Viene un final de año de lo más soso. No hay cena de empresa ni nada parecido, no hay ninguna fiesta organizada por ningún colectivo con el que yo esté relacionada... Sólo hubo un picoteo ligero hace unos días, y ni siquiera pude asistir, ya es casualidad.
Es como si todo el mundo se hubiera hecho demasiado mayor este año, o tal vez la crisis influya. Bueno, debería darme igual, porque más de una vez he acabado la fiesta sintiéndome indiferente con todo, o frustrada por haber pasado la noche cerca de alguien que no me hacía caso, o tonta por haber bebido mucho sin que me guste beber. Casi nunca me siento del todo a gusto, porque a menudo no sé qué decir y me callo demasiado tiempo, no me gusta la música pachanguera, hay demasiada gente con la que no me gusta relacionarme... Es decir, estas historias no me hacen muy feliz y voy un poco forzada, pero si no hay movida es como si fuera febrero, o septiembre: una época del año sin nada demasiado interesante.
Tampoco he comprado más regalos que los de los críos de la familia. Sí que voy a ir a por un par de cosas para mí, pero me da pereza ir de compras, como siempre. Por lo demás, lo que voy a regalar yo va a ser mi contribución para pagar los gastos, como otras veces. No es quedar mal, porque tengo una familia particular que no tiene mucho entusiasmo por los regalos, y menos si se hacen por compromiso, porque manda la tradición.
¿Adornos? Los que quieran los críos, y la figurita que suelo sacar. Paso de volverme loca con el árbol y me parece hipócrita poner un belén, porque en todo caso lo que celebro es el solsticio, algo bastante pagano.
De la comida y las reuniones cuñadiles no me voy a poder librar, eso lo tengo claro. Me dan ganas de tomar un medicamento con efectos secundarios de esos que te dan sueño en cuanto aparezca mi familia política. Tengo experiencia, un simple antigripal casi me durmió en una cena... y por supuesto apunté el nombre de la droga en cuestión, para el futuro. Debería usarla para no oír las estupideces de costumbre. Así comería menos, de paso. Si por mí fuera, sólo serviría cosas ligeras, y me apetece más un trozo de bizcocho casero que el turrón, que en el fondo no me gusta.
Y no sé... Días de vacaciones, pues sí que tengo algunos, pero estas vacaciones suelen ser para hacer cosas pendientes: ir al banco, hacerle una puesta a punto al ordenador, arreglar la habitación de los hobbies...
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