Pero él no tiene derecho a imponerme ninguna autoridad.
Si no lo hubieran frenado, quizá se me habría venido encima.
Y allí estaba yo, plantando cara.
Menos mal que lo han frenado.
No me encuentro nada feliz, pero si hubiéramos llegado a las manos, no sé qué habría pasado.
Lo peor es que de alguna manera estúpida yo deseaba que ocurriera.
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