lunes, 6 de septiembre de 2010

Experimento

Seguimos con el estrés. Parece que los jefes quieren hacer cosas, pero andan tanteando, porque no saben muy bien cómo. Y yo, menos, ¿qué esperaban?

He vuelto tan agotada que me he echado a dormir. Es un decir, me he metido en la cama y me he relajado algo menos de un cuarto de hora interrumpido (me he levantado a apagar la tele). No soy capaz de dormir durante el día, a no ser que esté enferma o lleve muchas noches durmiendo muy poco. El caso es que me ha sentado bien, es un experimento que quería hacer: cuando me sienta agotada y con dolores musculares de la tensión, pasaré un ratito bajo las mantas. Recreo el ambiente relajado de la noche o de primera hora de la mañana, y mi cuerpo se traga el engaño, se relaja.

Eso sí, ¿a quién le apetece hacer deporte a continuación?

domingo, 5 de septiembre de 2010

Tregua de ETA

Para mí, es un alto el fuego definitivo. No pueden permitir que se repita lo que les pasó en las elecciones anteriores, que con la ilegalización dieron la victoria al rival absoluto. Pero nunca dirán que es un alto el fuego definitivo. Simplemente dejarán de funcionar y no lo reconocerán. Estoy dispuesta a comerme estas palabras con patatas, si me equivoco, pero no creo que sea la misma situación de la última tregua.

¿Enhorabuena al mundo? Mm... sí.

Postdata: atención a los que a partir de ahora se van a querer apuntar el tanto personalmente. En mi opinión, la tregua es fruto del debilitamiento y el rechazo social a lo largo de muchos años, no de un solo político ni de un partido en concreto. Pero, cuando pasen cinco años sin atentados, alguno dirá: "La medalla, para mí".

Actualidad personal

Las vacaciones no me gustaron. Surgió aquel problema con el virus que me tuvo inquieta durante días, primero para eliminarlo y luego para arreglar los destrozos. De hecho, me quedé sin Nero y no lo he podido reinstalar, porque no tengo una versión decente. Sí que he podido sustituirlo por algo parecido, pero estaba tan acostumbrada a él... Luego, el viaje fue un coñazo plagado de discusiones y con ciertos personajes que aparecieron de pronto y no me cayeron bien para nada.
En realidad, los viajes los disfruto a posteriori: me alegro de volver a casa y de haberlos dejado atrás, y también de sentirme casi normal cuando puedo contestar que sí estuve por ahí en vacaciones (pero claro, por la ley de Murphy, cuando viajo es cuando menos me preguntan qué hice en agosto).

Me siento más relajada que en julio, con mayor capacidad de relativizar mis problemas. No sé lo que durará, pero mientras tanto, lo aprecio. Me viene muy bien este relax para no volverme loca en el curro. Los momentos laborales chungos, si puedo, los escribo en un cuaderno que me encontré en mi cubículo al llegar. Claro que ahí también tengo dibujos chorras, y si algún día alguien lo abre, igual me cago por las patas. En precaución, el otro día arranqué un par de páginas comprometidas, y las tengo aquí, a mi lado. Una de ellas contiene una especie de caricatura que, aunque no sea muy buena, es muy peligrosa, porque al personaje lo reconocería cualquiera. La otra página contiene de forma explícita mis sentimientos de los primeros días: cansada, somnolienta, con sensación de inutilidad... Eso no ha variado mucho. Si se entera mi jefa directa, por ejemplo, no le va a gustar nada mi actitud. No sé si serviría explicarle que también estoy dispuesta a hacer un esfuerzo, aunque sea comiéndome los hígados a diario, hasta que la cosa marche medianamente bien. En fin, es posible que me tenga calada ya. También sé que sabe que hago algunas cosas bien.

El verdadero problema, aquí y en el trabajo de antes, es que tengo esa grave sensación de inutilidad. No sé si está justificada o no; soy consciente de que nadie salva a la humanidad todos los días y todo el mundo aporta lo que puede y luego se olvida, sobre todo mientras le paguen. Y yo no me puedo quejar del sueldo, por lo menos ahora. El caso es que es lo que siento. Creo que sería más feliz arreglando un peldaño de esa escalera de hormigón que está en malas condiciones. Ayer lo fui cuando me pidieron que fuera a la pastelería, a hacer un simple recado para casa.

Mi flickr, bien, gracias. Tengo todavía un montón de fotos que colgar, y las últimas han tenido buenas críticas.

También he vuelto al gimnasio. Si no me ha dado aún un paro cardiaco, debe de ser porque los milagros existen. No acabo de entender esta baja forma, después de haber hecho ejercicio durante todo agosto. Vale, lo hacía a mi ritmo, más bien como un juego y sin supervisión, pero no me he quedado quieta.

Y vuelvo a dormir como el culo...

sábado, 4 de septiembre de 2010

Argentina, qué chido...

