sábado, 3 de julio de 2010

Sábado teórico

Me he pasado la mañana yendo de un lado a otro. Tenía que hacer una reclamación en una tienda, o más bien una consulta algo cabreada, porque no es normal que tarden tanto en traerme algo que dejé encargado hace mil años. También han tardado en atenderme, hay que joderse, en algunos sitios no se nota la crisis y están siempre petados. En fin, tenía que hacerlo y lo he hecho.

Después he ido a la farmacia, y ha sido una locura. Sólo había una chica delante de mí, pero ha pedido un montón de cosas, y todavía se paraba a hacer memoria, porque le parecía que se le olvidaba algo. Mientras tanto, su hijo se dedicaba a desmontar un par de expositores de juguetes para bebés y chupetes. Tampoco es que la chica se haya quedado mirándole tan tranquila, y además ha recogido lo que estaba por el suelo y lo ha puesto en su lugar, pero ese comportamiento, en mi época, conllevaba un par de gritos y acabar agarrada por la muñeca hasta salir de la tienda. Bueno, en realidad, raramente me habría pasado eso, porque yo, como mucho, hojeaba algún tebeo en los grandes almacenes. Otras madres, simplemente, cruzaban la cara del crío o la cría y había lágrimas. No creo que haga falta llegar a eso, aunque... sí está bien frenar al energúmeno en cuestión cuando se está pasando.

Los padres de hoy día, generalizando, son incapaces de soltar un "ya basta" en el momento adecuado. Ya he visto de todo: críos que se cuelan en escaparates de tiendas y madres que sólo dicen "cómo es de movido este niño", otros que dan balonazos a la gente por la calle y encima les mandan que vayan por otro lado (mientras los padres, precisamente, miran para otro lado), otros que llevan un bocata pringoso en las manos y manosean impunemente la ropa de un expositor...

Luego son los perros los que no pueden entrar a los sitios. Cojonudo.

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