jueves, 2 de septiembre de 2010

Va la buena...

El puesto nuevo no me había planteado problemas ni quehaceres extraordinarios hasta ahora. Pero, claro, con un jefe de vacaciones primero y con mis propias vacaciones después, me estaba tocando los webs.

Hoy hemos empezado en serio, y nos hemos muerto de aburrimiento en una reunión que ha durado toda la mañana. Ha sido un rollo sobre los objetivos que tenemos... que no me van a dejar otra posibilidad que implicarme en la materia. Hasta ahora, me la sudaba la empresa: llegaba, hacía mi trabajo lo mejor posible y me marchaba. No participaba en nada, ni ganas, porque mi entorno me caía lo suficientemente mal como para prender fuego a la oficina con la mayoría dentro. Es que eso de machacar al que curra y dejar que se toque las bolas al caradura, pues como que no me gustaba mucho. La empresa me la suda todavía, pero me han cambiado el escenario.

A partir de ahora, tengo más responsabilidades. No es que sea jefa, pero... he subido, y me temo que se va a notar. Y no me apetece una mierda, pero no hay otra manera de justificar el sueldo; el tipo de trabajo es diferente y voy a tener que hacer llamadas, entrevistarme con gente, exponer cosas delante de otra gente... Una delicia para alguien que sólo haciendo un esfuerzo consigue llamar a su dentista, o al banco. No me quedan más huevos que ponerme en plan robot, o actriz, o tratar de tener la mente lo más vacía que pueda.

Lo que quiero es... navegar por internet todo el tiempo, clasificar mis fotos, llevarme la tarjeta gráfica para hacer chapuzas, leerme ese libro sobre Japón que me compré por casualidad. Lo que no quiero es tener que forzar un interés que sé muy bien que no siento en una empresa que no me importa.

Seré positiva: me he librado de los tochos, cobraré más, el lugar es mejor, mi superior parece agradable, ni siquiera voy a tener que volver a la cafetería de mierda a soportar al barman capullo... Y, además, esto es un borrón y cuenta nueva. Me siento como si me hubiera cambiado la vida y no importaran los errores, las putadas ni los sufrimientos pasados. Debería apreciarlo, porque vale mucho.

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