martes, 3 de noviembre de 2009

Dammit!

Toda la tarde luchando, cuatro horas para una puta lección. Bueno, era un poco larga, pero me he visto en baja forma. Mi objetivo era una lección por hora, tenía otras cuatro en perspectiva. Total, que la cabeza ya no me funciona y por eso estoy aquí.
Lo tengo todo abandonado por un proyecto que quizá no salga bien. Es más, antes me ha pegado tal bajón que no sabía si dejarlo todo. Antes de empezar, tampoco es que disfrutara mucho de la vida. De hecho, uno de mis argumentos para lanzarme a estudiar era ese: ¿Qué más me daba, si lo único que hacía últimamente era ver la tele, y ya me aburría con la mayor parte de las series?
Ahora me da por engancharme a cualquier cosa, con tal de levantar la vista de los apuntes. Por ejemplo, nunca me ha gustado Hospital Central, me parece un quiero-y-no-puedo spanish que no resiste la comparación con Urgencias, Grey, House... Pues el otro día me vi un episodio. Cómo me gustan las vidas ajenas cuando no soporto la mía. Aunque sean vidas de médicos ficticios y de actores mediocres. Lo mismo me pasa con Doctor Mateo: antes no la olía siquiera, ahora envidio la vida del pueblecillo.
Eso sí, sigo en mi línea de ver series médicas. Aparte de eso, veo Ley y Orden de vez en cuando, o Turno de Guardia (¿Hill Street renovado?).
Me siento tonta. Pero estoy demasiado cansada para ponerme las pilas y conseguir sentirme mejor. A veces, y sin que sea necesario que sucedan grandes desgracias, la vida apisona.

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