viernes, 26 de agosto de 2011

Después

No me he perdido nada. Me han contado que él no fue a la fiejjjta. Sí apareció alguien que no me cae bien, aunque no era quien me esperaba.

De paso, me libré de una posible resaca, no perdí el día siguiente por estar sin dormir, no me llené de calorías vacías...

Eso sí, me duele la cabeza: llevo varios días leyendo como si se acabara el mundo. Algún libro ha resultado una absoluta pérdida de tiempo, algún otro ha sido todo lo contrario. Como decía en otro post, por aquí se alegran de que haya vuelto a leer, pero a mí no me parece tan buen síntoma. Es una compulsión que me sirve de refugio, una adicción, y lo sé porque me está impidiendo hacer otras cosas. Luego me acusan de estar enganchada a internet, pero eso no es cierto, porque ni siquiera me acuerdo de la pantalla cuando estoy entretenida con lo que sea por ahí. La culpa la tienen los medios: hablan de yonquis del ordenador, pero no de yonquis de la literatura, así que oficialmente no existimos ni lo nuestro es preocupante.

El caso es que pienso aprovechar la adicción. En septiembre voy a tener que desintoxicarme por cohones; si no lo hago yo, otros me pondrán las pilas, así que me voy a instalar el lema "que me quiten lo bailao" por unos días más en el disco duro y espero no acabar como Don Quijote.

2 comentarios:

  1. Mujer, tampoco creo que haya nada malo en leer tanto, siempre y cuando no tengamos en cuenta lo que le pasó a Don Quijote y bla, bla...
    Bueno va, ahora en serio, cualquier hábito aparentemente "sano" puede ser susceptible de transformarse en adictivo cuando nos roba tiempo para hacer otras cosas que nos gustan o cuando llegamos a sentir ansiedad cuando no lo practicamos (incluso cuando lo hacemos) y esto es aplicable a la lectura, el deporte o enchufarse a navegar por los internetes.
    Además, esa cuestión es sucintamente perceptible cuando notamos que el placer que nos produce la práctica ya no es el mismo que nos producía antaño, tal vez deberías preguntarte si realmente gozas de tus largas jornadas de lectura estival.

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  2. ... o si tanta necesidad tengo de evadirme, quizá.

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