El sábado raro ha dejado paso a un domingo con todas las de la ley. Es decir: lavado de pelo, comida tardía, tarde larga y aburrida y un trasfondo de tristeza que no me quitaría ni puesta hasta las cejas.
Sin embargo, hoy no me ha pasado nada negativo: he hecho un par de cosas útiles por la mañana, he tenido tiempo para leer...
Ahora empieza diciembre en serio, también. Quedan todos los regalos por comprar, los dulces que cada año me gustan menos pero son imprescindibles, las inevitables comidas o cenas prenavideñas...
Uff, quiero huir. Por mí, pasaría de todo hasta mediados de enero. Me agarraría a uno que yo me sé y le tiraría de las orejas hasta que enfilara el aeropuerto, y me gastaría los ahorros en un viaje largo a alguna isla de esas que ni aparecen en los mapas.
Pero no. Esta semana he vuelto a quedar con B., necesita ayuda con un tema que yo creo controlar. Espero que no monopolice la conversación, porque encima de que le echo una mano, sólo faltaría. Y el caso es que se da cuenta, no sería la primera vez que se echa en cara lo mucho que habla.
Por otra parte, tendré que acercarme a la facultad, ya va siendo hora de hablar con un par de profes del máster. Supongo que eso me traerá la consecuencia de tener que hacer algún trabajo suplementario.
Además, sé que va a haber algún que otro asunto chungo en la oficina y eso me va a poner de los nervios.
Y tendré que sacar tiempo de alguna parte para hacer las compras imprescindibles de esta época.
Lo dicho: quiero huir. Ya. Esta tarde.
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