- Dolor de cabeza.
- Dolor de espalda.
- Insomnio anoche, y todo el día de hoy con sueño.
- Mañana toca bronca, o situaciones desagradables, por lo menos.
- Me vengaré.
- Finalizando el libro de Murakami.
- Tengo la impresión de que estoy perdiendo vista, con tanto internet y tanta novela.
- Lisa Edelstein va a abandonar House, sniff.
- He ordenado mis dos escritorios, aunque uno ha vuelto a quedar cubierto de cosas. Ordenadas, eso sí.
- Soy de lo más descuidada, como amiga. Y luego me cuesta el triple retomar el contacto.
- Sé quien es la novia de Mr. X.
- Odio la publicidad por teléfono, es una pura invasión en tu propia casa.
- Viene el verano, la jornada reducida... Suena bien, pero acaba decepcionándome: siempre acabo sufriendo el calor y el aburrimiento en cantidades industriales. Lo que quiere decir acabar atiborrándome a novelas. Lo que quiere decir que debo ir al oculista.
- Hay otro concurso de relatos, podría presentar algo, pero no estoy en esa onda.
- Me toca los webs que me pidan un favor y acabar yo persiguiendo a la persona para que tome los documentos en cuestión.
- Ando de un humor un poco suicida. Nada fuera de lo corriente: la vida es una mierda, no sé si cortarme las venas o dejármelas largas...
- Sin embargo, empiezo a tener una ligera idea de cómo me gustaría vivir el resto de mi vida: pueblecito + tartas caseras enfriándose en la ventana + ser la friki del lugar. Y todo ello sin olvidar mi e-reader ni mi PC.
martes, 31 de mayo de 2011
domingo, 29 de mayo de 2011
Los peligros de Facebook
No era lo peor eso de que anden traficando con tus datos. Puedes poner un montón de falsedades. La publicidad que te encasquetan en un lateral, pues bueno, no es peor que otras. Si te etiquetan con una curda de tres pares bailando medio en pelotas en una fiesta, eso no depende de que tú tengas cuenta o no, sino del que te etiqueta con tu nombre y apellidos, y poco puedes hacer para evitarlo.
Lo peor de todo viene de ti mism@. Sí, como suena. Estamos muy acostumbrados al anonimato de internet y, bajo un nick, escribimos cualquier cosa, porque normalmente no tiene consecuencias: ideas políticas al descubierto, insultos a cualquiera, confesiones inconfesables, comentarios subidos de tono... Así hemos funcionado durante años, y no pasaba nada, o como mucho te enciscabas en una bronca por escrito con alguien también anónimo, y nada más... y luego vino Facebook. La mayor parte de la gente está ahí con nombre y apellidos, con lo cual les puede localizar cualquier indeseable (desde un amigo pesado hasta alguien con quien tuvieron un pleito hace años, por ejemplo). Y son datos que han facilitado voluntariamente. Esto funciona como un vampiro de información que te hipnotiza: la gente tiende a facilitar cada vez más datos, por no hablar de que trazan su perfil psicológico poco a poco, cada vez que escriben. La propia página web está muy bien pensada, te va tentando a escribir cosas. Por si fuera poco, están todas esas aplicaciones-virus que te miran los datos y hacen spam (a estas alturas, me parece increíble que la gente siga picando).
Tampoco es necesario pensar en los peligros habituales de la red. A veces lo que ocurre es que esa personalidad que normalmente no muestras en la calle la dejas expuesta a las miradas de todos en el dichoso Libro de Cara: si eres un enamorado, todo el mundo se va a enterar de lo cursi que eres cuando le dejas mensajitos a tu pareja. Sí, hay opciones de privacidad, pero por lo que se ve la gente no las usa mucho, y menos con los colegas. Por otra parte, si eres un poco exhibicionista y quieres decirle al mundo lo feliz que eres con tu pareja, este medio es el mejor. De todos modos, puede que al cabo de un par de años te arrepientas muchísimo, o no sé... Por ejemplo, si tu nueva pareja encuentra lo que le habías escrito a la otra, a lo mejor no le hace mucha gracia. Ya voy viendo algún que otro plumero por ahí, y eso sin buscarlo.
