A favor:
Edad parecida.
Infancia y adolescencia en los mismos entornos.
Buena gente, aparentemente.
Extraña conexión entre los dos, desde el principio.
Respetuoso en cierto sentido.
Tenemos cierta línea de pensamiento en común.
Vivo y muy activo.
Sensible, creo.
En contra:
Feíllo, pero eso sólo le importa a quien no le conoce.
Fanático del deporte.
Fanático de más cosas que se toma excesivamente a pecho.
Joder... tiene novia.
lunes, 31 de enero de 2011
domingo, 30 de enero de 2011
Domingo en el fin del mundo
Se ha nublado tanto, pero tanto, que han tenido que encender las luces de la calle a las 5 y pico de la tarde. Nadie diría que han alargado los días.
Es la antesala de otra semana insulsa, supongo. A no ser que desde jefatura vengan pidiendo algo raro, creo que voy a tener tranquilidad, así que podré seguir con esos tests. Que, aunque la convocatoria de la opo vaya a demorarse, yo no voy a hacer lo mismo. Ya me he puesto las pilas, así que aprovecharé el tirón mientras dure.
No sé qué tal irá el gimnasio, que es mi fuente de alegrías en estos últimos tiempos. Definitivamente, ahora hago más ruido al cortar el aire. Parece que tengo más fuerza. Voy a seguir haciendo mis deberes en los ratos libres, y tanto peor si me cazan en pleno kiba dachi en medio del pasillo.
Me estoy poniendo triste como el día, así, solamente por haber mirado por la ventana.
Es la antesala de otra semana insulsa, supongo. A no ser que desde jefatura vengan pidiendo algo raro, creo que voy a tener tranquilidad, así que podré seguir con esos tests. Que, aunque la convocatoria de la opo vaya a demorarse, yo no voy a hacer lo mismo. Ya me he puesto las pilas, así que aprovecharé el tirón mientras dure.
No sé qué tal irá el gimnasio, que es mi fuente de alegrías en estos últimos tiempos. Definitivamente, ahora hago más ruido al cortar el aire. Parece que tengo más fuerza. Voy a seguir haciendo mis deberes en los ratos libres, y tanto peor si me cazan en pleno kiba dachi en medio del pasillo.
Me estoy poniendo triste como el día, así, solamente por haber mirado por la ventana.
sábado, 29 de enero de 2011
Mareo
Restablecemos la comunicación por motivos de necesidad. Y le da el punto y me dice lo bien que me queda la chaqueta. Palmadita en el hombro, caricia en la nuca, tierna y amistosa. Demasiado tierna como para ser solamente amistosa. Suave como si acariciara el aire. Me gustaría corresponder. No es el momento ni el lugar. Pero tampoco hay otros momentos ni lugares. Le pongo a prueba: me cambio de sitio. Se cambia también y se me pone casi al lado. Siempre tiende a andar por mi zona.
... y nada de nada. No progresa. No le veo futuro, pero no se sabe. Esta movida me gusta y no me gusta. Estrés a lo tonto, eso es lo que es. Me divierte y me halaga, pero me hace pensar demasiado.
Psché, lo que sea, sonará. Sólo espero que no se esté riendo. Creo que no lo hace.
... y nada de nada. No progresa. No le veo futuro, pero no se sabe. Esta movida me gusta y no me gusta. Estrés a lo tonto, eso es lo que es. Me divierte y me halaga, pero me hace pensar demasiado.
Psché, lo que sea, sonará. Sólo espero que no se esté riendo. Creo que no lo hace.
lunes, 24 de enero de 2011
Mi bolsa
Suelo ir a trabajar con una bolsa colgada en bandolera. Está dividida en compartimentos, pero hay más de un descosido, así que si meto cosas pequeñas por un lado, pueden acabar fácilmente en otro. Hace algún tiempo que tenía todo el contenido revuelto, y necesitaba un lavado urgente, también. Acabo de recogerla del tendedero y, antes de volver a llenarla, me he dedicado a quitar lo que no me hace ninguna falta, como un cuaderno terminado, recibos viejos, bolsitas de kleenex vacías, etc. Ahora me sobra espacio, mucho, y tengo la sensación de que se me olvida meter alguna cosa. Pero no, no creo que me esté olvidando de nada.
No importa que tenga ese vacío por llenar; es cuestión de días que acabe con él, porque soy experta en acumular porquerías en las bolsas, como si tuviera un síndrome de Diógenes en versión ambulante.
A veces me gustaría tener la misma habilidad para llenar mi cursi corazón.
No importa que tenga ese vacío por llenar; es cuestión de días que acabe con él, porque soy experta en acumular porquerías en las bolsas, como si tuviera un síndrome de Diógenes en versión ambulante.
