Hoy tenía mucho que hacer, y encima tenía que hacerlo con dolor de espalda y de ovarios a la vez. Ahora me encuentro mejor, además de que he terminado todo lo que tenía pendiente.
Lo primero que he hecho al tomarme este descanso ha sido hojear (o más bien ojear) noticias en Google. Una de ellas hablaba del cambio político en Japón, con pequeñas entrevistas a gentes de diversas edades y modos de vida. No sabía que existía un pueblo exclusivamente destinado a ancianos, y es pasmosa su manera de expresar opiniones tan actual, casi juvenil, a pesar de que una mujer tenía 90 años y otra nada menos que 107 (y escribe poesía, la buena señora). Más adelante, tomaban la palabra personas más jóvenes, con las que me he identificado bastante. Creo que todas eran mujeres sin hijos. Una de ellas, ya en los 30 y tantos, decía que no pensaba tenerlos a no ser que los hombres japoneses empezaran a implicarse de verdad en el tema, a cuidar y educar a sus hijos.
Algo me dice que mi país va por el mismo camino: cada vez hay más ancianos muy longevos en plenas facultades, y es casi nula la tasa de natalidad. Sí, ya, los políticos dicen que por eso necesitamos a los inmigrantes, pero después de una generación... ¿no dirán las chicas de origen chino o africano que ellas tampoco se reproducen en cautividad?
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