El caso es que la empresa va como siempre, se mantiene. No veo la justificación, y espero que no vaya a más el tema este, pero es lo que hay.
Me habría partido por la mitad que me echaran. No por el paro en sí, que también, claro, sino porque me he estabilizado (creo) en un lugar donde tanto las jefaturas como los compañeros son buena gente, y hago exactamente el tipo de trabajo para el que estoy preparada. Día a día me veo crecer, aprendo constantemente y eso me hace bastante feliz, aunque suponga esfuerzo e incluso marrones. No me importa. He tenido trabajos más relajados en los que casi acabo en el psiquiatra, y no porque yo sea una rara. Bueno, lo soy, pero es que muchísima gente acababa muy jodida en esos lugares.
Y aquí estoy, recuperándome a base de hacer tareas de bricolaje. Sí, otros se toman unas cañas, pero repito que soy una rara y ejerzo de rara. Quizá lo mejor habría sido irme a dormir, porque he acumulado tanta tensión que la noto en todo el cuerpo. Ojalá no tuviera esa convención de no irme a la cama a las siete; si lo necesito, lo necesito, puede que más que cenar y fijo que más que ver la tele. Que es lo que acabaré haciendo, me temo.
Pero no ha sido un mal día.
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