Con tanto adelantar cosas, me he quedado sin nada que hacer. Tenía que elegir ropa para una fiesta a la que me han invitado el sábado, y ya lo he hecho. Vuelta a enfrentarme al vacío. A la vez, no puedo relajarme. Otras personas aprovechan esta tarde relajada para sestear, pensar en las musarañas... y lo disfrutan.
Sí, me han invitado a una fiesta. Es lo de siempre: a veces me muero de soledad, pero me da pereza ir a relacionarme con gente. No creo que salga muy bien, hay varios invitados a los que les patearía el culo una docena de veces y me quedaría tan a gusto. Encima, estoy en plan ley del mínimo esfuerzo, tanto que hasta me asusta. Vamos, que más o menos se me ha caído esa máscara de amabilidad que todos nos ponemos para salir a la calle, no me apetece sonreír falsamente, no me apetece soportar charlas insulsas, etc.
Bah.
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