No es raro ese cansancio: llevo una semana de trabajo dura, con algún que otro pequeño disgusto, como el del post anterior, con muchas cosas en el aire y cargando las tintas en el gimnasio. Y encima es que se me olvidan las cosas, tenía que haber hecho un recado esta mañana y no me he acordado hasta que ya estaba todo cerrado. Mierda.
Me surgen los quehaceres a cada paso, mi agenda está llena y todavía llevo algunos aparte en la cabeza, como ese que se me ha olvidado. Estoy llena de pelos en lugares donde no quedan bien, por ejemplo, y demasiado cansada como para ir a quitármelos. Si le doy un rodillazo a alguien, le clavaré todas las espinas de cactus que me han crecido.
Al menos, los suplementos parecen estar funcionando. Me queda la duda de si esos pequeños problemas intestinales tendrán algo que ver con esas pócimas, o si habrá sido casualidad. Hoy me he levantado bien y no me he notado nada raro, ni he tenido que salir disparada al baño, como ayer en el trabajo. Menudo glamour.
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