pillo algunas palabras sueltas; si me pusiera a verlo de verdad, pillaría bastantes frases, ya que, a lo tonto, he conseguido cierto nivel de comprensión. Perdón por la chulería. El caso es que así tampoco no soy capaz de entretenerme.

Sí, creo que me he aburrido de los entretenimientos, luego... no es entretenimiento lo que necesito. Aunque me lleve mejor con las cosas que con las personas, lo más probable es que necesite relaciones humanas, por mucho que me agoten. Ayer las tuve, y pasó de todo, pero bien mirado... hubo momentos en los que pude sonreír y me sonrieron. Y no me aburrí.