Así que le cortaron las alas a Garzón... y ahora resulta que los jueces argentinos van a investigar el genocidio franquista.
Me parece un bonito corte de mangas a esos que decidieron unilateralmente que lo que había que hacer era olvidar. Es decir, a muchos peperos, derechones de toda la vida y demás. Me alegro por las familias de los asesinados y represaliados. Supongo que estarán pensando que les está muy bien empleado a los que trataron de echar tierra sobre el asunto.

Sólo un punto negativo: ha sido necesario llegar a la segunda instancia para que el proceso siga adelante. En la primera, según los periódicos, la juez tuvo que desestimar la demanda, porque el fiscal sólo se había basado en su discurso en opiniones sacadas de internet. Toma profesionalidad. ¿O habría algún "interés" por ahí para que el hombre no se interesara?

Sábado... ¿qué sábado?

Bien, por si hubiera sido poca la locura semanal, y después de estar deseando que llegara el fin de semana, me lo han jodido un poquito. Sólo para que no me relaje lo suficiente y llegue el lunes de empalmada: no he tenido más remedio que aceptar un trabajito extra. Sí, me lo van a pagar, pero no entraba en mis planes.
Entre el tema laboral y el sentimental, estoy agotada, pero debo seguir. Y, además, tengo que leer un montón de cosas: legislación y otras historias que no me interesan, imprescindibles para el curro de la próxima semana.
Ayer mismo ya estaba tan cansada que no le hice caso a my guy, a pesar de sentir esas oleadas de no sé qué cada vez que se acercaba. Y al final del día creí notar alguna provocación para ver si reaccionaba. Yo qué sé, lo mismo me lo imaginé por el cansancio.

Por lo demás... estaba preocupada por un tema y parece que no va a dar guerra. Suerte que los jefes no se fijan en algunas cosas. Espero que siga así el asunto. También tengo una colega nueva, me da la impresión de que andamos marcando territorio. Bueno, es más que una impresión, pero espero que no dure, que sea una chorrada consecuencia de la tensión de los primeros días, y luego cada una a lo suyo.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Exceso de análisis

Si me da un beso de saludo más brusco de lo normal, ¿significa algo? ¿Y si se pone un buen rato a mi lado, mientras trabajamos, sin que eso sea necesario, haciendo cada uno su tarea? ¿Y si me selecciona entre los demás para un ejercicio, literalmente impidiéndome que busque otra pareja de trabajo? ¿Y si dice unas cuantas veces mi nombre, aunque sea para corregirme? ¿Y qué son tantas palmaditas en la espalda? ¿Qué debo hacer?

En resumen: segunda parte del cursillo... con él.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Va la buena...

El puesto nuevo no me había planteado problemas ni quehaceres extraordinarios hasta ahora. Pero, claro, con un jefe de vacaciones primero y con mis propias vacaciones después, me estaba tocando los webs.

Hoy hemos empezado en serio, y nos hemos muerto de aburrimiento en una reunión que ha durado toda la mañana. Ha sido un rollo sobre los objetivos que tenemos... que no me van a dejar otra posibilidad que implicarme en la materia. Hasta ahora, me la sudaba la empresa: llegaba, hacía mi trabajo lo mejor posible y me marchaba. No participaba en nada, ni ganas, porque mi entorno me caía lo suficientemente mal como para prender fuego a la oficina con la mayoría dentro. Es que eso de machacar al que curra y dejar que se toque las bolas al caradura, pues como que no me gustaba mucho. La empresa me la suda todavía, pero me han cambiado el escenario.

A partir de ahora, tengo más responsabilidades. No es que sea jefa, pero... he subido, y me temo que se va a notar. Y no me apetece una mierda, pero no hay otra manera de justificar el sueldo; el tipo de trabajo es diferente y voy a tener que hacer llamadas, entrevistarme con gente, exponer cosas delante de otra gente... Una delicia para alguien que sólo haciendo un esfuerzo consigue llamar a su dentista, o al banco. No me quedan más huevos que ponerme en plan robot, o actriz, o tratar de tener la mente lo más vacía que pueda.

Lo que quiero es... navegar por internet todo el tiempo, clasificar mis fotos, llevarme la tarjeta gráfica para hacer chapuzas, leerme ese libro sobre Japón que me compré por casualidad. Lo que no quiero es tener que forzar un interés que sé muy bien que no siento en una empresa que no me importa.

Seré positiva: me he librado de los tochos, cobraré más, el lugar es mejor, mi superior parece agradable, ni siquiera voy a tener que volver a la cafetería de mierda a soportar al barman capullo... Y, además, esto es un borrón y cuenta nueva. Me siento como si me hubiera cambiado la vida y no importaran los errores, las putadas ni los sufrimientos pasados. Debería apreciarlo, porque vale mucho.