viernes, 15 de febrero de 2013

Fotos

Hoy he estado curioseando por Facebook a un tipo que me volvía loca. La verdad es que las últimas fotos que ha colgado son un asco. Parece haber envejecido de repente, y encima tiene unos pelos horribles, el mal gusto personificado. Luego me he dedicado a ver las que colgaba su hermana, y resulta que aparecen sus padres. Sólo les he sacado algún parecido lejano con ellos. Tengo la impresión de que el padre fue un tipo guapo en sus tiempos. Y la madre tiene unos ojos interesantes. Me ha llamado mucho la atención la aparentemente enorme diferencia de edad entre ellos dos. Ni idea de la edad exacta, pero parecen llevarse más de 20 años. Quizá no sea tanta la diferencia, pero mientras ella se conserva bastante joven, él está hecho una pasa, el pobre.

No son los únicos que acusan el paso del tiempo, claro. Clasificando fotos familiares viejas, de esas que aún se imprimían en papel y venían con los negativos, he visto lo mona que era yo de pequeña y la extraña cara que me ha ido esculpiendo el tiempo. No hablo exactamente de envejecer, sino de volverme una adulta que ha decaído mucho y sale con una extraña cara crispada en las fotos. De niña salía más bien triste. Es que me sentía triste. Y furiosa.

La verdad es que he acabado con una sensación de pena por aquella niña que no se sentía feliz. Me da miedo que los pequeños de mi casa puedan tener una infancia por el estilo: estrés y miedo en la escuela, poco contacto social, rabia interior contra el mundo...

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