Aquí estoy, sola en casa, como el Macaulay. Fuera tiene pinta de hacer mucho frío, y se nota que ya empiezan los días más cortos del año. Mejor, más sensación de refugio para los inútiles sociales que no teníamos ningún plan para hoy.
El refugio también lo necesitaría aunque no hiciera frío. He tenido una semana de esas chungas, pero a lo bestia. Lo último realmente satisfactorio que he hecho ha sido arreglar un juguete, y eso fue el domingo pasado. Llevo toda una semana de meteduras de pata laborales y problemas en general, y me temo que estoy decepcionando a gente a la que no quería decepcionar. Lo típico de que los errores, los descuidos, te acaban pasando factura. Si hubiera prestado un poco más de atención, quizá otro gallo nos cantaría.
A lo tonto, el tiempo pasa. Navidad, mitad de curso... Este mes toca leer libros para hacer un trabajo. El tema me gusta, pero tengo poco tiempo, aunque en principio el plazo es suficiente. Me he bajado mucho material de por ahí, pero aún necesito un ladrillo que no está colgado en ninguna parte, con lo cual tendré que pasarme por la biblioteca. Si no me lo hubieran pintado como imprescindible, me parece que ya tendría el trabajo, basándome en otros textos.
El caso es que, teniendo cosas que hacer, no tengo medios para hacerlas. Primero está lo de ese trabajo, luego tengo que contar con otra gente para hacer otro y aún no hemos podido quedar, etc.
O sea, que no me queda más remedio que descansar hasta el lunes.
... qué aburrimiento.
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