sábado, 15 de septiembre de 2012

Envidia

Veo a una pareja de la mano. El chico es corriente, un tío de los que van con una camiseta cutre y bermudas, un Mariano cualquiera, ni guapo ni feo. Ella... Uf, tiene una extraña gordura que se concentra en sus piernas, en forma de grasa, celulitis y unas varices demasiado grandes para su edad.

Como siempre, comparo. No tengo esas piernas. Vale que no mida 1,80 y en consecuencia no sean como las de Julia Roberts, pero no están tan mal. Algunos pequeños defectos, pero forma aceptablemente bonita. Mientras no enseñe la parte superior, que es donde se me concentra la celulitis, ningún problema. Además, las tengo más o menos curradas a base de gimnasio.

La cara, apenas se la he visto; sólo un poco, de medio lado. Me ha parecido que sus rasgos eran normales y corrientes. Su pelo, un desastre de rizos fritos oscuros. Su ropa, sin un gusto especialmente bueno. No debería llevar esa falda tan corta con esas piernas. Nada de clase. Creo que yo tengo mejor aspecto, sin ser tampoco ninguna maravilla: estatura media, ojos gris claro, vagamente atlética (o eso espero, teniendo en cuenta lo que me cuesta en sudor).

Nada, no lo entiendo. ¿Cómo es que una chica con un aspecto malo anda con un tipo normal de la mano? ¿Cómo ligaron? ¿Qué buscaba él? ¿Por qué? ¿Por qué a mí no me pasan esas cosas? ¿Qué me sobra, qué me falta? ¿Soy demasiado atlética para una chica? ¿Tenía razón aquella compañera que pensaba que soy demasiado independiente? ¿Tengo que bajar el nivel de mis exigencias? ¿Todavía más? ¿Por qué estoy siempre sola? ¿Por qué prácticamente no se me acercan? ¿Por qué sólo tratan de hacerlo uno o dos casos desesperados, de esos que dan ganas de huir a todas las mujeres normales?


viernes, 14 de septiembre de 2012

Pendrive

Tenía en un cajón un pendrive viejo. Se me ha ocurrido reaprovecharlo, y para eso he tenido que revisar lo que había grabado en él. Me he encontrado con un montón de archivos sobre proyectos que no pude llevar a cabo, malos recuerdos, fotos ridículas... y una carta de amor desesperado.

La cosa fue que hace años me volví bastante loca por un tío y acabé mandándole una carta en la que insinuaba con relativa claridad mis sentimientos. Lo entendió perfectamente y su respuesta fue ignorarme. Lo sé porque tuve dudas de si la había recibido, le pregunté y dijo que ya me había contestado. Obviamente, con el silencio. Y eso, después de meses de tontear conmigo y hacer que mis nervios se pusieran de punta. 

Muy bien, aún hoy día me viene a la cabeza la frase que le habría dicho de no haber estado tan destrozada: vete a tomar por el culo. Se entiende que estuviera solo, a pesar de ser guapo. Nunca supe cuál era su problema, pero algo le pasaba: traía de cabeza a la mitad de la población femenina, juraría que se inventó una novia, y probablemente dependía de su familia. No sé si era simplemente un soñador inútil, alguien que valía para poco en esta vida. 

Tiempo después, tuve curiosidad de saber dónde paraba, ya que lo último que supe de él fue que se había ido de la ciudad. Le encontré en la web. No parece que haya cambiado de vida: ni tiene un empleo de verdad, ni se ha emparejado, ni nada. Se puede ser bohemio, pero si van pasando los años y no tienes un oficio que te dé de comer, ni lo intentas, es como no ser adulto. Luego dicen de los ni-nis...

Quizá salí ganando cuando creí perder algo grande.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Más breves

- Comienzo del curso. Echo de menos el no tener que pensar que tengo que hacer cosas cuando salgo de trabajar.

- Sin embargo, me siento bien en clase, mejor que en la oficina. Sospecho que no es en la oficina donde debería dejar ese tercio de mi vida.

- Me duele muchísimo cuando pasan de mí. Pero él parece haberse puesto serio y eficiente estos días, y noto la diferencia: no hace el idiota. O sea, que pasa de mí.

- Ahora que ya no tengo tiempo de ir de compras se me ha ocurrido que en realidad sí necesitaba zapatos nuevos. He ido a mi almacén de viejas glorias y he rescatado un par que casi se puede decir que son vintage. Y no hago el ridículo, ni nada.

- He estado haciendo unos deberes del máster. Entre eso y una cosa que tenía que hacer aquí en el ordenador, se me está pasando la tarde sin picotear.

