miércoles, 1 de enero de 2014

2014

Mientras espero que vengan los invitados, me dedico a estar exhausta. Es raro, me siento como si me hubieran dado una paliza. Sí, bueno, tengo algunas agujetas de practicar deporte hace unos días, pero no sé yo si esto que me pasa está justificado. Quizá sea el no parar desde hace más de una semana, ya que todo fue un poco más complicado de lo que yo esperaba, y claro, me ha cansado.

En fin, aquí estoy, escuchando cositas de los Strauss y colegas, lo típico. Ojalá pudiera tomarme el día realmente libre; lo único que me apetece es eso: escuchar música, seguir con mis libros y comer algo ligero, porque no necesito atracones, y no es por el probable engorde, sino porque me parece una tontería llenarse el estómago de azúcar y grasa cuando lo que más me apetece es, quizá, un poco de sopa, un trozo minúsculo de pescado asado, yogur, fruta y un polvorón. No me limitaré a esto por esas estúpidas convenciones sociales, pero es lo que me gustaría. Tampoco me apetece ver más de media hora a la sobrinada que me viene, y sin embargo tendré que hacerlo.

No tengo propósitos de Año Nuevo, sólo deseos, y es dudoso que se cumplan, lo mismo que no se cumplieron en años precedentes. Supongo que se limitará a ser un año gris, y gracias si no pasa nada que lo vuelva negro. No confío mucho en que haya sorpresas maravillosas. Ojalá me equivoque en esto último.

En fin, que vuestros próximos doce meses merezcan la pena.

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