miércoles, 9 de diciembre de 2009

Tieeeempo

Increíblemente, se me ha concedido el deseo. Menudo respiro. Al final van a ser unas Navidades tranquilas. Navidades, fiesta comercial, celebración del solsticio de invierno o como se quieran llamar. Me gusta lo de Solsticio de Invierno, al fin y al cabo es lo que seguramente celebraban mis antepasados, antes de la invasión del cristianismo. Aunque, en realidad, no necesito justificar que celebro estas fiestas pese a no considerarme creyente. Simplemente, hago lo que todo el mundo, y es divertido romper la rutina. ¿Cínica? Quizá, pero de todos esos supuestos católicos que invaden los grandes almacenes en estas fechas, ¿cuántos están pensando en rezar y hacer el bien?

Si queréis más cinismo... tengo la vaga impresión de que seré castigada por pensar así y por manifestarlo; consecuencias de una educación católica. Y otra vuelta: me da la sensación de que ninguna religión que me castigue por opinar merece que me haga adepta. Es decir, que ninguna religión me merece como adepta, objetivamente. Y ahora vendrá el karma y me dará una patada en el culo. O quizá no, dudo de ese tipo de castigos desde que Pinochet y unos cuantos más murieron tranquilamente en su cama.

Debería dejar de pensar un rato, no estoy aprovechando esta oportunidad de descansar.

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