A veces me gustaría tener la misma habilidad para llenar mi cursi corazón.
sábado, 22 de enero de 2011
Cosas que sí entiendo
Escucho a dos hombres hablando en la calle: "¡Esa es la mierda que nos ha traído Zapatero!". Miro hacia donde ellos miran, y hay un individuo de aspecto extranjero con un carrito al otro lado de la calle. Lo entiendo: cuando hay una pésima gestión de la inmigración y un dinero público escaso, no hace demasiada gracia que se destinen fondos a estas cuestiones. Y menos gracia hacen las cifras de delincuencia que tenemos últimamente, siendo la mayoría de los detenidos de nacionalidades ajenas. Aún gusta menos ver qué tipo de delitos son: muchos, graves, y en cuanto a los menos graves, hoy día nadie necesita robar para comer, así que eso tampoco es excusa. ¿Hay racismo, hay xenofobia? Lo fomentan las administraciones, que ni siquiera cumplen sus propias leyes de expulsión.
Si empiezan a gritar cosas como eso que he oído abiertamente en la calle, ojo. La gente está dejando de disimular, no nos preocupa que nos tachen de racistas, y también yo pienso que hay que cerrar las fronteras y empezar a echar a todo aquel que no cumpla las leyes de extranjería, visto lo visto (ya he visto demasiado por la calle).
Estos giros en la opinión pública son peligrosos. Ya han empezado. Y es el Gobierno el que no lo entiende.
Si empiezan a gritar cosas como eso que he oído abiertamente en la calle, ojo. La gente está dejando de disimular, no nos preocupa que nos tachen de racistas, y también yo pienso que hay que cerrar las fronteras y empezar a echar a todo aquel que no cumpla las leyes de extranjería, visto lo visto (ya he visto demasiado por la calle).
Estos giros en la opinión pública son peligrosos. Ya han empezado. Y es el Gobierno el que no lo entiende.
Cosas que no entiendo
Mirando un listado de titulaciones, con notas de corte, me doy cuenta de que no entraría en muchos grados. Uno en concreto está íntimamente relacionado con mi trabajo. Llegué a esta rama un poco de rebote, pero me dieron una beca porque les interesaba formarme, y llevo años demostrando que sirvo para este trabajo mejor que ciertas personas que sí han cursado esos estudios... ¡y resulta que no me admitirían en la facultad por no llegar a la nota de corte! Exagerando mucho, diría que es como si no admitieran a Picasso en Bellas Artes (de hecho, también se quedaría fuera, porque no hizo el acceso a la uni).
Vuelvo a encontrarme moneditas por ahí. Nadie las ve, excepto yo; ni que fuera mirando al suelo todo el puto día...
Para colmo de cosas incomprensibles, el otro día iba al curro con la radio puesta. Estaba pensando en cómo resolver un asunto, sin prestar atención al programa, y de repente cruza por mi mente la palabra "ojos", sin venir a cuento. En el segundo siguiente, oigo que el locutor dice que no sé qué deportista tiene una lesión en el ojo. Es preocupante, ya me va pasando un montón de veces, y no soy la única de la familia que adivina palabras un segundo antes de que se pronuncien, sin intuirlas ni deducirlas. Parece que alguien nos las "sopla" al oído. No soy supersticiosa, pero... ¿cuál es la explicación racional?
Vuelvo a encontrarme moneditas por ahí. Nadie las ve, excepto yo; ni que fuera mirando al suelo todo el puto día...
Para colmo de cosas incomprensibles, el otro día iba al curro con la radio puesta. Estaba pensando en cómo resolver un asunto, sin prestar atención al programa, y de repente cruza por mi mente la palabra "ojos", sin venir a cuento. En el segundo siguiente, oigo que el locutor dice que no sé qué deportista tiene una lesión en el ojo. Es preocupante, ya me va pasando un montón de veces, y no soy la única de la familia que adivina palabras un segundo antes de que se pronuncien, sin intuirlas ni deducirlas. Parece que alguien nos las "sopla" al oído. No soy supersticiosa, pero... ¿cuál es la explicación racional?
jueves, 20 de enero de 2011
Atrás en el tiempo
Ordenando mis libros viejos, topé con uno de relatos del siglo XIX. Me hizo volver a los 18 años, y es curioso, no sé por qué precisamente a esa edad, ya que, si no recuerdo mal, ese libro lo había leído años antes. Por unos días me he sentido como entonces y he comparado aquella vida con la de ahora.
Resulta que el tiempo pasa, nos hacemos vejetes... pero creo que hay mucho tópico al respecto.
A los dieciocho, yo estaba hecha un desastre. No había podido entrar en la facultad que realmente quería, arrastraba una actividad extraescolar de la que no sabía cómo librarme, y sólo la academia de idiomas a la que asistía me ofrecía algo agradable en el día a día. En cuanto a mi vida social, mis pocos amigos del instituto habían elegido carreras diferentes y nos estábamos perdiendo de vista. Mi autoestima estaba por los suelos. Ni siquiera mi ropa parecía pertenecerme, trataba de dar una imagen que no tenía nada que ver conmigo. Y no creo que mi familia me entendiera. Tampoco les dije en aquel momento lo mucho que me horrorizaban mis estudios, en parte por orgullo y en parte porque sabía que de todos modos no permitirían que los abandonase. En general, me sentía bastante desgraciada.
