miércoles, 31 de agosto de 2011

Septiembre, ¿ya?

Tengo como varios millones de cosas que hacer mañana, y alguna no va a ser demasiado agradable ni sé cómo va a terminar. No sabía si hacerme una agenda un poco más detallada, porque todo son apuntes garabateados en una libreta medio destrozada. Al final decidí que sí, pero el caso es que no lo he hecho, y posiblemente mañana tenga que ponerme a ello a última hora, pero qué le vamos a hacer: me he pasado la tarde leyendo cosas de historia antigua, casi de prehistoria.

Y no es que yo sea muy amiga de posponer tareas, más bien al contrario, me gusta librarme de las mierdas cuanto antes. Así me ha ido a veces, que me veían ociosa, y claro, "tú que no tienes nada que hacer, quedas reclutada para esto y lo otro". Desde luego, a los que dejaban todo para última hora y se ahogaban con su propio horario no había que molestarles, que ya tenían bastante. Irónico.

Buf, me alegro de volver a la normalidad, de todos modos. No me han gustado estas vacaciones. El año que viene me las plantearé de otra manera, quizá escondiéndome en una choza en el monte.

lunes, 29 de agosto de 2011

Corrientes subterráneas

Entre su incapacidad de pedir perdón y mi incapacidad de perdonar a quien no me lo pide, no llegamos a nada. Punto muerto.

A veces me siento culpable, pero... ¿qué es esa actitud de borrón y cuenta nueva y hacer como que no ha pasado nada, sabiendo que ha pasado demasiado? ¿De qué van esas exigencias de respeto y ese modo de opinar en un tono autoritario que pretende sentar cátedra? ¿Por qué tengo que hacerle ningún favor?

Nah, por mucho que escriba, tampoco voy a llegar a ningún lado. Quizá sería mejor si me apartara definitivamente, pero habría algún perjudicado, al menos al principio.

Las casas aparentemente pacíficas no tienen por qué serlo.

domingo, 28 de agosto de 2011

De cara al exterior...

Me dicen que tengo muy buen aspecto, que se me nota el tiempo que paso al sol y que se me ve más tranquila.

Por dentro, no lo estoy. Incluso me noto cierta agresividad (no, aún no he matado a nadie).

Creo que el secreto de ese buen aspecto es que duermo bastante bien. Y eso es así desde que tuve algunos problemas musculares hace unas semanas. No sé si ha sido por la medicación o la osteopatía, pero tiene que haber sido por una de las dos cosas (y que vivan los efectos secundarios, si es así). Como ya había tomado la misma medicación otra vez, creo que habrán sido esas manipulaciones. Fui a dos terapeutas; el primero no me encontraba nada serio y me mandó hacer unos estiramientos, pero el segundo me dio una especie de paliza que no resolvió del todo el problema, aunque sí me hizo mejorar, y el tiempo ha hecho el resto. Bueno, pues desde ese mismo día de la paliza, raramente se me rompe el sueño y casi siempre duermo unas ocho horas. Llevaba más de cinco años con una calidad de sueño muy pobre, esforzándome por no recurrir a las pastillas y asumiendo que mi vida era así. Pues no, ya no es así, y me alegro mucho.

Esa es la parte buena. Soy un animal nocturno feliz, pero a partir de las 8 de la mañana vuelven mis pequeños y grandes traumas personales, me dedico a preocuparme por lo que tengo que hacer en septiembre... y leo, leo, leo para evadirme hasta que me duele la cabeza. Si no tuviera tanta literatura a mi disposición, me volvería adicta a cualquier estúpida serie de la tele o me deprimiría, lo cual también me impediría hacer otras cosas. Supongo que ese es el esquema, más sencillo de lo que parecía.


viernes, 26 de agosto de 2011

Después

No me he perdido nada. Me han contado que él no fue a la fiejjjta. Sí apareció alguien que no me cae bien, aunque no era quien me esperaba.

De paso, me libré de una posible resaca, no perdí el día siguiente por estar sin dormir, no me llené de calorías vacías...

Eso sí, me duele la cabeza: llevo varios días leyendo como si se acabara el mundo. Algún libro ha resultado una absoluta pérdida de tiempo, algún otro ha sido todo lo contrario. Como decía en otro post, por aquí se alegran de que haya vuelto a leer, pero a mí no me parece tan buen síntoma. Es una compulsión que me sirve de refugio, una adicción, y lo sé porque me está impidiendo hacer otras cosas. Luego me acusan de estar enganchada a internet, pero eso no es cierto, porque ni siquiera me acuerdo de la pantalla cuando estoy entretenida con lo que sea por ahí. La culpa la tienen los medios: hablan de yonquis del ordenador, pero no de yonquis de la literatura, así que oficialmente no existimos ni lo nuestro es preocupante.

