Seguimos con el estrés. Parece que los jefes quieren hacer cosas, pero andan tanteando, porque no saben muy bien cómo. Y yo, menos, ¿qué esperaban?
He vuelto tan agotada que me he echado a dormir. Es un decir, me he metido en la cama y me he relajado algo menos de un cuarto de hora interrumpido (me he levantado a apagar la tele). No soy capaz de dormir durante el día, a no ser que esté enferma o lleve muchas noches durmiendo muy poco. El caso es que me ha sentado bien, es un experimento que quería hacer: cuando me sienta agotada y con dolores musculares de la tensión, pasaré un ratito bajo las mantas. Recreo el ambiente relajado de la noche o de primera hora de la mañana, y mi cuerpo se traga el engaño, se relaja.
Eso sí, ¿a quién le apetece hacer deporte a continuación?
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