- Tengo cierta sensación de estar perdiendo el tiempo, de no hacer cosas que a lo mejor debería hacer, pero creo que me engaño. Como mucho, estoy más relajada, voy con un poco menos de prisa. Si pierdo algo por el camino, no debería importarme.
- ¿Por qué el innombrable me está mandando tonterías por internet? Sobre todo, ¿por qué ahora, de repente, después de meses de ignorarnos mutuamente? Este tío es tonto. Van como siete mensajes en mi buzón. No pienso responder, por dos motivos: ni me interesan esas bobadas, ni voy a entrar en su juego. Si quiere algo de mí, tendrá que usar medios más claros y menos infantiles. Y ya veríamos cuál sería mi respuesta.
- ¿Y por qué no me mira a la cara cuando me ve? Espero que sea porque se siente como un completo capullo. Lo es.
- Cuando estoy en un edificio que no es mi casa y llueve fuera, me entra melancolía si miro por la ventana, pero de algún modo lo disfruto. Estando en casa, no siento nada de eso, me da igual. Soy rara.
- Sigo en el gimnasio, aunque cada día me da más pereza ir. Creo que debo hacer el esfuerzo, porque cuando llevo unos cuantos días sin ir es como si mis demonios interiores fueran despertando poco a poco y acabo hundida. Lo de las endorfinas del deporte es cierto.
- He solicitado unos días de vacaciones contiguos a los de Pascua. Es probable que me los concedan, pero no tengo planes. Sólo quiero descansar. Eso sí, en esta época del año me suelen surgir marrones que me complican las fiestas. De hecho, creo que al menos me surgirá alguna obligación familiar.
- Necesito zapatillas deportivas nuevas, después de cargarme las que tenía. Ando usando unas viejas que debería tirar.
- Podría haberme apuntado para un chequeo. Debería haberlo hecho... pero no. La culpa la tienen esos pensamientos horribles sobre agujas y venas. Mientras tanto, lucharé contra la sospecha de anemia a base de filetes poco hechos.
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