- En general, tampoco tengo muchas ganas de comer entre horas. Anteayer comí más de la cuenta y eso ha hecho que rechace un poco los dulces. Ojalá me dure la abstinencia.

- Me han invitado a cierta actividad social. No me apetece mucho, así que iré. Me da que algo se torcerá y no acabaré muy contenta, y no es que me esté autosugestionando, es que hay un pequeño problema con nombre y apellidos y creo que al final se convertirá en el centro de la cuestión.

- Mi agenda está repleta de pequeños recados que no termino de quitarme de enmedio. Es como si fuera a cámara lenta.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Breves

- Ayer fue un día relativamente agradable, hoy he vuelto a las andadas y sigo con el cabreo y la tristeza interiores.

- He descubierto unos zumos que, si no son naturales, al menos dan el pego bastante bien. No tengo muchas dudas de que son mejores que los normales de brik.

- Me ha alumbrado una micra de creatividad, pero no sé si le sacaré partido.

- "Haz esto ahora que tu padre no está delante" empieza a ser un lema. Manda pelotas.

- Tengo que ducharme, pero no arranco.

- Tristemente, la profecía del ataque a las pensiones va a hacerse realidad.

- Voy a pasarme el domingo sola otra vez.

- Tengo otro millón de novelas por leer en la mesita de noche, aunque me había dicho a mí misma que ya vale de enganchar una sobredosis con otra. No tengo medida.

- Últimamente sólo leo mierda.

- Podría haber socializado, pero ya sé lo que pasa en las kedadas post-vacaciones: "¿Has ido a algún sitio?" "¿Qué has hecho?". Las respuestas del tipo "Me he quedado en casa y ni siquiera me he emborrachado en las fiestas" serán objeto de burlas. Por tanto... a la mierda, he vuelto a quedarme en casa.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Drojas

Estan dando un interesante documental sobre el opio. Yo ya lo había visto. Me llama la atención un dato que conocía de antes: un 10% de la población tiene un cerebro diferente, con más propensión a engancharse, y esos son los que acaban siendo adictos.

Me sorprende. He oído historias de gente que se infiltraba en bandas de traficantes, o grupos de yonquis, y que para disimular empezaron a meterse, y casi acaban enganchados, o se engancharon del todo. Eso, por no hablar de toda la gente que acaba siendo adicta a pastillas con receta, o de la advertencia que te sueltan cada vez que te mandan tomar un medicamento adictivo. Además, las campañas antidroga van dirigidas a todos, no a un mísero 10% de la población. Hay algo que no explican bien.

Por lo demás, viendo el documental me acuerdo de mis Myolastanes y del sueñecito tan agradable que me producían, aquellas primeras veces que los tomé. Un puto peligro, aquello me encantaba, aunque me conformé cuando terminó el tratamiento. Quizá tenga personalidad de adicta, pero al menos tengo autocontrol. Yo controlo, colega. Pero de verdad.

jueves, 6 de septiembre de 2012

SPV

Dicen que el síndrome postvacacional no existe. Que es cosa de malcriados. Que es normal que la vuelta te haga sentir un poco de tristeza. Que eso significa que has tenido la suerte de tener vacaciones.

Entonces, que me expliquen por qué me siento como si no pudiera ni pensar en cuanto enciendo el ordenador de la oficina, por qué todo se me ha vuelto tan difícil de golpe, por qué anda todo a cámara lenta.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Espejismo comercial

Los sábados de invierno suele darme la sensación de que debería ir de compras, de que las mañanas en las que no trabajo son para eso. A medida que pasa la mañana, me doy cuenta de que estoy perdiendo la oportunidad de hacerlo. Es una manifestación más de la sociedad de consumo: tienes tiempo, te gustan las cosas bonitas (y a quién no) y tienes algo de calderilla disponible quemándote en el bolsillo.

En vacaciones me he dedicado a ir a unos cuantos sitios: grandes superficies, tiendas de menor tamaño,  tiendecitas de barrio... Ha sido como cumplir lo que me pedía esa sensación de los sábados, para constatar que no necesitaba nada, que en realidad no me llama la atención casi nada de lo que venden y que, si compro algo, es probable que más adelante vea que ha sido un gasto un poco superfluo.

Ha estado bien comprobarlo antes de la subida del IVA: me he hecho con lo imprescindible, y de todos modos no he comprado mucho. Como decía en otro post, es triste llegar con el sueldo casi intacto al final de las vacaciones. A ver: algo menos de 70 pavos en rollos informáticos, 40 en mobiliario, 30 en un regalito sobrinero, 30 y pico en ropa de deporte... y lo peor gastado han sido unos pocos euros en unas cajas de barritas energéticas.

Y nada, fin de la experiencia tonta de verano. A ver si así se me pasa la obsesión de los sábados.