martes, 21 de febrero de 2012

Martes de Carnaval

No estoy viendo muchos disfraces, salvo en el trabajo: lobos con piel de cordero y similares. La verdad es que somos muy sosos, ojalá el año que viene nos pongamos las pilas. Total, hay gente que lo hace y pasa un día diferente. Me consta que las jefaturas no lo verían mal, así que no tenemos excusa.

Hoy no ha sido un día tan malo como el de ayer, se han arreglado algunas pequeñas cuestiones que tenía pendientes, o por lo menos han avanzado algo, y también me han dado una buena noticia de salud de un familiar. La inflamación cerebral sentimental también ha bajado un poco, pero lo peor es cuando me paso horas pegada a la pantalla, por obligación o por ocio. Ahí es cuando acaban dándome todas las neuras, comprobado. Debería despegarme más de internet y de las pantallas en general, por lo menos para los ratos de ocio.

El último enganche es con las puñeteras redes sociales. Me paso el día pensando en si él me visita o no, y con la sospecha de que sí, haciendo cábalas. Y, cuando le veo, sigue comportándose de forma rara. Sin tocarme un pelo, invade mi espacio personal todo el tiempo. Sin embargo, no da ningún paso más, a pesar de que yo no le pongo malas caras ni nada. Me pregunto si será un adicto al coqueteo que no va más allá. De todos modos... son cosas que él no debería hacer. Tiene gracia, yo tengo menos motivos para cortarme y el más transgresor es él. Y no se cansa de dar vueltas en torno al mismo punto.

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