El caso es que pienso aprovechar la adicción. En septiembre voy a tener que desintoxicarme por cohones; si no lo hago yo, otros me pondrán las pilas, así que me voy a instalar el lema "que me quiten lo bailao" por unos días más en el disco duro y espero no acabar como Don Quijote.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Crazy world

Estoy viendo tal serie de cosas raras últimamente que no sé si la loca soy yo o es el mundo. Bueno, una pista sí que tengo: me dice alguien que el otro día fue al médico y su consulta está a un paso de las de psiquiatría.

Y vio que había llenazo en esa sala de espera.

sábado, 20 de agosto de 2011

Pros y contras

Hay fiesta. Ir o no ir, datis decuestion.

Pros:

- Si voy, posiblemente estará él.
- Será otro paso para integrarme con gente.

Contras:

-¡Si voy, posiblemente estará él!
- Puede que él no vaya solo.
- O puede que no vaya, ni solo ni acompañado.
- De todos modos, sé que nos veremos dentro de poco.
- Es probable que allí haya al menos una persona que no me cae bien.
- No me gusta beber como una cosaca y de eso se va a tratar.
- No me gusta bailar.
- No sé fijo cómo va a estar el ambientillo, en general.

8 contra 2. A la mierda, voy a llamar y a decir que no cuenten conmigo. A ver qué excusa se me ocurre: gripe repentina, crisis de ansiedad...

Telegramas agosteños

- Creo que ZP ha pedido prestado dinero al Vaticano. Si no, hay cosas que no me explico.

- No me quedan muchas vacaciones, y no las estoy disfrutando como debería. No dejo de pensar en los marrones que tengo a la vuelta. Y no encuentro la tecla de desconexión. Siempre está ahí ese ruido de fondo.

- La gente es tan bocas como siempre: "Vamos a hacer esto", "Nos llamamos", "Quedamos"... y luego, nada. Pero mira, mejor que se rajen, al final me va a dar pereza juntarme con ellos.

- El dinero hace la felicidad, aunque sólo hasta que cubre todas nuestras necesidades básicas. No es una frase mía, simplemente es que lo he constatado.

- Sólo por tener trabajo, ya me siento millonaria. Y también el gilipollas del banco debe de verme así. Me ha dado qué pensar: debe de estar muy malita la cosa cuando un tipo como ese cambia de actitud al ver que tienes una nómina.

- De hecho, dicen que viene una crisis aún peor. No lo dice cualquiera, ha sido el director del Banco Mundial, me parece.

- Me he enganchado a un par de libros y ya no hay quien haga carrera conmigo. Casi no hago otra cosa que leer. Y el caso es que hay quien se alegra, como si hubiera pasado una crisis. No sé... antes tampoco leía tanto, y podría no ser buen síntoma; sólo supone otro enganche, lo mismo que me pasa con algunas series. Y si supieran lo que leo, quizá no sería tanto motivo de alegría: relatos de zombies, una novela bastante triste sobre la guerra civil...

- Por lo que pueda pasar, he escondido las cosas que más les pueden gustar a los niños. Por ejemplo, no quiero encontrarme con cómics antiguos rotos cuando termine la visita que vamos a tener. Ni discutir con quien diga "Bah, déjale que lo coja, total, si eso no vale nada" (!!!!!).

- Veo a la gente en las terrazas. Parecen felices, me dan un poco de envidia, pero me da pereza sentarme sola y tampoco me apetece con gente, porque eso implica vida social.

- Lo de bajar el IVA a la compra de vivienda supone abaratarla poco más de millón y medio de pelas. Me pregunto qué diferencia hay entre que un piso cueste 35 y que cueste 34. Y el banco se seguirá carcajeando a la hora de pedirle hipoteca. Y yo me carcajeo cuando presentan la rebaja como un logro.

- Me pregunto cómo andan los farmacéuticos de la huelga, esos a los que la Cospedal quiere sancionar además de no pagarles lo que les debe.

- Quiero cambiar de vida y no encuentro la manera. O quizá quiera cambiar algunas cosas de mi vida que no admiten cambio.