Mientras tanto, no me lo quito de la cabeza. Está ahí todo el tiempo, como un ruido de fondo.
Tengo que pensar en otra cosa. A ver qué se me ocurre:
- Mejoro en el deporte, o al menos me veo con ojos más optimistas.
- He perdido grasa en las caderas.
- Y eso se nota en el kilo que he bajado estos últimos días. Es lo bueno que tiene el estrés de los disgustos: me hace perder peso.
- Mis proyectos van mejor de lo que pensaba.
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