domingo, 28 de agosto de 2011

De cara al exterior...

Me dicen que tengo muy buen aspecto, que se me nota el tiempo que paso al sol y que se me ve más tranquila.

Por dentro, no lo estoy. Incluso me noto cierta agresividad (no, aún no he matado a nadie).

Creo que el secreto de ese buen aspecto es que duermo bastante bien. Y eso es así desde que tuve algunos problemas musculares hace unas semanas. No sé si ha sido por la medicación o la osteopatía, pero tiene que haber sido por una de las dos cosas (y que vivan los efectos secundarios, si es así). Como ya había tomado la misma medicación otra vez, creo que habrán sido esas manipulaciones. Fui a dos terapeutas; el primero no me encontraba nada serio y me mandó hacer unos estiramientos, pero el segundo me dio una especie de paliza que no resolvió del todo el problema, aunque sí me hizo mejorar, y el tiempo ha hecho el resto. Bueno, pues desde ese mismo día de la paliza, raramente se me rompe el sueño y casi siempre duermo unas ocho horas. Llevaba más de cinco años con una calidad de sueño muy pobre, esforzándome por no recurrir a las pastillas y asumiendo que mi vida era así. Pues no, ya no es así, y me alegro mucho.

Esa es la parte buena. Soy un animal nocturno feliz, pero a partir de las 8 de la mañana vuelven mis pequeños y grandes traumas personales, me dedico a preocuparme por lo que tengo que hacer en septiembre... y leo, leo, leo para evadirme hasta que me duele la cabeza. Si no tuviera tanta literatura a mi disposición, me volvería adicta a cualquier estúpida serie de la tele o me deprimiría, lo cual también me impediría hacer otras cosas. Supongo que ese es el esquema, más sencillo de lo que parecía.


No hay comentarios:

Publicar un comentario