Cuando deja de interesarte alguien, quizá te des cuenta de que también su entorno ha perdido interés para ti. Había algo en la situación anterior, algo que irradiaba de él y lo teñía todo, aunque fuera sólo un poco. Luego te inunda la normalidad y se te abren los ojos: ese amigo en común parece más aburrido, crees que ha llegado el momento de dedicarte a algo diferente, a ver si tus oportunidades en la vida están en ese otro algo... Eso también tiene algo de falaz, porque encierra una esperanza vana de solución total para tu vida.
Y así es como me siento, en mitad de un mar de indiferencia. Él sigue con sus estupideces, a veces, tratando de llamar mi atención para nada. No parece burla, sino más bien una dependencia de mis reacciones, con esa mirada un punto desesperada. Qué voy a hacerle; o lo supera, o él verá, porque yo ya no soy la misma.
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