Sin embargo, era joven, estaba sana, tenía la oportunidad de estudiar y me quedaban muchas cosas que vivir, ¿me quejaba de vicio? No, no lo creo. Sólo tener que estudiar algo que no te gusta ya es un factor de frustración muy grande. Eso que he sentido estos días ha sido como volver a tener esa edad, y era un sentimiento auténtico de desazón, tal y como lo recuerdo, así que no creo que me quejara sin motivo.
Entonces, ¿seguro que es buena la época de la juventud? La verdad, me parece que está un poco mitificada. Yo echo un poco de menos esa energía, esa mala leche por seguir adelante, pero muchas veces se encauza mal o produce mucho estrés. Desde luego, cuando pienso en lo que sentía, no volvería jamás a vivir esos años.
Poco a poco, esforzándome, conseguí que las cosas mejoraran. Entré en la facultad que prefería y mandé a freír espárragos a la otra, aunque no fue nada fácil, tuve que dar muchas vueltas, más que nada para que mi familia no se opusiera. Terminé con unas notas bastante aceptables y con un título. Luego conseguí algunos malos trabajos, y después otros no tan malos. Sigo buscando, pero es por ser culo de mal asiento, y la tendencia es a mejorar. Además, empecé a hacer deporte y sigo practicándolo, con todos los beneficios que me supone. He aprendido a estar sola sin que me afecte demasiado. Cada vez doy menos importancia a las cosas que en el fondo no la tienen. La opinión ajena, poco a poco me la voy pasando por el arco de triunfo. Me estoy volviendo algo cínica, y eso es bueno para sobrevivir sin hundirse.
Lo único malo de volverme viejuna es que nunca seré campeona olímpica de nada, pero casi mejor así, con todo el sobreesfuerzo y el dopaje que eso implica muchas veces.
Mm, dejemos las filosofadas, tengo una recomendación: si os gusta la música de influencia celta, escuchad Celtic Fire, de Medwyn Goodall. Lo he descubierto hace un par de días.
Resulta que el tiempo pasa, nos hacemos vejetes... pero creo que hay mucho tópico al respecto.
A los dieciocho, yo estaba hecha un desastre. No había podido entrar en la facultad que realmente quería, arrastraba una actividad extraescolar de la que no sabía cómo librarme, y sólo la academia de idiomas a la que asistía me ofrecía algo agradable en el día a día. En cuanto a mi vida social, mis pocos amigos del instituto habían elegido carreras diferentes y nos estábamos perdiendo de vista. Mi autoestima estaba por los suelos. Ni siquiera mi ropa parecía pertenecerme, trataba de dar una imagen que no tenía nada que ver conmigo. Y no creo que mi familia me entendiera. Tampoco les dije en aquel momento lo mucho que me horrorizaban mis estudios, en parte por orgullo y en parte porque sabía que de todos modos no permitirían que los abandonase. En general, me sentía bastante desgraciada.
Sin embargo, era joven, estaba sana, tenía la oportunidad de estudiar y me quedaban muchas cosas que vivir, ¿me quejaba de vicio? No, no lo creo. Sólo tener que estudiar algo que no te gusta ya es un factor de frustración muy grande. Eso que he sentido estos días ha sido como volver a tener esa edad, y era un sentimiento auténtico de desazón, tal y como lo recuerdo, así que no creo que me quejara sin motivo.
Entonces, ¿seguro que es buena la época de la juventud? La verdad, me parece que está un poco mitificada. Yo echo un poco de menos esa energía, esa mala leche por seguir adelante, pero muchas veces se encauza mal o produce mucho estrés. Desde luego, cuando pienso en lo que sentía, no volvería jamás a vivir esos años.
Poco a poco, esforzándome, conseguí que las cosas mejoraran. Entré en la facultad que prefería y mandé a freír espárragos a la otra, aunque no fue nada fácil, tuve que dar muchas vueltas, más que nada para que mi familia no se opusiera. Terminé con unas notas bastante aceptables y con un título. Luego conseguí algunos malos trabajos, y después otros no tan malos. Sigo buscando, pero es por ser culo de mal asiento, y la tendencia es a mejorar. Además, empecé a hacer deporte y sigo practicándolo, con todos los beneficios que me supone. He aprendido a estar sola sin que me afecte demasiado. Cada vez doy menos importancia a las cosas que en el fondo no la tienen. La opinión ajena, poco a poco me la voy pasando por el arco de triunfo. Me estoy volviendo algo cínica, y eso es bueno para sobrevivir sin hundirse.
Lo único malo de volverme viejuna es que nunca seré campeona olímpica de nada, pero casi mejor así, con todo el sobreesfuerzo y el dopaje que eso implica muchas veces.
Mm, dejemos las filosofadas, tengo una recomendación: si os gusta la música de influencia celta, escuchad Celtic Fire, de Medwyn Goodall. Lo he descubierto hace un par de días.
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