sábado, 3 de diciembre de 2011

Sábado de curro

No era curro de oficina, y era algo que me apetecía hacer, pero me ha acabado catapultando a un sofá antes de terminar. O sea, que he acabado como cuando hacía horas extra. Así soy yo: mientras el resto del mundo goza de un sábado que ya es parte de un puente, me dedico a cansarme.

Pues nada, me he dedicado a leer un rato, con una manta por los hombros, mientras el frío se iba apoderando de mi cuerpo. A la vez, me daba un sueño que sonaba hasta a hipotermia, pero no me he levantado hasta la hora de cenar. He hecho una parada para recoger la ropa tendida, y ahí me he terminado de helar. El cacao con miel me ha resucitado, y aún noto los efectos. En este momento, estoy volviendo a las andadas, a ver cuánto tardo en volver a congelarme. Podría encender la calefacción, pero no me da la gana hasta el próximo bajón de temperatura, que esta mañana incluso he estado en jersey en la calle.

Tengo una sensación agridulce desde hace unos días: ando como los equilibristas que hacen girar platos, pero uno de mis platos está empeñado en caerse al suelo. Espero solucionarlo with a little help of my friends, si es que son friends de verdad, o al menos creen en la simbiosis y se acuerdan de otras veces en que he sido yo la que les ha ayudado.

También se ha empeñado en visitarme la ley de Murphy, esa que dice que cuando haces las cosas bien no te ve nadie, pero cuando metes la pata hay todo un auditorio lleno a tu alrededor. En fin, paciencia, cagarla no es mi tónica general, o eso creo.

¡At-chíís!

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