Por supuesto, el día que tu partido gana/pierde las elecciones o ha pasado algo gordo, tienes unas probabilidades bastante altas de expresar tus opiniones al respecto en el muro, y eso es algo que tampoco harías normalmente sin unas copas de más. Y así, con todo.
No hace mucho que leí que está desapareciendo el concepto de intimidad, a causa de estos inventos.
Es la pura verdad.
Lo peor de todo viene de ti mism@. Sí, como suena. Estamos muy acostumbrados al anonimato de internet y, bajo un nick, escribimos cualquier cosa, porque normalmente no tiene consecuencias: ideas políticas al descubierto, insultos a cualquiera, confesiones inconfesables, comentarios subidos de tono... Así hemos funcionado durante años, y no pasaba nada, o como mucho te enciscabas en una bronca por escrito con alguien también anónimo, y nada más... y luego vino Facebook. La mayor parte de la gente está ahí con nombre y apellidos, con lo cual les puede localizar cualquier indeseable (desde un amigo pesado hasta alguien con quien tuvieron un pleito hace años, por ejemplo). Y son datos que han facilitado voluntariamente. Esto funciona como un vampiro de información que te hipnotiza: la gente tiende a facilitar cada vez más datos, por no hablar de que trazan su perfil psicológico poco a poco, cada vez que escriben. La propia página web está muy bien pensada, te va tentando a escribir cosas. Por si fuera poco, están todas esas aplicaciones-virus que te miran los datos y hacen spam (a estas alturas, me parece increíble que la gente siga picando).
Tampoco es necesario pensar en los peligros habituales de la red. A veces lo que ocurre es que esa personalidad que normalmente no muestras en la calle la dejas expuesta a las miradas de todos en el dichoso Libro de Cara: si eres un enamorado, todo el mundo se va a enterar de lo cursi que eres cuando le dejas mensajitos a tu pareja. Sí, hay opciones de privacidad, pero por lo que se ve la gente no las usa mucho, y menos con los colegas. Por otra parte, si eres un poco exhibicionista y quieres decirle al mundo lo feliz que eres con tu pareja, este medio es el mejor. De todos modos, puede que al cabo de un par de años te arrepientas muchísimo, o no sé... Por ejemplo, si tu nueva pareja encuentra lo que le habías escrito a la otra, a lo mejor no le hace mucha gracia. Ya voy viendo algún que otro plumero por ahí, y eso sin buscarlo.
Por supuesto, el día que tu partido gana/pierde las elecciones o ha pasado algo gordo, tienes unas probabilidades bastante altas de expresar tus opiniones al respecto en el muro, y eso es algo que tampoco harías normalmente sin unas copas de más. Y así, con todo.
No hace mucho que leí que está desapareciendo el concepto de intimidad, a causa de estos inventos.
Es la pura verdad.
martes, 24 de mayo de 2011
Dinamitando moderneces
No me lo creo. Cuando me dicen que es importante ver las cosas desde la empatía, tener entusiasmo, buscar la propia motivación, procurar el bienestar de los demás y todo eso que suena tan bien y tan moderno, lo único que hay en el fondo es una manipulación para que colaboremos con la empresa. Me sobran esos engaños.
A todos nos conviene que la empresa vaya bien, qué duda cabe, pero, ¿qué quieren? Yo no puedo fingir un entusiasmo que no tengo en absoluto. Me gano el sueldo, punto. No me apetece sonreír, no voy a trabajar feliz y contenta (suena insolidario con los parados, pero si trabajaran les pasaría lo mismo al tercer día), me importa tres cojones lo que pueda ocurrir una vez veo que he hecho mi parte, no me apetece hacer la pelota, reservo mi imaginación para cualquier cosa menos para hacer propuestas, no pongo mi creatividad a su servicio, no les digo que sé hacer tal o cual porque se aprovecharán, no quiero intimar con nadie por puros motivos laborales, paso de comidas, juegos y copas salvo con quien considere amigo, no le río las gracias al jefazo si puedo evitarlo y me considero en mi derecho de no obligarme a fingir que fulano o mengana me cae bien cuando es gilipollas/un grano en el culo/pura farsa.
