No me lo creo. Cuando me dicen que es importante ver las cosas desde la empatía, tener entusiasmo, buscar la propia motivación, procurar el bienestar de los demás y todo eso que suena tan bien y tan moderno, lo único que hay en el fondo es una manipulación para que colaboremos con la empresa. Me sobran esos engaños.
A todos nos conviene que la empresa vaya bien, qué duda cabe, pero, ¿qué quieren? Yo no puedo fingir un entusiasmo que no tengo en absoluto. Me gano el sueldo, punto. No me apetece sonreír, no voy a trabajar feliz y contenta (suena insolidario con los parados, pero si trabajaran les pasaría lo mismo al tercer día), me importa tres cojones lo que pueda ocurrir una vez veo que he hecho mi parte, no me apetece hacer la pelota, reservo mi imaginación para cualquier cosa menos para hacer propuestas, no pongo mi creatividad a su servicio, no les digo que sé hacer tal o cual porque se aprovecharán, no quiero intimar con nadie por puros motivos laborales, paso de comidas, juegos y copas salvo con quien considere amigo, no le río las gracias al jefazo si puedo evitarlo y me considero en mi derecho de no obligarme a fingir que fulano o mengana me cae bien cuando es gilipollas/un grano en el culo/pura farsa.
Mi empleo es solamente el medio de financiarme lo que sí me interesa. Pídanme trabajo duro, y lo haré. Renegaré todo lo habido y por haber, pero el trabajo estará terminado dentro de plazo. Sin quejas. Sin más, sin menos.
Y las chorradas new age de libro de marketing yanqui, se las pueden meter por donde les quepan.
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