No me quería poner al teléfono, sabía que no podía con más cosas que las que ya tengo encima. Insistió, insistió, insistió. Al final, levanté el auricular y no tuve más remedio que decir que sí, que de acuerdo. Más que nada, por una cuestión de no dejar tirada a la gente.
Y aquí estoy, es domingo, pero he estado en la oficina y he currado. Mis planes de dedicarme a los estudios, a la mierda.
También me han regalado una cosa, menos es nada. Aunque necesito un día de fiesta urgente.
Debería irme a dormir dentro de un rato, porque como me pase como me suele pasar me acostaré a las mil, y a ver mañana quién me arrastra al curro otra vez. Que, por cierto, tengo miles de cosas que hacer: terminar lo de hoy, escaparme a entregar un formulario en cierto sitio, hacer unas fotocopias...
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