sábado, 19 de septiembre de 2009

Coloqueta

Bueno, otra de las alegrías del estrés retomado es un dolor de espalda que no me deja ni a sol ni a sombra. No me ha servido de mucho el relajante muscular de otras veces, así que estoy tomando algo más fuerte, un medicamento que me recetaron la otra vez que me pasó lo mismo (quiero creer que esto no es 100% automedicación; al menos, ya conozco bastante bien el veneno y sus efectos).
No sé, suena a atiborrarme de química, pero, al fin y al cabo, tengo que tomar menos pastillas que las del relajante para que me haga efecto, y me tocan menos el estómago. Como la otra vez, me pregunto por qué no habré empezado por ahí... y la verdad es que creo que he actuado correctamente. Estas otras pastillas tienen un efecto secundario tipo cubo de café, me ponen nerviosa. Por eso no las he tomado durante la semana, ya tenía bastante con el aluvión de curro y necesitaba dormir aceptablemente. Así que he ido tirando con las drogas suaves, y ahora, aprovechando que no tengo nada que hacer, me he tomado una de las fuertes.
Si no duermo esta noche, pues qué le vamos a hacer, aprovecharé para ordenar cosas. Y mañana puede que me levante sin molestias, elástica como un chicle. Eso espero.

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