sábado, 19 de abril de 2014

Finales

Mañana es el cumpleaños de una antigua amiga. Lo de "antigua" va en el sentido de que ya no lo es. Andábamos juntas por ahí hace un montón de tiempo, hasta que terminamos el instituto. Intenté seguir con la amistad, pero íbamos a facultades distintas y era obvio que ella entonces estaba conociendo a otras personas y quería quemar todo lo anterior, y yo entraba en el lote. Pues muy bien. Me molestó que simplemente pasara de mí, por supuesto, pero no tanto como que a los cinco o seis años, de repente, ella tratara de retomar la amistad, cuando oyó rumores de que yo había conseguido un buen trabajo. No me cabe duda de que fue esa la razón: sencillamente reapareció de golpe, hablando de ese tema. Hala, a la mierda, entonces fui yo la que se apartó, y nunca me he arrepentido.

En realidad, creo poco en las amistades desde siempre y para siempre, porque la gente lleva decepcionándome toda la vida, y es probable que alguna vez haya sido yo la decepcionante. Sólo conservo una amistad de más de 10 años, lo cual tampoco es desde la infancia. Creo que si dura es porque nos vemos poco, y porque la pobre me soporta las neuras a cambio de soportarle yo ciertas narraciones peñazo.

Me recuerdo con 14 años: tampoco era muy sociable. No encajaba con las tontainas que se pasaban el día pensando en chicos, ni con las deportistas, ni exactamente con las empollonas, ni... En fin, tenía una amiga, sí, pero más que nada la nuestra era una relación de competitividad, de ver quién sacaba mejores notas. Y yo cometí el error de mirarla un poco por encima del hombro por ser católica practicante, mientras que yo iba ya en plan iconoclasta. De hecho, es que ahora no me parecen verdaderos adultos los que siguen a la Iglesia Católica, y menos si no la cuestionan. Aquello no podía durar, claro. No hace mucho nos vimos en un acto social, y algo me dice que aún me ve como a una especie de enemiga, aunque la cosa nunca llegó a tanto. Me da que sus padres eran de los que comparaban a los hijos con los demás, y ella no salía muy bien parada. Yo no tengo la culpa, pero por lo visto es así.

De adulta, he compartido cañas y fiestas ocasionalmente con gente diversa. A una persona la dejé de ver porque en el fondo no teníamos nada que ver y se empeñaba en arreglarme la vida para que me relacionara un poco más. En parte lo agradecía, pero llevaba un tiempo pasándose de la raya, en plan ordeno y mando. Otra persona resultó ser un auténtico vampiro emocional, y demasiadas estupideces le aguanté. Cuando me aparté de ella, vi desde fuera cómo manipulaba a su familia, y me alegré de haberme autoeliminado de su vida.

Hoy no puedo decir que tenga más amigos que la que comentaba, con la que no me relaciono más que lo justo. Creo que la alternativa es soportar gente insoportable o estar solos, y que soy del segundo grupo. A veces lo sufro, pero me temo que es lo único que va conmigo. Paso de hacer planes con otros, por bien que suenen, porque siempre pasa lo mismo: surge una voz cantante que se empeña en que se haga lo que le gusta, y un fin de semana tras otro. No, gracias, sencillamente me da pereza y me molesta tener que pensar en que tengo que dejar el chándal y arreglarme, en lugar de andar vagueando.

Supongo que tengo lo que me merezco.


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