Mi empleo es solamente el medio de financiarme lo que sí me interesa. Pídanme trabajo duro, y lo haré. Renegaré todo lo habido y por haber, pero el trabajo estará terminado dentro de plazo. Sin quejas. Sin más, sin menos.
Y las chorradas new age de libro de marketing yanqui, se las pueden meter por donde les quepan.
A todos nos conviene que la empresa vaya bien, qué duda cabe, pero, ¿qué quieren? Yo no puedo fingir un entusiasmo que no tengo en absoluto. Me gano el sueldo, punto. No me apetece sonreír, no voy a trabajar feliz y contenta (suena insolidario con los parados, pero si trabajaran les pasaría lo mismo al tercer día), me importa tres cojones lo que pueda ocurrir una vez veo que he hecho mi parte, no me apetece hacer la pelota, reservo mi imaginación para cualquier cosa menos para hacer propuestas, no pongo mi creatividad a su servicio, no les digo que sé hacer tal o cual porque se aprovecharán, no quiero intimar con nadie por puros motivos laborales, paso de comidas, juegos y copas salvo con quien considere amigo, no le río las gracias al jefazo si puedo evitarlo y me considero en mi derecho de no obligarme a fingir que fulano o mengana me cae bien cuando es gilipollas/un grano en el culo/pura farsa.
Mi empleo es solamente el medio de financiarme lo que sí me interesa. Pídanme trabajo duro, y lo haré. Renegaré todo lo habido y por haber, pero el trabajo estará terminado dentro de plazo. Sin quejas. Sin más, sin menos.
Y las chorradas new age de libro de marketing yanqui, se las pueden meter por donde les quepan.
sábado, 21 de mayo de 2011
Semana telegráfica
- Intentan pillarme en errores laborales y no pueden. No pue-den esos pecadores, ¡jarl! La, la, la...
- Es de risa: otra vez me he encontrado monedas ajenas al ir a buscar un café. Imposible encontrar a su propietario, con lo cual...
- Por otro lado, me he dado cuenta de que probablemente mi empresa me deba dinero. Tengo que hacer un par de averiguaciones.
- Una de cal y otra de arena en el gimnasio. Quizá los parabienes no eran todos destinados a mí. En los últimos no creo.
- Vuelta a las andadas románticas. No puedo hacerle caso. Me pasa factura psicológica después. No merece que me lo tome en serio si él no lo hace.
- ¿Y desde cuando es tan marcapaquetes?
- He estrenado los pantalones nuevos. La dependienta me decía que esos no, que unos más estrechos, pero ella no se pasa un montón de horas sentada ni piensa que la ropa ajustada se te clava más así. Si parezco una vagabunda, o casi un skater de esos de pantalón "cagao", es mi problema, y mi salud es lo primero, que no ando maravillosamente de la circulación en las piernas.
- En fin, ¿qué le importa a la gente cómo visto, o si tengo o no pareja? Pues debe de importarles, he oído insinuaciones por ahí.
- Aprender cosas, repasar lo aprendido. De vez en cuando, hay que hacerlo, y viene bien aunque cueste.
- Tengo la impresión de que las redes sociales nos hacen parecer más simpáticos de lo que somos en realidad. Tengo que admitir que a veces estrechan los lazos con la gente, me ha pasado. Lo malo es que eso no cambia la timidez o las pocas ganas de relacionarte en directo, y das la impresión de sosería, o así lo veo yo. El caso es que me siento un poco más aceptada. Supongo que eso es bueno.
- Me parece bien lo de la Puerta del Sol, pero no les veo demasiado combativos. Por otra parte, sustituir al sistema, sí, pero... ¿cómo? ¿Tienen alguna propuesta concreta? Sólo se me ocurre algo que traiga más intervención pública, y tal vez el capitalismo no funcione bien, pero el comunismo funciona peor. Eso sí, lo de dar dinero a los bancos a fondo perdido debería ser delito. ¿No han oído hablar de los préstamos y de los intereses?
- Es de risa: otra vez me he encontrado monedas ajenas al ir a buscar un café. Imposible encontrar a su propietario, con lo cual...
