Terminé hace un par de días un trabajo con buen resultado. Debería haberme alegrado, pero me he dejado amargar muy rápidamente por otras cuestiones, por problemas que en realidad no son para nada graves. Vamos, que no he disfrutado de mi logro; como máximo, me siento aliviada cuando trato de pensar el marrón que habría sido si no hubiera salido bien. Por otra parte, pienso que no sé cuál es el objetivo de todo a largo plazo, con lo cual me parece que tiene poco sentido ponerse a pegar saltos de felicidad.
He comentado con una persona lo mal que me parece eso de que algo que nos disgusta puede estar dando vueltas en nuestra cabeza durante días o semanas, mientras que las alegrías duran poco. Creo que tiene una explicación lógica, se trata de que grabemos lo que hacemos mal para no repetirlo en el futuro, con lo cual las alegrías no parecen significar tanto en nuestra evolución personal. Aunque si nunca nos alegráramos por nada, no acabaríamos bien, tampoco.
Entre eso y el cansancio que arrastro, no me siento capaz de gran cosa. Me paso los días en el trabajo soñando con esa cama del anuncio que viene a recogerme y me lleva directamente a casa.
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