sábado, 1 de septiembre de 2012

Espejismo comercial

Los sábados de invierno suele darme la sensación de que debería ir de compras, de que las mañanas en las que no trabajo son para eso. A medida que pasa la mañana, me doy cuenta de que estoy perdiendo la oportunidad de hacerlo. Es una manifestación más de la sociedad de consumo: tienes tiempo, te gustan las cosas bonitas (y a quién no) y tienes algo de calderilla disponible quemándote en el bolsillo.

En vacaciones me he dedicado a ir a unos cuantos sitios: grandes superficies, tiendas de menor tamaño,  tiendecitas de barrio... Ha sido como cumplir lo que me pedía esa sensación de los sábados, para constatar que no necesitaba nada, que en realidad no me llama la atención casi nada de lo que venden y que, si compro algo, es probable que más adelante vea que ha sido un gasto un poco superfluo.

Ha estado bien comprobarlo antes de la subida del IVA: me he hecho con lo imprescindible, y de todos modos no he comprado mucho. Como decía en otro post, es triste llegar con el sueldo casi intacto al final de las vacaciones. A ver: algo menos de 70 pavos en rollos informáticos, 40 en mobiliario, 30 en un regalito sobrinero, 30 y pico en ropa de deporte... y lo peor gastado han sido unos pocos euros en unas cajas de barritas energéticas.

Y nada, fin de la experiencia tonta de verano. A ver si así se me pasa la obsesión de los sábados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario