Estoy en el curro, y deseando salir. A lo mejor no debería haberme metido en el diario personal, pero en fin, supongo que los vigilantes están tan hartos como yo. Tampoco hay nada que hacer en este momento. Yo y mis arreones... Generalmente, sólo me sirven para que me vean ociosa y me den más trabajo, me corresponda o no.
Tengo un cansancio fuerte. La vuelta no ha sido maravillosa. Es que, cuando no es una cosa, es otra: curro, dolor de ovarios, tirón muscular. Siempre será mejor que morirse de la fiebre y el no poder tragar, y sobre todo es que lo de ahora se me pasa con ibuprofeno en un pis pas, pero preferiría no tener ningún problema. Hace mucho tiempo que encadeno unas cosas con otras, y un día me paré a pensar cuánto hacía que no estaba del todo bien, como cuando era niña. No recordaba la última vez. Ahora, tampoco. Siempre chorraditas, pero se suceden las unas a las otras o se superponen. Es como ser una vieja achacosa a menor escala. Y mira que me cuido: comida sana, deporte, poco estrés en la medida de lo posible...
Ha vuelto la sensación de estar poco aprovechada. Por cierto, ya sé la nota del examen. Me han felicitado. ¿Me servirá para hacer algo más interesante que lo que hago?
viernes, 30 de abril de 2010
jueves, 29 de abril de 2010
Día de la Madre, regalo para mí
Ayer fui a última hora a una gran superficie de esas de las que me alegro siempre de salir. Iba de asesora, con otra persona que quería comprar un poco de electrónica. El caso es que ya iba con la decisión más bien tomada, y apenas intervine. En lo que esperaba a que le empaquetaran el cacharro, me fui a curiosear, y claro, algo tenía que caer: un MP4.
Soy de las pocas frikis tecnológicas que aún no tenía uno, supongo. Tampoco tenía MP3, porque me las he estado arreglando de otra manera para escuchar música enlatada: un CD portátil primero, luego una microconsola... Otras veces he pensado en agenciarme un trasto así, pero siempre iba con prisas a esos sitios, tenía que comprar otras cosas o iba con gente que tenía sus propias necesidades y nunca me daba tiempo a mirar a mis anchas. Total, que esta vez tampoco he tenido tiempo de investigar mucho, pero como la gama era relativamente reducida y sabía más o menos cuanto quería gastarme, pues no me lo he pensado demasiado.
Ya he visto que tiene una batería guapa de unas siete horas (mi consola aguanta unas cinco). Se oye bien, sin lujos. Digamos que es suficiente si no eres un pedazo de sibarita del audio. La pantalla es pequeña, pero eso ya lo sabía cuando lo vi en la estantería: simplemente es un "por si acaso" en el que se pueden ver vídeos de baja calidad. La radio funciona, la grabadora también, y sorprende lo bien que capta la voz exterior. También puede grabar de la radio. En principio, se pueden leer txt en pantalla, pero hay que darle con el dedito todo el tiempo, claro, para que vaya avanzando un texto que apenas deja ver unas cuantas palabras. Seguramente se puede apañar mejor un txt en el PC para que no se fragmente tanto. Las fotos, visibles y nada más. Como memoria portátil, tiene un cable USB que hay que acordarse de llevar en caso necesario, pero están bien los 4 GB de capacidad.
Había otro de precio parecido, aparentemente de mayor pantalla, y no lo pillé porque seguramente era más grande, en conjunto, y yo quería una microenanez. Había también MP3, pero claro, por un par de euros más, ¿quién se resiste a tener una pantalla para ver vídeos, aunque no sea gran cosa? Apenas la utilizaré, pero quiero tener la posibilidad, porque... quién sabe.
Por algo menos de 37 pavos, y para mis necesidades, perfecto. Y me cabe en el puño.
... Ah, sí, iba a hablar del Día de la Madre. Llamadme egoísta, pasota o lo que sea, pero raramente compro nada. Prefiero darle dinero, así no meto la pata. Es que mi madre es un poco especial y detesta los detalles tontos. Es muy peligroso traerle un perfume, un adorno, etc. Peligroso, porque son cosas muy personales y es casi fijo que la cagaría, salvo opción de devolución (que de todos modos te obliga al trámite en la tienda). Y claro, dándole unos billetes tampoco tengo que pensar, rebuscar en tiendas o convencerla para que vayamos a elegir un regalo... y todos contentos.
Eso sí, suelo poner la pasta de alguna manera especial. Este año tenía un lazo de los huevos de Pascua y lo he reciclado para adornar el rollito de euros. Seguro que le encanta. Dirá lo de siempre: "¿Para qué me das tanto? Te devuelvo la mitad, esto me da hasta vergüenza", bla, bla, bla, y me costará que lo acepte, porque ella sí va en serio cuando dice eso, no es un paripé. Después haré chocolate para desayunar. Desayunaremos felices mientras me enseña su mala conciencia por aceptar semejante regalo.
Soy de las pocas frikis tecnológicas que aún no tenía uno, supongo. Tampoco tenía MP3, porque me las he estado arreglando de otra manera para escuchar música enlatada: un CD portátil primero, luego una microconsola... Otras veces he pensado en agenciarme un trasto así, pero siempre iba con prisas a esos sitios, tenía que comprar otras cosas o iba con gente que tenía sus propias necesidades y nunca me daba tiempo a mirar a mis anchas. Total, que esta vez tampoco he tenido tiempo de investigar mucho, pero como la gama era relativamente reducida y sabía más o menos cuanto quería gastarme, pues no me lo he pensado demasiado.
Ya he visto que tiene una batería guapa de unas siete horas (mi consola aguanta unas cinco). Se oye bien, sin lujos. Digamos que es suficiente si no eres un pedazo de sibarita del audio. La pantalla es pequeña, pero eso ya lo sabía cuando lo vi en la estantería: simplemente es un "por si acaso" en el que se pueden ver vídeos de baja calidad. La radio funciona, la grabadora también, y sorprende lo bien que capta la voz exterior. También puede grabar de la radio. En principio, se pueden leer txt en pantalla, pero hay que darle con el dedito todo el tiempo, claro, para que vaya avanzando un texto que apenas deja ver unas cuantas palabras. Seguramente se puede apañar mejor un txt en el PC para que no se fragmente tanto. Las fotos, visibles y nada más. Como memoria portátil, tiene un cable USB que hay que acordarse de llevar en caso necesario, pero están bien los 4 GB de capacidad.
Había otro de precio parecido, aparentemente de mayor pantalla, y no lo pillé porque seguramente era más grande, en conjunto, y yo quería una microenanez. Había también MP3, pero claro, por un par de euros más, ¿quién se resiste a tener una pantalla para ver vídeos, aunque no sea gran cosa? Apenas la utilizaré, pero quiero tener la posibilidad, porque... quién sabe.
Por algo menos de 37 pavos, y para mis necesidades, perfecto. Y me cabe en el puño.
... Ah, sí, iba a hablar del Día de la Madre. Llamadme egoísta, pasota o lo que sea, pero raramente compro nada. Prefiero darle dinero, así no meto la pata. Es que mi madre es un poco especial y detesta los detalles tontos. Es muy peligroso traerle un perfume, un adorno, etc. Peligroso, porque son cosas muy personales y es casi fijo que la cagaría, salvo opción de devolución (que de todos modos te obliga al trámite en la tienda). Y claro, dándole unos billetes tampoco tengo que pensar, rebuscar en tiendas o convencerla para que vayamos a elegir un regalo... y todos contentos.
Eso sí, suelo poner la pasta de alguna manera especial. Este año tenía un lazo de los huevos de Pascua y lo he reciclado para adornar el rollito de euros. Seguro que le encanta. Dirá lo de siempre: "¿Para qué me das tanto? Te devuelvo la mitad, esto me da hasta vergüenza", bla, bla, bla, y me costará que lo acepte, porque ella sí va en serio cuando dice eso, no es un paripé. Después haré chocolate para desayunar. Desayunaremos felices mientras me enseña su mala conciencia por aceptar semejante regalo.
miércoles, 28 de abril de 2010
P'arriba
Bueno, mañana tengo que ir al médico, y supongo que me dará el alta. Justo ahora que empezaba a cogerle el gustillo a esto de estar tirada, no me dejan tener toda la semana para mí, que era mi consuelo a tanta carraspera y tanta tos y, sobre todo, tanto dolor de garganta.
Tenía planes para entretenerme, como aprender algo de origami, o sea, a hacer pajaritas de papel a la japonesa (no creo que hubiera pasado de ese nivel). Hasta me apetecía una cosa tan tonta como un puzzle, que me parecen una pérdida de tiempo. A algunos les entretendrán, pero no son creativos, no son especialmente bonitos, normalmente necesitas una mesa enorme para ir montándolos y tampoco sabes qué hacer con ellos una vez terminados, como no sea volver a deshacerlos y, hala, de vuelta a su caja. Sí, hay gente que los enmarca y los cuelga, pero a mí no me gustan como decoración. Lo único bueno que les encuentro es que hace un tiempo leí que son buenos para entrenar el coco, y para eso ya tengo sudokus, e incluso este blog es posible que sea útil.
Bueno, ¿qué hago con el resto de este día que se me va a quedar pequeño? ¿Regodearme porque mi trabajo será redistribuido otra vez entre los demás? Bah, eso no me dura mucho, aunque al principio me hacía gracia pensar que se lo habrán dado, a lo mejor, a los más caraduras, a esos que se pillan bajas dudosas.
A ver qué me invento. Para no aburrirme hoy, quiero decir, no para pillar una baja dudosa como la gente que mencionaba. Es que, si no hago nada, corro el peligro de comerme de una sentada un paquete de galletas Príncipe con su 10% de regalo incluido (¿eso supondrá media galleta más o un descuento de medio euro en el precio?). Y luego me quejo del estómago, de que he engordado, etc. Que, por cierto, algo de peso he tenido que coger en estos días, porque, a pesar de los pesares, he seguido comiendo guarrerías, y si no podía, me daba por el Powerade, que contiene azúcar. Sabía perfectamente que era por la ansiedad que me produce el aburrimiento, pero como he estado como una niña pequeña que no sabe controlarse, pues... Y aunque el malestar que tenía es suficiente excusa, habría sido más sensato comer fruta, beber zumos naturales y apartar todo lo que me ponen cerca de la caja cuando voy al supermercado.
Argh, ¿por qué escribiré yo nada sobre comida? Voy a tratar de pensar en camaleones, por ejemplo.
Tenía planes para entretenerme, como aprender algo de origami, o sea, a hacer pajaritas de papel a la japonesa (no creo que hubiera pasado de ese nivel). Hasta me apetecía una cosa tan tonta como un puzzle, que me parecen una pérdida de tiempo. A algunos les entretendrán, pero no son creativos, no son especialmente bonitos, normalmente necesitas una mesa enorme para ir montándolos y tampoco sabes qué hacer con ellos una vez terminados, como no sea volver a deshacerlos y, hala, de vuelta a su caja. Sí, hay gente que los enmarca y los cuelga, pero a mí no me gustan como decoración. Lo único bueno que les encuentro es que hace un tiempo leí que son buenos para entrenar el coco, y para eso ya tengo sudokus, e incluso este blog es posible que sea útil.
Bueno, ¿qué hago con el resto de este día que se me va a quedar pequeño? ¿Regodearme porque mi trabajo será redistribuido otra vez entre los demás? Bah, eso no me dura mucho, aunque al principio me hacía gracia pensar que se lo habrán dado, a lo mejor, a los más caraduras, a esos que se pillan bajas dudosas.
A ver qué me invento. Para no aburrirme hoy, quiero decir, no para pillar una baja dudosa como la gente que mencionaba. Es que, si no hago nada, corro el peligro de comerme de una sentada un paquete de galletas Príncipe con su 10% de regalo incluido (¿eso supondrá media galleta más o un descuento de medio euro en el precio?). Y luego me quejo del estómago, de que he engordado, etc. Que, por cierto, algo de peso he tenido que coger en estos días, porque, a pesar de los pesares, he seguido comiendo guarrerías, y si no podía, me daba por el Powerade, que contiene azúcar. Sabía perfectamente que era por la ansiedad que me produce el aburrimiento, pero como he estado como una niña pequeña que no sabe controlarse, pues... Y aunque el malestar que tenía es suficiente excusa, habría sido más sensato comer fruta, beber zumos naturales y apartar todo lo que me ponen cerca de la caja cuando voy al supermercado.
Argh, ¿por qué escribiré yo nada sobre comida? Voy a tratar de pensar en camaleones, por ejemplo.
martes, 27 de abril de 2010
Automedicación natural
Yo soy la primera que hace caso a su médico cuando le receta algo. Me lo tomo religiosamente, sin protestar. Luego se me ocurren otras cosas, que a veces le sugiero. Esta vez he empezado a tomar Fluimucil por mi cuenta, y cuando fui a la consulta le pregunté si podía seguir con ello. Me dijo que sí, y que incluso no pasaba nada por tomar un poco más de lo indicado. De hecho, he leído por ahí que es un medicamento con el que es difícil meterse una sobredosis, lo que me hace pensar que tampoco es muy efectivo en dosis normales.
No sé si será autosugestión: otras veces sí que me ha servido para expulsar toda la mierda de la garganta, pero esta vez tengo mis dudas. Es muy raro que me funcione sólo a primera hora de la mañana, justo después de haberme bebido la propia mezcla del medicamento y un vaso de agua adicional. Es difícil que la química tenga tiempo de actuar tan rápido. Me suena más bien a que mi cuerpo tiende a expulsar moco por su cuenta cuando empiezo a moverme por la mañana, después de una noche de estar quietecita, y si el agua fluidifica, pues ya ayuda lo suficiente.
Por otra parte, he redescubierto los vahos. Primero los hacía con un preparado de eucalipto de la farmacia, y parece que me despejaban las vías, pero ahora me resecan la garganta. Por eso, ayer decidí hacerlos sólo de agua caliente, y a veces me limito a dejar la cazuela humeando en medio de la habitación. He investigado los humidificadores, vaporizadores y otros trastos que se usan sobre todo para bebés con catarro, pero me parecen caros, sabiendo que la pobre y humilde cazuela cumple bastante bien.
¿Cómo es posible que los médicos no receten hoy día una cosa tan simple como los vahos? A mí me están resultando mejores que la química, y pienso tenerlos en cuenta para el futuro.
No sé si será autosugestión: otras veces sí que me ha servido para expulsar toda la mierda de la garganta, pero esta vez tengo mis dudas. Es muy raro que me funcione sólo a primera hora de la mañana, justo después de haberme bebido la propia mezcla del medicamento y un vaso de agua adicional. Es difícil que la química tenga tiempo de actuar tan rápido. Me suena más bien a que mi cuerpo tiende a expulsar moco por su cuenta cuando empiezo a moverme por la mañana, después de una noche de estar quietecita, y si el agua fluidifica, pues ya ayuda lo suficiente.
Por otra parte, he redescubierto los vahos. Primero los hacía con un preparado de eucalipto de la farmacia, y parece que me despejaban las vías, pero ahora me resecan la garganta. Por eso, ayer decidí hacerlos sólo de agua caliente, y a veces me limito a dejar la cazuela humeando en medio de la habitación. He investigado los humidificadores, vaporizadores y otros trastos que se usan sobre todo para bebés con catarro, pero me parecen caros, sabiendo que la pobre y humilde cazuela cumple bastante bien.
¿Cómo es posible que los médicos no receten hoy día una cosa tan simple como los vahos? A mí me están resultando mejores que la química, y pienso tenerlos en cuenta para el futuro.
lunes, 26 de abril de 2010
Monday Bloody Monday
Aquí sigo con mi tratamiento de venenos, manta y sofá. No hay nada bueno en la tele y me canso si trato de ver series mucho rato en esta pantalla. Al final no he visto el episodio que me perdí de Nurse Jackie, una tipa que me encanta. Por el contrario, hay algo que no me he perdido, un programa con el que tengo un enganche tonto: el de Jamie Oliver.
Jamie me parece un cocinero chapucero, pero me divierte verle trastear con esa energía en la cocina. Me encantan esos cuadernitos que salen con las explicaciones de la receta, con dibujos, letras raras...
Lo que no haría nunca es comerme lo que perpetra este hombre. ¿Ejemplo? Ha cogido un chorizo y lo ha troceado. A continuación, ha empezado a asar los trozos a la parrilla. Nada que objetar hasta entonces, pero luego le ha echado ajo, vinagre balsámico y zumo de limón, con la idea de que sirviera de aliño de no sé qué. Y ahí se han rebelado todos mis genes cocineriles, aparte de los estomacales.
El resto del menú no era para animarse: unas verduras algo tristonas y unos calamares cubiertos, horror, de hierbas aromáticas troceadas.
No es la primera vez que le veo estropear material aparentemente bueno; es algo que hace casi siempre. Recuerdo que una vez hizo una especie de pizza múltiple, es decir, un rectángulo muy grande de masa dividido en varios cuadrados de sabores diferentes. No recuerdo muy bien los ingredientes; sólo que no tenía mala pinta al principio... y luego lo llenó todo de ajo y otras cosas de sabores invasivos que, fijo, no habrían dejado apreciar lo importante. Por supuesto, aquello tampoco era apto para estómagos delicados, como el mío.
Va a ser verdad que los ingleses no tienen ni puta idea de cocina. O sea, es un tópico que no lo es tanto, por lo que veo.
Y me pregunto cómo es que se ve su libro en tiendas que otras veces han tenido recetarios de grandes cocineros vascos como Arzak. O catalanes, como Adriá. ¿Lo comprará gente que lo encuentra divertido y desastroso a la vez, como yo?
Jamie me parece un cocinero chapucero, pero me divierte verle trastear con esa energía en la cocina. Me encantan esos cuadernitos que salen con las explicaciones de la receta, con dibujos, letras raras...
Lo que no haría nunca es comerme lo que perpetra este hombre. ¿Ejemplo? Ha cogido un chorizo y lo ha troceado. A continuación, ha empezado a asar los trozos a la parrilla. Nada que objetar hasta entonces, pero luego le ha echado ajo, vinagre balsámico y zumo de limón, con la idea de que sirviera de aliño de no sé qué. Y ahí se han rebelado todos mis genes cocineriles, aparte de los estomacales.
El resto del menú no era para animarse: unas verduras algo tristonas y unos calamares cubiertos, horror, de hierbas aromáticas troceadas.
No es la primera vez que le veo estropear material aparentemente bueno; es algo que hace casi siempre. Recuerdo que una vez hizo una especie de pizza múltiple, es decir, un rectángulo muy grande de masa dividido en varios cuadrados de sabores diferentes. No recuerdo muy bien los ingredientes; sólo que no tenía mala pinta al principio... y luego lo llenó todo de ajo y otras cosas de sabores invasivos que, fijo, no habrían dejado apreciar lo importante. Por supuesto, aquello tampoco era apto para estómagos delicados, como el mío.
Va a ser verdad que los ingleses no tienen ni puta idea de cocina. O sea, es un tópico que no lo es tanto, por lo que veo.
Y me pregunto cómo es que se ve su libro en tiendas que otras veces han tenido recetarios de grandes cocineros vascos como Arzak. O catalanes, como Adriá. ¿Lo comprará gente que lo encuentra divertido y desastroso a la vez, como yo?
domingo, 25 de abril de 2010
Sunday Bloody Sunday
Hace un día bonito, y yo aquí, recluida. Ahora no tengo fiebre, pero no me queda más remedio que portarme bien y tratar de descansar. Es curioso, no por ser adulta llevo mejor estas situaciones. Al contrario, parece que me han devuelto a los seis, siete, ocho años. Me enfado, pierdo la poca paciencia que tengo, se me ocurren ideas extrañas y creo que no todos mis comentarios son afortunados. A veces bromeo con temas fúnebres, para espanto de los que me rodean, que ya temen bastante que esto sea más que unas anginas, como aquella vez, hace años. Pero bueno, aquello fue una excepción, mi salud es buena, en general. Quizá es que yo necesito bromear, que en el fondo también estoy un poco asustada, pero no tiene mucho sentido, porque la medicación funciona bien, o si no, yo no estaría con una temperatura de 36,5º. También puede ser que la fiebre me haya tocado un poco las neuronas... o que haya despertado a la tocapelotas que llevo dentro. Ya decía yo que he vuelto atrás en el tiempo.
sábado, 24 de abril de 2010
Tengo de tó
Acetilcisteína, paracetamol, ibuprofeno y un antibiótico fuerte. Caramelos de los que me gustan y de los que no, pero que a veces me ayudan bastante con la garganta. Agua en mi taza favorita, pañuelos, termómetro...
Lo que no tengo son pastillas de paciencia. Decía la farmacéutica que esas ya las consume ella apenas le llegan.
Lo que no tengo son pastillas de paciencia. Decía la farmacéutica que esas ya las consume ella apenas le llegan.
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