- Por otro lado, me he dado cuenta de que probablemente mi empresa me deba dinero. Tengo que hacer un par de averiguaciones.
- Una de cal y otra de arena en el gimnasio. Quizá los parabienes no eran todos destinados a mí. En los últimos no creo.
- Vuelta a las andadas románticas. No puedo hacerle caso. Me pasa factura psicológica después. No merece que me lo tome en serio si él no lo hace.
- ¿Y desde cuando es tan marcapaquetes?
- He estrenado los pantalones nuevos. La dependienta me decía que esos no, que unos más estrechos, pero ella no se pasa un montón de horas sentada ni piensa que la ropa ajustada se te clava más así. Si parezco una vagabunda, o casi un skater de esos de pantalón "cagao", es mi problema, y mi salud es lo primero, que no ando maravillosamente de la circulación en las piernas.
- En fin, ¿qué le importa a la gente cómo visto, o si tengo o no pareja? Pues debe de importarles, he oído insinuaciones por ahí.
- Aprender cosas, repasar lo aprendido. De vez en cuando, hay que hacerlo, y viene bien aunque cueste.
- Tengo la impresión de que las redes sociales nos hacen parecer más simpáticos de lo que somos en realidad. Tengo que admitir que a veces estrechan los lazos con la gente, me ha pasado. Lo malo es que eso no cambia la timidez o las pocas ganas de relacionarte en directo, y das la impresión de sosería, o así lo veo yo. El caso es que me siento un poco más aceptada. Supongo que eso es bueno.
- Me parece bien lo de la Puerta del Sol, pero no les veo demasiado combativos. Por otra parte, sustituir al sistema, sí, pero... ¿cómo? ¿Tienen alguna propuesta concreta? Sólo se me ocurre algo que traiga más intervención pública, y tal vez el capitalismo no funcione bien, pero el comunismo funciona peor. Eso sí, lo de dar dinero a los bancos a fondo perdido debería ser delito. ¿No han oído hablar de los préstamos y de los intereses?
lunes, 16 de mayo de 2011
Envidia de la normalidad
J. tiene unos 20 años, es estudiante y además deportista de alto nivel. Repite curso. No parece que se agobie por eso, sigue con su costumbre de estudiar las últimas semanas antes de los exámenes, entre competición y competición. Participa en redes sociales con frecuencia, tiene amigos/as, y los sábados por la noche sale de juerga, hasta primera hora del domingo. Alguna vez ha competido con resaca, o sin dormir.
Dentro de pocos años es probable que no pueda encontrar trabajo con la carrera que estudia, por haberla llevado a trancas y barrancas. Tampoco se ha formado en ofimática, idiomas, etc. Y, aunque suele ganar trofeos, el deporte que practica no deja de ser minoritario y no le va a dar grandes ingresos, ni siquiera si consigue trabajo entrenando a otros.
Y a J. es a quien yo envidio.
Dentro de pocos años es probable que no pueda encontrar trabajo con la carrera que estudia, por haberla llevado a trancas y barrancas. Tampoco se ha formado en ofimática, idiomas, etc. Y, aunque suele ganar trofeos, el deporte que practica no deja de ser minoritario y no le va a dar grandes ingresos, ni siquiera si consigue trabajo entrenando a otros.
Y a J. es a quien yo envidio.
sábado, 14 de mayo de 2011
El inconsciente se impone
Había tenido un pequeño disgusto y se hundió un par de días. Luego remontó y volvió a la rutina. Le pareció que no había sido para tanto, y además era algo esperado. Sin embargo, a la semana se dio cuenta de que no podía dejar de pensar en acontecimientos del pasado desagradables y ese mismo día le volvieron los pensamientos suicidas relacionados con la soledad. Recordó el disgusto. Todo encajó.
Al lavarse las manos, vio un principio de vejez en su espejo. Y también vio que todo iba a ser repetitivo y que su vida nunca cambiaría a mejor.
Al lavarse las manos, vio un principio de vejez en su espejo. Y también vio que todo iba a ser repetitivo y que su vida nunca cambiaría a mejor.
Blogger loco
Han reaparecido mis entradas de los últimos días... pero no los comentarios. ¿Adónde habrán ido?
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